Alejandro González Iñárritu

Todos somos Birdman

Protagonizada por Michael Keaton, la nueva pelícua del director mexicano Alejandro González Iñárritu condensa en una comedia negra una verdad que tarde o temprano nos toca: que el ego es un tirano.

Texto: Gabriel Lerman, desde Nueva York
       

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Festival de Venecia, agosto de 2014. El personaje de Riggan Thomson (Michael Keaton), exestrella de películas de superhéroes caída en desgracia, intenta darle nuevo sentido a su existencia montando una obra en Broadway. Ciento diecinueve minutos después, se encienden las luces, el público aplaude y llegan los elogios. Es Birdman, la nueva película de Alejandro González Iñárritu.

Personajes complejos, comedia negra, un casting de lujo, elaborados trabajos de cámara con planos secuencia y un guión en el que no faltan las frases ingeniosas, Birdman se ha convertido en una de las favoritas en la actual temporada de premios, luego de ese aplaudido debut ante el público y su nominación a los Globos de Oro.

 

¿De dónde surgió la inspiración para Birdman?
Cumplí 50 años y cuando me puse a hacer una revisión de las prioridades que he tenido en la vida, me di cuenta de que algunas cosas estaban muy bien, otras no tanto y también había cosas que me faltaban. Luego he hecho una retrospección sobre cuál es la mecánica de mi propia percepción. Me pareció muy interesante no solo percatarme de lo que he aprendido, sino de cómo puede funcionar el ego. En mi caso, en el proceso creativo, mi propio ego siempre ha sido un gran inquisidor, un tirano que me ha puesto todo el tiempo a prueba. A veces, cuando estoy haciendo algo, me digo a mí mismo que es maravilloso, que es fantástico, que soy un genio. Y 20 minutos después, me siento un descerebrado y me digo que soy un estúpido, que lo que he hecho es una porquería y a nadie le va a gustar. Mi proceso es bastante bipolar, y en ese sentido llegué a la conclusión de que el ego es un tirano.

La obra que representan en la película está basada en el cuento De qué hablamos cuando hablamos de amor de Raymond Carver, ¿por qué?
Carver es uno de mis escritores favoritos; tiene la capacidad de describir muy bien cómo funciona el corazón. Y yo creo que las fallas y las limitaciones del corazón humano están en el amor. Aun cuando los personajes de Carver son patéticos, también son adorables, complejos y humanos. En ese cuento lo que trata de descifrar Carver es en qué consiste el amor. Y yo quería una obra que de alguna manera reflejara lo que le pasa a los personajes. Mi intención original era que Riggan Thomson (Keaton) fuera alguien absolutamente aburrido y que de pronto la obra se apoderara de su vida, para terminar convirtiéndose en uno de los personajes. Por eso decidí comenzar la película con ese poema de Raymond Carver (Un sendero nuevo a la cascada). Se pregunta allí si obtuvo lo que esperaba y se contesta que sí, porque lo que esperaba era amar para sentirse amado. Y todos los seres humanos vivimos buscando eso. También es lo que busca Riggan Thomson: amor, cariño. Por suerte pude contactar a Tess Gallagher, la viuda de Raymond Carver, para que me permitiera usar sus textos. Allí está el DNA de la película.

¿Cómo lograste que la cámara se convirtiera en otro personaje?
Todo se hizo de manera exacta, precisa y siguiendo lo que se había diseñado, la idea original, que era filmar todo en largas tomas ininterrumpidas. El cine es una experiencia que se logra con la fragmentación en tiempo y espacio. Si no hay montaje, todo se tiene que dar mientras lo estás filmando. Lo difícil fue marcar el punto de vista para que el lente pudiera contar la historia de manera apropiada. Rodar una comedia con una sola cámara y en una sola toma es casi suicida. Fue complicado, porque filmamos sin luces especiales, solo con las que aparecen en la escena, y muchas veces teníamos que hacer giros de 360 grados en corredores muy estrechos. Cada frase, cada broma, cada puerta que se abre tenía que salir perfecta. Éramos como una banda tocando en vivo. Yo estaba temblando detrás del monitor, pero todo recayó en los hombros del director de fotografía, Chivo Lubezki ( El árbol de la vida, Gravedad, Hijos del hombre) y por eso salió a la perfección.

 

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“Creo que todos nos identificamos con lo que cuenta la película. Yo me reconozco en Riggan Thomson, porque el proceso creativo siempre ha sido muy tortuoso para mí”.

 

Michael Keaton y Edward Norton dicen que todos los personajes de la película son diferentes versiones de Alejandro González Iñárritu. ¿Qué opinas?
Michael y Edward me han estado diciendo eso hace rato. Creo que todos nos identificamos con lo que cuenta la película. Yo me reconozco en Riggan Thomson, porque el proceso creativo siempre ha sido muy tortuoso para mí. Soy perfeccionista. Y cuando uno exige perfección, es muy difícil estar a la altura de sus propias exigencias. Mi voz interior siempre me está diciendo que podría haberlo hecho mejor. Por suerte, ahora soy mucho más consciente de ese mecanismo y no me lo tomo tan en serio.

El año pasado fue de Cuarón con Gravedad; este parece ser el tuyo. A Guillermo del Toro no le podría ir mejor. ¿Cómo explicas el triunfo del talento mexicano en Hollywood?
Se trata de varios amigos de más o menos la misma edad, que pertenecemos a la misma generación y que nos conocemos hace mucho tiempo. Me parece que todos hemos estado tratando de hacer lo que nos propusimos, y hemos contado con la suerte y la confianza para haberlo llevado a cabo. Hay muchos otros directores mexicanos que están haciendo muy buenas cosas, como Carlos Reygadas, Fernando Eimbcke, Gerardo Naranjo o Amat Escalante. Creo que es un gran momento para el cine mexicano, no solo para los que estamos en el exterior sino para los que se han quedado allí. Hay un grupo de gente joven mucho mejor que nosotros. Pronto va a llegar a Hollywood el segundo cartel…

Por estos días, el nativo del D.F. dirige a Leonardo DiCaprio y Tom Hardy en un filme completamente diferente, The Revenant, ambientado en la frontera de los EE.UU. a comienzos del siglo XIX y que servirá para mostrar que Iñárritu (como se le conoce) también puede rodar cine de aventuras. Habrá que esperar.

La fortuna de ser Birdman

Al igual que su personaje, Michael Keaton también vivió momentos de gloria en una carrera que incluye las dos películas de Batman de Tim Burton y otro clásico del famoso director, Beetlejuice, entre varios roles memorables. Gracias al papel protagónico que le ha dado González Iñárritu, a los 63 años ha vuelto a convertirse en el actor de moda y en uno de los favoritos para llevarse el Oscar al mejor actor.

¿Ha sido Batman una sombra en tu vida como le ocurre con Birdman a este personaje?
No, ya me habrían internado en un hospital psiquiátrico si fuese así. Fui muy afortunado de poder interpretar a Batman y aún más de haber podido encarnar a Birdman, porque no se parece a ningún personaje que nadie haya hecho antes, y probablemente nunca me volverá a tocar un personaje así.

¿Sientes que con esta cinta inicias una nueva etapa en tu carrera?
Sí y no. En realidad, sigo haciendo lo que siempre he hecho. Simplemente he sido afortunado de que se me presentó algo tan maravilloso. Si un espectador o un crítico me dijera que es la peor película que ha visto en su vida, yo le respondería que tal vez sea una percepción suya, porque yo he disfrutado muchísimo viéndola. La he visto tres veces. La mayoría de los actores no quiere volver a ver sus viejas películas, y yo no soy la excepción. Uno las ha hecho y prefiere pasar al próximo proyecto. En el caso de Birdman, cada vez que la miro me olvido de que yo trabajo en ella. in

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