El productivo encanto de no hacer nada

       
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En la Antigüedad el ocio era una de las actividades más fundamentales y preciadas de la vida cotidiana. Para los griegos el ocio no significaba “no hacer nada”, sino todo lo contrario, era un quehacer lleno de contenido y muy valorado. Nos guste o no, actualmente el ocio se ha ido cargando de un significado negativo, ya que el tiempo se ha vuelto una mercancía escasa, donde uno debe aprovechar para producir y hacer de todo. Parecemos haber olvidado que darnos unos momentos de contemplación al día nos lleva a la reflexión y a buscar el sentido de nuestras acciones, así como a pensar nuevas maneras de vivir y disfrutar del tiempo.

En el libro El arte y la ciencia de no hacer nada, el autor Andrew Smart explica desde un punto de vista científico que el cerebro está mucho más activo cuando se mantiene en reposo. Hacer muchas actividades al mismo tiempo, asegura, es perjudicial para el cerebro. Su conclusión es que para ser creativo se requiere tener momentos de ocio, donde la mente pueda divagar tranquilamente sin apuros ni condicionamientos. Basta permitirse un momento de ocio, algo que esperamos pueda hacer tranquilamente durante este vuelo, para darse cuenta que uno empieza a conectarse con cuestiones más placenteras.

Cabe preguntarse entonces qué ha pasado en estas últimas décadas para que el tiempo libre haya asumido una connotación tan negativa. Se suponía que la tecnología, las autopistas, Internet, la automatización de las cosas y las redes sociales nos darían más tiempo libre para disfrutar de la vida. Pero a fin de cuentas ese tiempo que hemos ganado lo invertimos en producir más, en hacer más, en exigirnos más… ¡¡Paremos!! Si lográramos redescubrir el valor de no hacer nada como un activo tan importante para la vida como el aire, podríamos volver a sentirnos más plenos y conformes con nuestra vida. Debemos entender que perder tiempo es ganar tiempo; tiempo para hacer mejores cosas, para acercarnos a nuestros afectos, para juntarnos con amigos, para crear nuevas cosas y también para encontrarnos con nosotros mismos y alimentar nuestra alma.

Unas buenas vacaciones, un viaje soñado o uno que nos lleve a reencontrarnos con un ser querido pueden ser inmejorables momentos de distracción y ocio, y dar lugar a la reflexión y a producir grandes ideas. Por eso decimos que volvemos “con las pilas recargadas” a trabajar después de unos buenos días de descanso, de esos que nos desconectan de nuestras actividades habituales y nos llenan de inspiración. Porque creemos en este valor y en la posibilidad de darnos tiempo para contemplar y contemplarnos, en LAN buscamos que nuestros pasajeros sueñen y creen a partir de las experiencias vividas en los distintos destinos a los que viajamos alrededor del mundo.

Lo invito a aprovechar este vuelo para relajarse y ojalá pensar un poco más en nada.

 

Ignacio Cueto Plaza
CEO LAN Airlines

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