Auto Fans

Seis fanáticos de los autos nos hablan de su relación con su objeto de deseo. David Nalbandian de Argentina, Eduardo Costabal de Chile, Ricardo Almeida de Brasil, Jean-Pierre Michelet de Ecuador, José Clopatofsky de Colombia y Felipe Ríos de Perú.

Amor tuerca

Esa irresistible pasión que sienten algunos hombres por su amigo de cuatro ruedas se expresa en, por ejemplo, tener muchos autos o coleccionar todo tipo de recuerdos en torno a éstos. Acá, los exponentes más tuerca de la región.

David Nalbandian

David Nalbandian

texto: Ariel Cukierkorn | Foto: Sergio Llamera
David Nalbandian es uno de los tenistas argentinos más importantes de la última década. Finalista de Wimbledon en 2002, consiguió 11 títulos profesionales (entre ellos el Masters Cup 2005 y dos Masters Series en 2007) y hoy, a los 30 años, es todavía el emblema del equipo nacional que busca conquistar la Copa Davis por primera vez. Pero, junto al tenis, existe otro resquicio en el que Nalbandian encuentra una profunda adrenalina: la pasión por el automovilismo. “En general toda Córdoba es una provincia muy tuerca. A mí desde muy chiquitito que me gustan mucho los autos, pero en especial me hice fanático del rally”, cuenta este nacido en la Provincia de Córdoba.

Fue así que llegó a tener una réplica exacta del Peugeot 206 WRC con el cual el finlandés Marcus Gronholm fue dos veces campeón de la especialidad. Y el hobby se transformó en algo serio cuando fundó, hace cinco años, junto al piloto Marcos Ligato, el Tango Rally Team, que compite en el Rally Mundial, en la categoría de producción y también el Rally Argentino. A partir de ese momento, Nalbandian aprovecha cada espacio en su exigente calendario para seguir de cerca las carreras e incluso para animarse a subir al cockpit. Su debut fue en el Master Rally de Andalgalá, Argentina, y ha participado de otras competencias de exhibición, como las Mil Millas Sport, a bordo de un Jaguar XK 120 de 1953. Su mayor objetivo como automovilista lo anunció en 2010 y todavía lo mantiene: “Me encantaría correr el Dakar, me dijeron que es algo único”.

Para un fanático de los autos como él, sin duda ha sido un plus que muchos torneos le entregaran como premio modelos de autos incluso antes de que salieran a la venta. Sin embargo, el tenista argentino tiene el coche de sus sueños: el de los Dukes de Hazzard. “Desde que veía la serie me quedó la idea de tenerlo. Por suerte conseguí recientemente uno del estilo y estoy muy contento por eso”, cuenta regocijado con su auto.

Eduardo Costabal

Eduardo Costabal

texto: Cintya Ramírez F. | Foto: Macarena Achurra
La pasión por los automóviles está en su ADN. Sobrino del renombrado piloto chileno Santiago Bengolea, Eduardo Costabal ha pasado su vida inserto en el mundo tuerca. Creció siendo un fanático espectador de las carreras; soñando con llegar a ser piloto o diseñador de autos. No lo fue, pero como empresario ha desarrollado su carrera íntegramente en Ditec Automóviles, representante de marcas de lujo como Volvo, Porsche, Jaguar y Land Rover. “Los autos deportivos son los que a mí más me mueven. Algunos parecieran tener vida propia por cómo vibran, cómo frenan; por las emociones y la adrenalina que pueden generar. Soy muy apasionado por las marcas que tenemos en Ditec. En este momento conduzco un Jaguar XKR-S y un Volvo V60T6”, señala.

Fue hace poco más de un año, en la celebración de su cumpleaños número 50, que se reencontró con sus ilusiones de niño. Una animada conversación sería el comienzo del proyecto más atrevido de su vida: participar en la 50ava edición de las 24 Horas de Daytona –uno de los eventos de automovilismo más importantes del mundo– con su amigo, el piloto Eliseo Salazar. “Siempre tuve condiciones para manejar, pero nunca me atreví a emprender un proyecto por mi familia”, cuenta. Tras meses de planificación y entrenamiento, en enero pasado llegaron al Daytona International Speedway, en Estados Unidos, para enfrentarse a más de 65 competidores de todo el mundo. No solo cumplieron su meta de terminar la carrera, sino que finalizaron en el lugar 19.

Superado ese desafío, Costabal tiene nuevos sueños en mente: correr en algunos eventos puntuales de renombre –siempre junto a Eliseo Salazar–; crear un espacio de restauración artesanal y un circuito profesional para Chile. “Ahora digo ¿y por qué no? La pasión mueve cosas increíbles y son pocos los que se atreven… La gente debería luchar y sacrificarse siempre por sus sueños”.

Ricardo Almeida

Ricardo Almeida

texto: Mari Campos | Foto: Cleiby Trevisan
Ricardo Almeida es uno de los diseñadores de moda más importantes de Brasil. Desde muy joven empezó a trabajar con telas y tejidos hasta que abrió su propia empresa. Hoy, conocido internacionalmente, crea ropa para hombres, con perfección en los detalles y estilo minimalista. Su marca es una referencia en calidad y creatividad y sus piezas visten desde celebridades de todo tipo a políticos, como el ex presidente brasileño Lula.

Pero su otra grande pasión son los autos. Desde niño se enamoró de la velocidad cuando acompañaba a su padre que corría profesionalmente. Junto a su hermano, siempre imitaban a su padre en sus juegos, con autos-juguetes creados por ellos mismos. “Nos poníamos su casco y sus gafas estilo aviador para jugar e imitarle”, recuerda Ricardo. De niño aprendió mucho sobre autos y su funcionamiento y la fascinación que ejerce la velocidad sobre el hombre.

Ya más grande, compitió en motocicleta y condujo muchísimos tipos de autos, incluso un McLaren. Hoy, tiene una verdadera colección en su garaje: sus preferidos son el GTO Pontiac 1966 y el Camaro 1977. Los dos están casi nuevos, con un único dueño, bien mantenidos y muy bonitos. Lo más curioso es que estos dos autos fueron comprados para ser parte del escenario de sus desfiles en las semanas de moda de su país y terminaron como joyas del propio diseñador (el Camaro ha tenido incluso un upgrade con el motor original modificado por Ricardo para 350cv).

En su vida cotidiana, utiliza un Subaru Impreza 4×4 con motor 400 cv, que considera muy práctico y eficiente. “Mi auto perfecto no tiene que ser súper grande, súper increíble, súper caro, ni nada; tiene que ser práctico, muy ágil, listo para utilizar en cualquier sitio, modelo 4×4 y con motor muy muy, muy fuerte”, señala Ricardo. ¿Y ya tiene un nuevo elegido? Sí, y para su suerte, llegará muy pronto a casa: el diseñador ha reservado el nuevo modelo Concept A Hatchback de Mercedes Benz, que saldrá oficialmente este año.

Jean-Pierre Michelet

Jean-Pierre Michelet

texto: Elisa Sicouret Lynch | Foto: IvÁn Kashinsky
“¡Un auto es un todo! Principalmente si hablamos de uno con tintes deportivos. Es mucho más complejo que admirar una obra de arte colgada en la pared”, dice Jean-Pierre Michelet, el más respetado comentarista de Fórmula 1 en Ecuador. Su padre, el francés Pascal Michelet –ya fallecido–, fue el primer experto en narrar las carreras internacionales en la televisión local, en 1984. Jean-Pierre empezó a compartir pantalla con él en 1988, el mismo año en que inició como piloto de monoplazas. “Solo cuando se es piloto y se ha vivido lo que es estar detrás del volante de un auto de carreras uno puede convertirse en un verdadero líder de opinión en el tema”, afirma Michelet, quien mantiene su espacio de automovilismo en el canal RTS y es imagen de la marca Chevrolet en el Ecuador.

Debutó en la fórmula Scorpio, la única categoría de monoplazas que ha existido en el Ecuador. En su carrera de 15 años participó de las 24 horas de Daytona, en 1995, y en las 12 horas de Sebring. Confiesa que tiene varios “juguetes” (carros deportivos) para salir a correr de vez en cuando. Para uso diario, se siente feliz con su Chevrolet Tahoe de tecnología híbrida. Algún día le encantaría poder tener un Ferrari FXX, que para él es “la máxima expresión de deportividad cercana a la de un auto de carreras”.

Pero hay tres autos con los que siempre ha soñado. El primero es el Mach 5, de la serie animada Meteoro: “El mejor auto de carreras del mundo conducido por este gran piloto de los famosos cómics de los ‘70”. El segundo es el DeLorean de la película Back to the Future: “¡Qué maravilloso sería poder regresar al pasado o adelantarnos en el futuro a bordo de una máquina del tiempo tan perfectamente lograda como aquel auto!”. Y el último es el Lotus Esprit que maneja James Bond en la película The Spy Who Loved Me: “Al entrar en el mar se convierte en un submarino cargado con todo el armamento. Sin lugar a dudas un modelo que no deja de ser un sueño en la imaginación de cualquier amante de los autos como yo”.

José Clopatofsky

José Clopatofsky

texto: Juliana Rojas | Foto: Zuan Carreño
Cuando un colombiano quiere comprar o vender su auto lleva una revista Motor bajo el brazo, la biblia del mundo automotor en el país. Por eso, cuando se habla de vehículos nadie tiene más autoridad que José Clopatofsky, su creador. La historia empezó en los ‘50, cuando un tío aviador alimentó su incipiente gusto por los aviones y los vehículos. Lo invitaba a las competencias deportivas en las que él corría, le regalaba revistas y lo llevaba a eventos automovilísticos. Así se le abrieron las puertas de los talleres donde se preparaban las máquinas y conoció a los corredores del momento, hasta que él mismo se convirtió en uno de ellos, con títulos nacionales y competencias en Europa en los ‘70.

Pero su otra gran afición era el periodismo. Empezó trabajando en el periódico El Tiempo, con tan buen resultado que tras 45 años, aún sigue ahí. Hoy, dirige la sección de Vehículos de ese periódico, el programa de televisión Motor TV de la misma Casa Editorial y la revista Motor. Por donde quiera que vaya, la gente le consulta cómo hacer el negocio de un carro o cuál es la mejor manera para ahorrar gasolina.

Él mismo dice que “no es un periodista del sector automotor, sino alguien que escribe con aceite de motor en el teclado”. En casa tiene 300 modelos a escala de Ferrari, libros de mecánica, gorras, chaquetas de marcas automovilísticas y aviones a escala, los que considera su verdadera afición. Y como no se puede hablar de carros sin conocerlos, Clopa, como le dicen, tiene un deportivo inglés Triumph, un pick up mini antiguo y un deportivo italiano. Todos ellos más para su contemplación que su uso, guardados en el pequeño taller donde también están los carros de carreras de sus hijos competidores.

El carro de sus sueños es la perfección de Frankenstein: diseño italiano, suspensión francesa, motor alemán, interior inglés, confort estadounidense, fabricación japonesa y precio de China. “Para allá vamos, pero muy despacio”, augura.

Fel<em>í</em>pe Rios

Felipe Ríos

texto: Cinthia Delgado | Foto: Marina García Burgos
Este piloto peruano, que participó del último Dakar, entró al mundo de las ruedas desde que estaba en el colegio. Dominó la bicicleta por completo y salió del país desde muy joven para competir en campeonatos de bicicross y luego en ciclismo de montaña. Pero a los 22 años su hermano compró una moto y la llevó a casa. Al cabo de unos días, Felipe la compró para sí. Partió realizando viajes por Perú y a partir del 2006 empezó a practicar la modalidad Enduro, por los cerros de San Bartolo, un balneario a 50 kilómetros al sur de Lima.

En el 2010 entró a nivel competitivo en esa especialidad. Participó en los Latinoamericanos de Chile y Guatemala. Llegó hasta el Red Bull Romaniax, en Rumania, y quedó en noveno puesto. En 2011 corrió todas las competencias de Enduro en el Perú y algunas en motocross. “Fue una excelente manera de prepararme para el Dakar. Entre la parte física, técnica, el gimnasio y nutricionista, fue una preparación larga, de 10 meses, que felizmente terminó muy bien y valió mucho la pena, ya que terminé dentro de los 50 primeros del Dakar”, cuenta.

Ya preparándose para el próximo Dakar, habla de la moto de sus sueños. “Una KTM 450 Rally Replica. Es una súper moto, especial para rally, cada vez que la manejo me encanta. Tiene mucha capacidad de combustible, tiene para llevar todo el sistema de navegación, todas las piezas son de competencia. Está hecha para el Dakar que, sin duda, es una carrera súper dura. La moto tiene mucha resistencia”.

¿Y cuál sería el auto de tus sueños?

“Los autos me encantan, de hecho si alguna vez tengo la oportunidad de correr en autos lo haría, pero hay que aceptar que es una afición demasiado cara. La moto también lo es, pero no tanto como el carro. Si tuviera que elegir un auto sería uno de rally, y definitivamente sería o un Subaru o un Mitsubishi”.

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