Eddie Redmayne

“Tal vez  sufro del síndrome Peter Pan”

Aclamado por su interpretación de Stephen Hawking, el actor disfruta de su trabajo como si fuera un niño. Pero sus papeles distan de un juego infantil: en The Danish Girl encarnará a uno de los primeros transgéneros del mundo.

TEXTO: Gabriel Lerman, desde Toronto
       

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Destacó por distintas cosas entre sus pares: por una simpatía encantadora, por no tomarse nunca demasiado en serio, y además por un particular estilo en el vestir que lo ha posicionado como uno de los más elegantes en su profesión.

Sin embargo, Eddie Redmayne (33) nunca tuvo la ansiedad del estrellato. Dejó que las luces iluminaran a sus compañeros de elenco antes que a él mismo: Julianne Moore en Savage Grace; Michelle Williams en Mi semana con Marilyn; Hugh Jackman en Los miserables. Pero hoy todo es diferente. Su asombrosa transformación en Stephen Hawking para el filme de James Marsh, La teoría del todo, lo tiene justo bajo el foco de la crítica y la adoración del público.

Exalumno de la prestigiosa Eton y graduado en Historia del Arte del Trinity College, Cambridge, este actor surgido del teatro londinense está listo para ascender al estrellato con el filme de Marsh –premiado ya como mejor actor en las últimas ediciones de los Golden Globe y los Screen Actors Guild Awards– y se perfila también como un intérprete de cine de aventura y ciencia ficción. El destino de Júpiter, el nuevo filme de los hermanos Wachowski, que encabeza Channing Tatum, lo tiene en su elenco, y además se prepara para encarnar a uno de los primeros hombres que se sometió a una operación de cambio de sexo en la arriesgada The Danish Girl, que dirigirá el ganador del Oscar por El discurso del rey, Tom Hooper. Para Redmayne esto recién comienza.

 

Me imagino tu felicidad cuando supiste que te habían dado el papel de Stephen Hawking…

Cada vez que consigo un trabajo, sobre todo si se trata de uno por el que he luchado mucho, hay un momento de euforia y, luego, unos días después, me doy cuenta de lo que me va a tocar hacer. En este caso, la felicidad fue extraordinaria y duró menos de un segundo. Luego sentí un golpe en la boca del estómago, pues comprendí cuán duro iba ser convertirme en este personaje.

 

¿Cómo fue el proceso de transformación?

Él es un ídolo, alguien que todo el mundo conoce, y por suerte nos permitió meternos en su vida. Lo mismo que ocurrió con Jane, su ex-esposa, y con Jonathan (Jonathan Hellyer Jones, actual marido de Jane y quien cuidó a Hawking durante el desarrollo de su enfermedad). Por cuatro o cinco meses fui a una clínica especializada en ELA (esclerosis lateral amiotrófica) en Londres, donde hablé con los especialistas y compartí horas con unas 30 o 40 personas que sufren esa enfermedad. Ellos también me abrieron las puertas de sus vidas, y por eso hice todo por representar su realidad de la manera más auténtica posible.

 

El rol que hizo voltear todas las miradas hacia él, su interpretación de Stephen Hawking en La teoría del todo.

El rol que hizo voltear todas las miradas hacia él, su interpretación de Stephen Hawking en La teoría del todo.

 

¿Crees que la experiencia habría sido diferente si Stephen no hubiera participado en el proyecto como lo hizo?

Por supuesto. Yo entiendo que debe de ser algo muy raro para él que otra persona lo esté interpretando, pero fue muy generoso conmigo con cosas como permitirme usar la medalla que le dio la Reina. Además, mientras estábamos filmando, teníamos una versión de su voz y luego, después de verla, nos cedió la suya propia. Para mí, eso fue lo mejor que podría haber hecho. Es su voz la que escuchas al final de la película; cuando la vi terminada fue muy emocionante.

 

¿Qué es lo que a tu juicio distingue a la película de otras biografías?

Esta no es una historia sobre una enfermedad, ni tampoco sobre ciencia. Es una historia de amor no convencional. Es una historia sobre el amor en todas sus manifestaciones: juvenil, apasionado, el amor por un tema en particular, las flaquezas del amor, su realidad.

 

Uno de los aspectos más interesantes de La teoría del todo es cómo rescata el sentido del humor de Hawking…

Es parte de su esencia. Conocí a Stephen cuando faltaban cinco días para que comenzara el rodaje y, aunque puede mover muy pocos músculos, si hay algo que lo distingue es la expresividad que tienen sus cejas, con las cuales transmite su chispa y frescura. Eso fue algo que me llevé del primer encuentro y lo usé en toda la película. Cada vez que él tiene que superar obstáculos que son increíblemente brutales, tratar de encontrar el humor era importante para mí.

 

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¿Eres bueno en matemáticas?

En absoluto. Renuncié a estudiar ciencias cuando cumplí 12, y me concentré más bien en la historia del arte, por lo que no fue fácil abrir mi mente para entender lo que muchos excompañeros de Hawking trataban de explicarme. Les pedía que por favor me hablaran como si fuese un niño.

 

Tienes 33 años y, sin embargo, haces de Hawking a los 20.

Tal vez sufro del síndrome Peter Pan. Una de las cosas más extrañas de ser actor es que puedes hacer lo que siempre has hecho desde que eras niño, y no se siente como un trabajo de verdad. Puede ser intenso, pero te sigue pareciendo un juego. Siento que cuanto más viejo me pongo, menos adulto soy.

 

Vienes de una familia de empresarios, ¿cómo reaccionaron cuando les dijiste que querías ser actor?

Siempre actué en la escuela y ellos desde el principio me apoyaron mucho. Pero cuando uno escucha las estadísticas es lógico que estuvieran muy preocupados por mí. Mi hermano mayor me mandó una carta muy bonita después de ver esta película, lo cual fue conmovedor, pues me importa lo que piensa mi familia. Cuando éramos niños y nos íbamos de vacaciones, escuchábamos Les Miserables en el auto y él cantaba la parte de Russell y yo la de Hugh. Teníamos ocho y diez años, y cuando conseguí el papel en ese filme, él estaba más entusiasmado que yo.

 

¿Cómo puedes llegar a superar lo que has hecho en La teoría del todo?

Me encanta contar historias, y eso es precisamente lo que somos los actores: narradores. He tenido la suerte de relatar algunas extraordinarias. Sé que soy un privilegiado por haber podido contar esta, y aunque no estoy tratando de competir conmigo mismo, el próximo relato que ayudaré a narrar es tan hermoso como complicado. Se llama The Danish Girl: una historia de amor que también trata sobre la primera operación de cambio de sexo. Es real y transcurre en Copenhague en 1920. He conocido a muchísima gente extraordinaria de la comunidad trans y eso que recién me he comenzado a preparar para ese papel. in

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