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Viajar a la Región de la Chiquitanía es adentrarse en una Bolivia con grandes planicies, calor, paisajes tropicales, animales exóticos y la acogida cálida de su gente. Esta tierra guarda uno de los grandes patrimonios de la humanidad: las Misiones Jesuitas de Chiquitos.
En el oriente boliviano, las postales de La Paz o del lago Titicaca parecen venir de un lugar muy lejano. Esto es tierra “camba”, como se le llama al resultado cultural del mestizaje entre indígenas guaraníes y la población negra. El calor y la humedad sofocan, la ación es exuberante. En esta zona todo es verde. Los ríos fluyen por las llanuras. Es tierra de vaqueros, serpientes y orquídeas.
Desde Santa Cruz de la Sierra, centro cultural y económico de este sector del país, se accede a la magia de la zona conocida como la Chiquitanía y sus Misiones Jesuitas, que se mantienen plenamente activas. Son los templos de San Javier, Concepción, San José, San Miguel, San Rafael y Santa Ana, construidos por la orden jesuita entre 1691 y 1767, y declarados por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad en diciembre de 1990.
La carretera serpentea por los lomajes verdes, que se oscurecen bajo las nubes que anuncian una feroz tormenta. Son 218 kilómetros los que separan a Santa Cruz de la Sierra de la misión de San Javier y otros 59 los que hay que recorrer para llegar a Concepción, la segunda misión del recorrido.
Los ojos deben estar bien abiertos. Porque lo que se verá es mucho más que un conjunto de iglesias antiguas. Es la tierra de la yuca y de los ríos por donde nada el surubí, un pez típico. Acá se bebe chicha de maíz sin alcohol o se toma un durazno deshidratado que se hierve con canela, clavo de olor y azúcar. Son algunos de los símbolos de la cultura camba, anclada en este territorio donde habitan más de dos millones de personas.
La ación chiquitana aparece en todo su esplendor. Se ve el ambaibo, un árbol que previo a cada tormenta da vuelta sus hojas verdes para mostrar su lado plateado. O las palmeras, que con 15 variedades sirven a la población local con los más diversos usos: la motacú, para techar casas y elaborar el palmito criollo; la cusi, para hacer aceites y pinturas; la chonta, para confeccionar puntas de flecha, collares y pulseras; la asaí, con la cual se extrae otro tipo de palmito. Entre ellas vuelan tucanes, transitan correcaminos, se arrastran serpientes y pastan calmadamente búfalos de agua o unas vacas blancas más conocidas como nelore.
En esta tierra es donde los jesuitas, hace más de 350 años, se adentraron para evitar la arremetida de los bandeirantes y mamelucos portugueses. Hoy San Javier es un pueblo con remembranzas coloniales que parece funcionar en cámara lenta. Acá fue donde el padre José de Arce y el hermano Antonio Rivas fundaron la primera misión un 31 de diciembre de 1691. El templo definitivo, en tanto, se construyó recién entre 1749 y 1752, con la llegada del padre Martín Schmid (1694-1772). Como complejo arquitectónico, la misión de San Javier es una de las más completas del circuito, ya que permite recorrer la iglesia y el convento con toda tranquilidad, observando los detalles y palpando cada rincón.
El padre Schmid –sacerdote, arquitecto y músico– fue además el artífice de las iglesias de San Rafael (1740-49) y Concepción (1753-1756).
Los sacerdotes estructuraron en las misiones un sistema de vida comunitario, que respetaba a los caciques indígenas y unía las costumbres locales con las creencias religiosas europeas. En general, los templos son similares unos con otros: están hechos de tabique y madera (excepto el de San José, en piedra), en estilo barroco mestizo. Tienen altares laterales y columnas talladas en estilo salomónico de un solo árbol (cuchi o soto), que pesan desde 6 a 8 toneladas cada una. Originalmente no disponían de asientos, pues los indígenas escuchaban de pie o sentados en el suelo.
Fue en este contexto que Schmid construyó una escuela de música en San Javier, donde se elaboraban instrumentos como flautas y violonchelos con materiales de la zona. Ésta no sólo se convertiría en su sello, sino en el de toda la región.
Sin embargo, el rey Carlos III de España ordenó la expulsión de los jesuitas en 1767 y las misiones, en manos de otras órdenes religiosas, cayeron en el olvido. Fue recién en 1971 que la iglesia boliviana inició un proceso para restaurarlas, bajo la iniciativa del obispo Antonio Eduardo Bösl, y del arquitecto suizo Hans Roth. Roth encontró en Santa Ana y San Rafael cajas con unas cinco mil partituras con obras escritas por los sacerdotes y los chiquitanos, que hoy descansan en el Archivo Misional de Concepción. Su descubrimiento derivó en la realización, en 1996, del primer Festival de Música Renacentista y Barroca Americana “Misiones de Chiquitos” y del Festival Internacional de Teatro “Santa Cruz de la Sierra”, hoy eventos prestigiosos y consolidados.
En la actualidad, los templos se ubican en pastizales, caseríos o, en el mejor de los casos, en poblados rurales donde se levanta el polvo rojo de sus calles. En Concepción, sus casas de tipo colonial son rústicas, pero muy bonitas, y las principales veredas están techadas para evitar el sol inclemente. La plaza principal es el núcleo de esta pequeña ciudad. Desde aquí se pueden ver el Club Social, algunos talleres de artesanía y el museo misional, ubicado en la acera sur. La gran joya del poblado son el templo y el convento adjunto, donde se destacan el altar dedicado a la Inmaculada Concepción, los retablos laterales y la utilización del pan de oro en las terminaciones.
El camino continúa a San Ignacio (468 kilómetros de Santa Cruz) que, a falta de un templo original, es una ciudad consolidada que funciona como centro neurálgico para visitar el Parque Nacional Noel Kempff Mercado y las misiones de San Rafael, San Miguel y Santa Ana.
Lo mejor es hacer el circuito de un día por San Miguel-San Rafael-Santa Ana. En San Miguel, un pueblo con calles terrosas y pequeñas casas coloniales, el mayor atractivo es el templo donde destacan la torre de adobe, una figura tallada del arcángel San Miguel y el dorado de los altares. A 35 kilómetros de ahí están San Rafael y su atractiva iglesia.
Finalmente, se llega a Santa Ana, un lugar sobrecogedor y con una historia diferente al resto. Hoy no es más que un pequeño pueblo de 300 habitantes y se cree que su templo, el más modesto de todos, fue construido por los indígenas tras la expulsión de los jesuitas. La austeridad, la falta de arreglos más complejos propios de las otras iglesias y su ubicación en un ambiente campestre, hacen de la iglesia de Santa Ana un lugar más íntimo y, de alguna forma, más espiritual. Es el final de un camino, pero sólo el inicio de la aventura por el oriente boliviano.
San José de Chiquitos, fundado en 1698, es un pueblo comercial ubicado sobre la línea férrea que une Santa Cruz con Brasil. Está ubicado a 129 kilómetros al sur de San Rafael, justo al llegar a la zona árida del Chaco. Su gran atractivo es la iglesia, con una impresionante fachada. Construida en piedra, fue levantada por más de cinco mil indígenas. Como queda a más trasmano del resto del circuito misional, muchas veces se llega a esta misión en un viaje aparte.
Entrada: US$5VUELOS LAN
Tres vuelos semanales a Santa Cruz, Bolivia, desde Santiago. Cuatro salidas a la semana desde Lima. Para más información revise lan.com
Santa Cruz de la Sierra
$$$ Hotel Los Tajibos: tradicional hotel ubicado a sólo diez minutos del centro.
$$$ Hotel Las Palmas: tiene 38 habitaciones (dobles, simples y suites), sencillas y cómodas, además de piscina.
Av. El Trompillo 604Concepción
$$$ Gran Hotel Concepción: ambientado con arquitectura chiquitana.
San Ignacio
$$$ La Misión: 32 habitaciones con baño privado, frigobar y televisión por cable.
Santa Cruz de la Sierra
La Casa Camba: ofrece la mejor comida típica del oriente boliviano, con un escenario donde se toca música de la zona, mozos vestidos a la usanza camba y un contundente menú: carnes a la parrilla, surubí asado, queperí, y pacumuto de gallina o codorniz, entre otros.
Concepción
El Buen Gusto: ambientado con artesanía y música camba. Excelente surubí a la parrilla. Probar la ensalada de palmitos de motacú.
San Ignacio
La Misión: el restaurante del Hotel La Misión ofrece pescados de la zona, lomito a la pimienta, pastas, carnes y hasta rollitos de verdura.
Festivales de Música: la Asociación Pro Arte y Cultura de Bolivia (APAC) efectúa mini festivales de temporada de música chiquitana. El próximo se realizará del 26 al 29 de agosto en Santa Cruz y otras diez localidades de la Chiquitanía.
Museo San Javier: Muestra de instrumentos fabricados por los indígenas, antiguas campanas, santos y otros objetos litúrgicos en el poblado de San Javier.
Entrada: US$ 3.50Museo Antropológico Casa España en Concepción: Muestra de objetos de la cultura chiquitana.
Entrada: US$ 3.50SIMBOLOGÍA
$$$ precios bajos
$$$ precios medios
$$$ precios altos
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