Pasaje a la India

Una travesía en tren por el segundo país más poblado del mundo. De Varanasi a Mumbai pasando por Agra, Nueva Delhi y el Rajastán, mítica tierra de marajás.


Nuestro viaje a uno de los países más religiosos del planeta fue directo al grano y comenzó en el corazón de India: Varanasi, la ciudad sagrada del Ganges, fundada por Shiva hace más de tres mil años. Para el hinduismo, morir aquí libera de las reencarnaciones y bañarse en el Ganges (pese a la contaminación) purifica pecados. Y así, enfermos y ancianos, pasan sus últimos días en residencias ubicadas en el río.

No bien pusimos un pie en la calle nos sorprendimos con el zoológico de transportes que es esta ciudad: rickshaws (taxi-bicicleta), autorickshaw (moto-taxi), camiones, carros a caballo. Todo mezclado con vacas (sagradas), cerdos, perros, gente y excrementos de todo tipo. Poco a poco nos abrimos paso al río y vimos el atardecer entre golondrinas y siluetas de templos. Pero el momento clave es el amanecer. Hombres y mujeres van a los más de cien ghats –escaleras que bajan al río– a purificarse y cada uno tiene una función específica, como los crematorios de Mani Karnika y Harischandra.

Lo mejor es levantarse a las cinco de la mañana y andar en bote por la costa con el sol amaneciendo. La gente llega en silencio. El clima es especial. Mientras unos se bañan (vestidos), otros se enjabonan y se lavan los dientes. Impresionantes son los crematorios, activos las 24 horas del día desde hace milenios y donde nadie saca fotos. Detrás del ghat, por angostas callejuelas, van procesiones de hombres llevando al difunto envuelto en telas, luego lo colocan sobre troncos, rezan y le prenden fuego.

Cerca del río hay bazares y tiendas de seda, famosas por su calidad. Ir a una sedería es divertido. Uno se descalza y se sienta con el vendedor en la alfombra y vuelan las horas viendo saris y telas, tomando chai (un tipo de té en base a leche) y regateando.

Agra y Delhi


El viaje continuó a Agra, antigua capital del imperio mogol entre 1556 y 1658. Aún conserva esplendorosos edificios del imperio islámico que dominó India desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XIX. El estilo sobrio islámico se unió con el decorado hindú dando por resultado fascinantes construcciones como el Taj Mahal o el Fuerte Rojo, fortaleza donde vivieron los emperadores mogoles, Patrimonio de la Humanidad. » Este palacio amurallado –construido por el emperador Akbar– alberga aposentos de mármol blanco decorados con coloridas incrustaciones de piedra. Y el Taj Mahal, visítelo desde las 6:30 am para observar cómo la luz colorea paulatinamente el mármol. No sólo es el más bello ejemplo de arquitectura mogol sino que es un monumento al amor.

De Agra fuimos a Nueva Delhi, designada por los ingleses como la capital cuando llegaron de Calcuta en 1911. La ciudad alberga muchas instituciones gubernamentales cerca de la Puerta de India, monumento que recuerda a 90 mil soldados indios caídos en guerras. En el viejo Delhi está Jama Masjid, la mayor mezquita de India y el Fuerte Rojo de 1648. El antiguo palacio es menos espectacular que el de Agra, pero es un buen lugar para salir del frenesí de Delhi. Luego hay que caminar por la avenida y los mercados de Chandni Chowk. Hay de todo: telas, frutos secos, especias, chilis, granos y electrodomésticos. Cuesta moverse, pero la experiencia lo vale.

El siguiente destino fue Jaipur, tierra de marajás (príncipes y reyes indios) y encantadores de serpientes. A la capital del Rajastán se le dice “la ciudad rosa” por el color del casco antiguo. Fue fundada en 1728 por el marajá Sawai Jai Singh, gran astrónomo aficionado que hizo un observatorio al lado del palacio real, ambos abiertos al público.

Tras la abolición del principado a mediados del siglo XX, los príncipes conservaron funciones honoríficas y el actual marajá –Bhawani Singh– reside en un sitio privado del palacio. Éste está custodiado por guardias con turbantes rojos siempre sonrientes y listos para una foto a cambio de una propina. Al ver el Palacio uno capta la riqueza de sus salones, trajes y carruajes. Uno de los sitios más lindos es un patio con cuatro puertas pintadas con flores de loto y pavos reales.

Luego caminamos hacia el bellísimo Palacio de los Vientos con sus 953 pequeñas ventanas, que permitían a las mujeres mirar la vida en la calle sin ser vistas… Y como a ellas, las calles de India siguen sorprendiéndonos. ¡Además de los medios de transporte habituales había camellos!

De Jaipur tomamos un bus a Ajmer y de ahí a Pushkar, en el pequeñísimo lago homónimo. Esta ciudad, con un ambiente más relajado, es ideal para descansar unos días. Su casco histórico es compacto, peatonal y lo más lindo es ir por sus callecitas con chicos jugando y monos saltando por las azoteas. Pushkar es antigua, sagrada y meca de peregrinos. El ocaso es hermoso con los templos reflejados en el lago y la gente dejando ofrendas mientras suenan las tablas (tambores).

Aquí el templo más famoso es el de Brahma, ya que existen muy pocos santuarios en el mundo. Por último, hay paseos en camello y, entre noviembre y diciembre, está la Feria del Camello, “el” evento del año con gente del desierto que va a vender sus productos.

Mumbai


Finalmente llegamos a Mumbai (llamada Bombay hasta 1995), el centro económico más importante de India y sede de Bollywood, la mayor industria cinematográfica del mundo. La dominación portuguesa e inglesa duró más de 400 años –hasta la independencia en 1947– y los británicos dejaron su impronta con bellos edificios que, junto a jardines, modernos rascacielos, templos hindúes, iglesias, mezquitas y taxis retro delinean el estilo peculiar de Mumbai.

En la zona turística de Colaba, frente al hotel Taj Mahal Palace, está la mítica Puerta de la India, punto de reunión de turistas y locales. Al atardecer hay llamativos carruajes con luces y globos paseando por la costanera. Cerca de allí está la bella terminal de trenes Chhatrapati Shivaji (antes Victoria Terminus) que combina el estilo neogótico victoriano con arquitectura india tradicional.

Y para huir del bullicio está la isla y cuevas de Elefanta, a una hora de Colaba, en la bahía de Mumbai. Las cavernas, del año 600, albergan templos, salones y patios con esculturas de dioses hinduistas talladas en piedra. De vuelta en Mumbai, se puede ir a Crawford Market, antiguo mercado de abasto que hoy vende al por menor verduras, especias, carnes y todo tipo de artículos. Y en los puestos de verdura es común ver a los vendedores durmiendo la siesta entre cajas. Así es India, intensa, increíble e inolvidable. in

Más información
Turismo en India
www.incredibleindia.org

Turismo en Rajastán
www.rajasthantourism.gov.in

Trenes en India
www.indianrail.gov.in

Recorrido en tren de lujo por el Rajastán
www.palaceonwheels.net

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