Solos contra el mundo

Cinco lecciones del actor y comediante Ezequiel Campa para sobrevivir a un viaje en pareja, el deporte aventura más riesgoso del mundo. Se recomienda leer con acento argentino.

TEXTO: Ezequiel Campa | ilustración: Francisco J. Olea
       

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¡Amor, yo creo que tenemos que caminar hacia el sur!
–No, ¡hay que caminar hacia la avenida!
–¡¿Cómo vamos a caminar hacia la avenida si venimos de la avenida?!
(Diez minutos más tarde).
–¿Viste que era para el otro lado? Caminamos ocho cuadras en vano. Te odio.
Salir del subte en la Gran Manzana y tener una discusión como esta con la pareja parece exagerado, pero refleja fielmente una secuencia que se repite una y otra vez alrededor del mundo. En un viaje en pareja, hay que tomar decisiones de a dos: ir a un museo o ir de compras, llevar la cámara de fotos o dejarla en el hotel, ir caminando o en taxi. En fin, las condiciones son ideales para que al más mínimo desacuerdo el viaje 
sea una pesadilla.
–Cómo se te ocurre ir a un restaurante tailandés cuando sabías que íbamos a estar caminando por una ciudad sin baños.
–¡Yo solamente quería probar algo distinto! ¡No viajé hasta aquí para comer lo mismo que podría comer en la esquina de casa!
–¡Si estuviésemos en la esquina de casa tendríamos un baño cerca!
Así como ante un huracán, usted tendría a mano un kit de sobrevivencia, memorice esta lista de situaciones tipo en un viaje de a dos, y prepárese para sobrevivirlo… y sobrellevarlo.

1. Sea considerado y no exagerado

Un olvido ajeno es capaz de transformarnos en monstruos. Estamos tirados al sol en la playa, acariciando dulcemente el hombro de nuestra persona amada, hasta que llega ese tortuoso pensamiento: “¿cómo pudo haber olvidado esos pareos para la playa que compramos en Brasil? ¡Es el único momento del año en el que los necesitamos! Trajo guantes y bufanda al Caribe ‘por si en la noche refresca’, pero se olvidó los pareos para la playa. ¡De quién me enamoré!”.
La solución es más sencilla de lo que cree. Piense el viaje como una aventura en solitario, y que si no se le ocurrió llevar los famosos pareos, será usted mismo quien se estará culpando cuando estos descansen en su casa y usted sobre una toalla cubierta de arena mojada. Como diría el terapeuta, mejor no esperar nada del otro. Tampoco hay que exagerar ante este descuido, sobre todo porque más tarde, al descubrir un olvido propio, querrá hacer un pozo en la arena para enterrarse usted mismo.

 

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2. A veces son los horarios

–Puse el despertador a las 6 a.m., a las 7 pasa el bus rumbo a 
las ruinas.
–¿6 de la mañana? No me levanto a las 6 de la mañana ni para ir a trabajar y me voy a levantar para ir a ver unas ruinas?! ¿¡6 de la mañana?! ¡Para mí también son vacaciones eh! ¡Cómo se nota que durante el año no tuviste que madrugar todos los días!
N.d.A: se aconseja hacer la reflexión anterior a modo de diálogo interno. Salvo que quiera dar por concluido el viaje… y su relación. Una posible solución a continuación.

3. Divorcio de media tarde

Si el destino que elegimos ofrece un amplio abanico de panoramas es recomendable acordarlo en pareja, de manera que cada uno pueda realizar actividades por su lado. Así, evitamos molestar al otro con un paseo que no le despierte demasiado interés y nos ponemos a resguardo de ser arrastrados a “una visita guiada a la más antigua florería de la ciudad”.
Ante la imposibilidad de llegar al acuerdo anterior y las ganas de hacer un paseo que no tiene ningún atractivo para el otro, use las siempre útiles herramientas de marketing:
–Es un museo de motores y herramientas.
–¿De motores y herramientas?
–¡Sí! pero la buena noticia es que hay motores de Ferrari, que son la perfección absoluta… ¡como tú mi amor!
–¿Me estás comparando con un auto? Me quieres encerrar toda la mañana en un museo a mirar pinzas y destornilladores y encima me comparas con un auto.
–Tienes razón, soy un desconsiderado. Ese museo no vale la pena, merezco un castigo, y ese castigo va a ser que hoy me prives de tu presencia y vaya solo a ese museo, así aprendo lo que es pensar en el otro.

 

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Pocas situaciones en la vida ponen tanto a prueba la solidez de
una relación como un viaje en pareja.

 

4. El viajero “no traje”

Puede que su pareja sea de esas personas que no llevan absolutamente nada cuando se van de viaje. Es el viajero “No Traje”. Este tipo de viajero ha desarrollado una ingeniosa estrategia para justificar que 
no ha traído nada.
–¿Me prestas protector solar?
–No traje, no quería cargar mucho peso.
–Vístete, que vamos a cenar.
–No traje ropa, es mejor comprar acá
(La táctica aquí es respirar y tener paciencia).

5. El viajero “Rambo”

Está en el otro extremo. Lleva tantas cosas que si no fuese porque conocemos a la persona, resultaría imposible determinar si se está yendo de vacaciones o se está mudando a otra ciudad. Solo para el avión: libros, revistas, almohada, agua, barras de cereal, chicles, tapa ojos, tapa oídos, auriculares, reproductor de MP3, gotas para los ojos, pastillas para dormir, pastillas para despertarse, caramelos, crema de labios, abrigo por si el aire acondicionado está muy fuerte. Sin mencionar lo que lleva para el resto del viaje. A priori, es fácil caer en la fantasía de que es lo mejor que nos podría pasar, pues no importa si olvidamos algo, total “Rambo” lo debe haber traído. El problema es que, además, tiene todo el paseo organizado día por día, minuto por minuto, y nada está librado al azar.
–¡Qué hermosa la torre Eiffel!
–Tenemos solo dos minutos para mirarla, porque de acá nos vamos al Louvre. Si no es ahora perderemos el subte que pasa en siete minutos y no podemos correr ese riesgo. ¡Ahora a disfrutar! ¿Qué pasa que no estás disfrutando? ¡Vamos!
Su misión es sencilla: recuérdele todas las veces que sean necesarias el significado de la palabra vacaciones para que no transforme un viaje de placer en un campamento militar.
Pero para qué seguir, si viajar con la pareja tiene su encanto. Eso, y un aspecto práctico innegable: que nos detengan a tiempo cuando estamos por hacer una compra absurda.
–Mi amor, ¡esa alfombra persa mide siete metros de largo y tu living mide apenas cinco! Y es la tercera alfombra que compras en este viaje.
–Gracias querido, te amo. in

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