Locos por el gallo

¿Qué tiene la Sriracha que tiene a todo el mundo rendido a sus pies?

TEXTO: Santi Sahli @sansabor
       
Hay algo de masoquista en el acto –hoy casi universal– de comer comida picante, esa que produce una mezcla de placer, lágrimas y cambios en la expresión facial. ¿Para qué agregar una cuota de incomodidad a una de las actividades más felices del día? ¿Por qué cada vez es más común encontrarse con una que otra botella de salsa, de intimidante color rojo, en casas de amigos o restaurantes

Hay una explicación: en cada salsa picante baila la capsaicina. Aquella molécula que despierta receptores en la boca que liberan endorfinas. Sí, ese querido analgésico de producción propia que también aparece cuando corremos por el parque, tenemos sexo o comemos chocolate, y que nos aporta una suerte de felicidad inconsciente.

Pero me parece inquietante que una salsa esté literalmente en boca de todos. No se pronuncia fácil a la primera: Sriracha. Es de intensidad media y origen tailandés, pero se produce en California. Y tiene un dibujo de un impetuoso gallo rodeado de caracteres asiáticos y occidentales. Algunas cadenas de comida como Pizza Hut y Taco Bell, ya la incorporaron en sus preparaciones; se habla de ella en los blogs y no es difícil hallar en las redes sociales quien la añade a huevos revueltos, tallarines y hasta postres. Incluso hubo compras masivas en supermercados por rumores sobre el cierre de su única fábrica.

“¿Qué tiene ella que no tenga yo?”, dirían las demás salsas. La Sriracha respondería que sus moléculas de capsaicina tienen el tamaño justo para no escaparse de la boca ni producir desórdenes en la nariz, ojos y garganta. También diría que, orgullosa, lleva el gallo, y que como en todo buen gallinero, él es el que manda.

 

srirarcha

20 millones de botellas se producen al año.

La marca de la salsa no gasta ni un solo dólar en publicidad.

Es la inspiración para una nueva cerveza: la Rogue Sriracha Hot Stout Beer.

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