Tunki: café por todo lo alto

La de Wilson Sucaticona podría ser una historia común. Pero sucede que la vida de este agricultor cambió cuando sus granos de café conquistaron los paladares más exquisitos. Esto es Tunki Coffee.

Tunki Cafe
Y pensar que Wilson Sucaticona, un modesto cafetalero de 35 años, cuenta apenas con tres hectáreas de cultivo en el valle de Sandia, en la región de Puno, al sudeste de Perú. Desde esa alejada zona, el premiado grano tuvo que recorrer un largo camino para llegar a alcanzar la fama y el reconocimiento. Fue cargado en hombros desde la chacra hasta la carretera, luego hizo un largo recorrido en camión por las intrincadas pistas del altiplano andino para llegar a Juliaca, la ciudad más cercana. Desde ahí fue enviado a Lima por avión; finalmente, volvió a elevarse por los aires, cruzó las fronteras y llegó a California, Estados Unidos, donde en mayo pasado se realizó la XXI Feria Internacional de Cafés Especiales SCAA, uno de los certámenes más importantes de su área. Ahí, el café de Wilson se impuso sobre 139 muestras de 25 países y consiguió el título de Mejor Café Especial del Mundo por su buena acidez, mejor cuerpo y aroma floral.

Esa alquimia secreta para producir el mejor café del mundo no se la enseñaron a Wilson en ninguna escuela (es más, ni siquiera acabó el colegio), es un legado familiar adquirido de generación en generación. “Todo lo que sé, lo aprendí viendo trabajar a mi papá desde chiquito en la chacra, y él, de mi abuelo. Tengo cinco hermanas y todos nos dedicamos al café”, comenta. »
Nada fue producto de la improvisación. La producción de Wilson ya había ganado el Concurso Nacional de Café Peruano en 2007 y 2009 y, tras el reciente mérito internacional, el precio de su quintal (aproximadamente 46 kilos), ha pasado de unos 350 dólares a mil dólares.

El cafetalero explica que su éxito se basa en el manejo selectivo del grano: “el café no se hace al momento, el proceso puede tardar hasta cinco años. Iniciamos haciendo viveros para los almácigos, luego de unos tres meses los plantamos en el bosque. Ahí debemos tener un buen abono y preocuparnos por el deshierbo, el crecimiento tarda hasta cuatro años. En la cosecha, seleccionamos solamente los maduros. Después lo despulpamos, hacemos el fermento, lavamos bien y volvemos a escoger antes de pasar al secado en tarimas. Finalmente, lo almacenamos en carpas y lo guardamos en yute para que se mantenga”.

Wilson Sucaticona es socio de la Cooperativa San Jorge, base de la Central de Cooperativas de los Valles de Sandia (CECOVASA), entidad que tiene por objetivo defender los intereses económicos de los pequeños productores de café. Cuenta con certificación orgánica, de la Rainforest Allaince y sigue las reglas del sistema internacional de Comercio Justo. Solo así su café puede participar en concursos y exportarse, principalmente, a Reino Unido y Estados Unidos. Por eso, asegura, se trata de un logro compartido.

Actualmente, Wilson es considerado un héroe en su pueblo y las autoridades locales han decidido levantar una estatua en su honor, que representará a todos los cafeteros de la zona. Con todas sus credenciales, este café gourmet se puede disfrutar en Arábica Espresso Bar, una cafetería en el distrito limeño de Miraflores. Los conocedores recomiendan saborear estos granos en un expreso.

¿Quién es su mentor?

Mi abuelo empezó trabajando en el valle como agricultor cafetalero. Luego mi papá trabajó con él y después, lo seguí yo también. De pequeño trabajábamos juntos pero, a los 17 años, comencé a trabajar en mi propia producción.

¿Hay algo que le habría gustado saber antes de empezar con su negocio?

Comencé con la producción del café de manera artesanal. Pero fue recién cuando me sumé a los programas de capacitación organizados por el gobierno y la central de café CECOVASA que obtuve mi certificación y pude salir adelante.

¿Qué le sugeriría a los nuevos emprendedores?

Que siempre busquen seguir mejorando y se animen a participar en concursos internacionales

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