El arte de disfrutar lo simple

       
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Disfrutar es una palabra que para cada uno de nosotros podría representar algo totalmente diferente. El diccionario nos dice que es “experimentar gozo, placer o alegría con alguien o con algo”. Sin embargo -y por simple que parezca-, no siempre que disfrutamos nos damos cuenta de manera automática y natural, sino que debemos esforzarnos para hacerlo consciente, para reconocer y valorar aquellos momentos, en muchos casos fugaces, que nos llenan de felicidad. 

A veces cometemos el error de depositar el disfrute en aquello que aún no tenemos y se nos pasan de largo muchos momentos de gran emoción, como aquella mirada cómplice con nuestro primer amor, el momento que nos pusieron a nuestro primer hijo en los brazos, una conversación animada con amigos, hundir los pies en el mar, la planificación de un viaje y tantos otros pequeños instantes que llenan nuestra vida. Lo que está claro es que disfrutar está muy vinculado con las emociones más básicas del ser humano: el amor, el humor, la pasión, la curiosidad, el vértigo y el sentido de realización. Aprender a disfrutar de las cosas simples que nos rodean es una actitud positiva que se puede aprender y entrenar día a día; solo es cuestión de proponérselo. Además, la habilidad de disfrutar tiene la gracia de ser contagiosa, es decir, se propaga y esparce, contribuyendo a generar bienestar en nuestro entorno.

Una antigua leyenda cuenta que cuando las almas de los egipcios llegaban a las puertas del cielo, los guardias les hacían dos preguntas que determinaban su entrada al paraíso: ¿Disfrutaste en tu vida?, ¿fuiste motivo de alegría para otros? Creo que para encontrar las respuestas a esas preguntas tenemos que comprender que disfrutar es un camino más que una meta, algo que debemos hacer consciente el mayor tiempo posible, ya que solo a partir de darnos cuenta podemos contagiarlo y contagiarnos con los que nos rodean.

Es probable que este viaje sea para alguno de ustedes algo habitual y rutinario, mientras que para otros puede constituir una novedad o la puerta abierta a una aventura. Cualquiera sea el caso, ¿por qué no hacer de este vuelo una instancia de placer y disfrute? ¿Por qué no relajarse en su asiento, aflojarse los zapatos, leer las primeras páginas de un libro con olor a nuevo o ver aquella película que nos quedó pendiente junto a una copa de vino? ¿Por qué no aprovechar el vuelo para escribir una carta, para hacer una lista de nuestros sueños por cumplir, para conversar con nuestro compañero de asiento o simplemente para recostarse y descansar?

Estimado pasajero, lo invito a no dejar que la rutina, los apuros y las obligaciones nos resten tiempo para gozar los pequeños placeres que nos brinda cada día, desde el instante mismo en que nos despertamos; a no dejar de emocionarnos y alegrarnos con las cosas simples, por más cotidianas que parezcan; a estar atentos a todo aquello que nos pueda alegrar el alma, engrandeciendo nuestro espíritu. Por mi parte, les confieso que cada mes disfruto mucho compartir este espacio con ustedes.

Junto con agradecer su preferencia, ¡lo invito a disfrutar su viaje!

 

Ignacio Cueto Plaza
CEO LAN Airlines

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