Gorilas en la niebla

En la frontera de Ruanda, Uganda y la República Democrática del Congo está el hábitat natural de los últimos 720 gorilas de montaña. El Gorilla Trek es un encuentro cara a cara con estos enormes primates del África negra; para muchos una experiencia casi mística y difícil de igualar.

Gorilas
Da lo mismo cuántas veces se haya visitado el zoológico, cuántos reportajes de aventura salvaje se hayan visto por la televisión, si se ha participado en un safari o si se tiene afinidad con los animales. Nada prepara para enfrentarse cara a cara con los gorilas, quienes estoicos en medio de la jungla clavan la mirada en un encuentro casi místico, ausente de rejas, folletos y audio-guías.

La travesía comienza en Kigali, capital de Ruanda, otrora epicentro de un brutal genocidio. Pero eso ya es pasado. Hoy, gracias a la ayuda internacional, Ruanda –y su vecina Uganda– son países pacíficos, estables y en democracia, que gracias al turismo, y principalmente a la observación de gorilas de montaña, se han convertido en el destino africano hot del momento.

Lo primero para iniciar el viaje es conseguir uno de los escasos 56 permisos diarios que el gobierno de Ruanda otorga para ir a “trackear” o seguir a los gorilas (el Gorilla Permit). Al no quedar más de 720 primates de esta especie –según el último censo de la WWF–, es obligación de la autoridad resguardar su activo más preciado. El tráfico de animales y los cazadores ilegales han reducido su población hasta casi la extinción, de ahí el control férreo.
Tour Gides
El permiso tiene un costo de 500 dólares cada uno y la mayoría de los turistas compra dos, para optimizar la aventura. Como comentó sabiamente un español durante su estadía: “la primera vez vas con el corazón y la segunda, con la razón… así evitas que la ansiedad del encuentro te nuble”. Si va dos veces, se sugiere que el primer día lo dedique a las fotos y el segundo, a disfrutar la experiencia frente a un animal que comparte un 98 por ciento del ADN humano.

En busca de los gorilas

A las 6 am suenan los despertadores del Lodge Virunga en donde alojamos y comienza la aventura. Los turistas deben presentarse en la entrada del parque a las 8 am en punto. Un gentil guardaparque los recibe, verifica los nombres dentro de la nómina de permisos diarios, y asigna un guía jefe. Son sólo siete las familias de gorilas dispuestas para el turismo (las restantes están bajo vigilancia y sólo autorizadas para fines científicos).

Una vez registrados en guardería, un tipo alto y sonriente se acerca saludando: “Welcome to Ruanda, I’m Hanu, your gorilla guide”. Hanu tuvo la suerte de trabajar con Dian Fossey (ver página 118) como asistente, sabroso ingrediente para un grupo donde el 100 por ciento ha visto el filme basado en la historia de ella. La batería de preguntas se hace infinita. Hanu accede a todas. Luego se pone serio, pidiendo silencio. Explica con claridad las reglas del track, una por una, inviolables. Las resume así: no acercarse a más de siete metros de un gorila; si el gorila se acerca, ignorarlo; jamás tocarlo; jamás tomar fotografías con flash; mantener el silencio durante el encuentro; no estornudar; moverse lento y, lo más importante, jamás arrancar ni gritar. Los gorilas son pacíficos, amistosos y vegetarianos (¡menos mal!), pero al fin y al cabo son animales salvajes (no obstante, no se registran casos de ataques de gorilas a seres humanos).
Rwanda
Con el zoom de la cámara listo, guantes puestos (para despejar las ramas) y ropa adecuada para la selva, el grupo de ocho turistas empieza la caminata hacia la jungla. También los acompaña otro guía y un equipo de porteadores, además de dos guardaparques armados y con radio en caso de emergencia. En el intertanto se cruzan plantaciones de té y cafetales, además de pequeñas aldeas rurales donde los niños salen a cantar sus bailes típicos y practicar su inglés. Para estos simpáticos chicos ver extranjeros de todos los tipos y colores es el ritual de cada mañana.

Pasada media hora se dejan las chacras, cultivos y aldeanos para entrar de lleno a la jungla y el bosque húmedo. Cuelgan lianas desde altos árboles, se hace tupido el follaje de bambú; en medio de una leve neblina se ven diversas aves; la ranas croan fuertemente, se escucha el pisar de cada bototo; es una recreación perfecta de Tarzán. La meta es dar con los gorilas, los cuales, según el olfato de los guías, deberían aparecer durante la próxima hora. No hay apuro; es la previa perfecta del Gorilla Trek.

El encuentro

“Stop, Stop, shht…”, murmura Hanu, con su brazo en alto. En cosa de segundos, él escala un árbol y lanza sonidos guturales imitando un perfecto mandril. Silencio absoluto. Vocifera de nuevo. A lo lejos se escucha la réplica, con sonajera de árboles y aullidos de monos varios. En idioma nativo, Hanu ordena a uno de los porteadores verificar qué pasa y en cinco minutos vuelve con la buena nueva: los gorilas están ahí.

Hanu repite las reglas nuevamente. Pide calma y recalca que esta vez se está de visita en hábitat ajeno, hay que comportarse. El grupo continúa caminando unos 50 metros hasta que aparece un lote de gorilas juveniles saltando de rama en liana cual adolescentes traviesos. Luego, un par de metros más allá, se yergue el enorme macho alfa, el Silver Back, de lomo platinado, masticando ramas, mostrando su blanca y extensa dentadura en señal de alerta. “Relax, relax”, les dice Hanu a unos americanos, tratando de apaciguar el susto. La familia gorila está dispersa, pero pasado un rato se juntan todos en torno al macho; observan curiosos. Un cachorro brinca a colgarse de su madre, dando a entender su inquietud. La adrenalina es total.
africa
Cada turista se lo toma a su modo. El tiempo pasa volando. Yo cuelgo mi cámara, bajo la guardia y los observo en silencio. Repentinamente, un primate se me acerca. Está a pocos metros y en terreno propio. El gorila me fija la mirada detenidamente, sin despegarla. Y sucede el click: una especie de encuentro sensorial único. El gorila sigue ahí, totalmente libre y salvaje. Como que algo me quiere decir. Yo intento nuevamente leer en sus pupilas, tratando de descifrar. Nada. Es la ley de la selva. Por atrás me soplan al oído: “let’s go, let’s go… it’s their time”. Es Hanu quien sonríe invitándome a un último adiós. Ha pasado una hora y los gorilas quieren nuevamente su espacio. In

VUELOS LAN

a Buenos Aires todos los días desde Lima, Miami, Santiago y São Paulo y un día a la semana desde Punta Cana. A São Paulo todos los días desde Buenos Aires, Río de Janeiro y Santiago y 4 días a la semana desde Lima. De ahí, conexión con oneworld a Sudáfrica y luego Ruanda.

Gorilas de montaña

La especie fue descubierta –para el mundo Occidental– por Oscar Von Beringei en 1902. La primera investigación seria sobre estos simios de montaña la realizó el científico George Schaller en los ‘60. Pero fue su discípula, Dian Fossey, la que se hizo famosa con su estudio y dedicación, hasta su confusa muerte en 1985 (se dice que fue asesinada por comerciantes de gorilas ante su tenaz defensa de ellos). Su trabajo quedó plasmado en su libro Gorilas en la Niebla, historia llevada posteriormente al cine.

Datos simiescos

  • Un clan de gorilas está formado por entre 15 y 20 miembros.
  • Silver Back es como se le llama al macho alfa, el jefe familiar.
  • El macho alfa destaca por el plateado pelaje en su espalda y el enorme parecido de sus extremidades a las humanas. De pie mide unos dos metros de altura y pesa 200 kilos.
  • Él cuida de dos o tres hembras y sus cachorros.

Más información


¿Cuándo ir?

Todo el año es buena temporada. Se sugiere comprar el Gorilla Permit con cinco meses de anticipación.

¿Con quién?

Se recomiendan las siguientes agencias

Volcanoes Safaris

volcanoessafaris.com

And Beyond

andbeyond.com

Mandala Viajes

www.mandalaviajes.cl

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2 Responses

  1. Angella Trek says:

    Trekking the gorillas is such a thrilling encounter,you a get achance to see how a gorillas resemble human beings.Please let me know how much it costs so that i can plan on how i will travel to Uganda or Rwanda.

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