Olivia Putman

La heredera

En su primera visita a Chile, invitamos a la directora artística del renombrado Studio Putman a descubrir parte de Santiago y, de paso, a descubrirla nosotros a ella.

Texto: Daniela Vicuña  |  Fotos: Sebastián Utreras
       

 

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Aparece de negro profundo. Elegante. Impecable. Igual que el día anterior. Solo se asoma de su cartera Louis Vuitton una pashmina naranja furiosa que no tuvo necesidad de usar; hace calor aún en Santiago.

 

¿Cuántas cosas negras cuelgan de su clóset?

Muchas, casi todas. Cuando te comienzas a vestir de negro es muy difícil volver atrás.

Olivia Putman se sienta junto a la ventana. Es su primera vez en Chile y como buena artista observa todo con mucha curiosidad. “¿Queda muy lejos nuestra primera parada?” Le contesto que en menos de cinco minutos estaremos ahí, disfrutando de la exposición Lágrimas de Luna, una increíble iniciativa de Jacqueline Domeyko y de su hijo Nicolás Tocigl sobre la herencia tras las joyas mapuches. Y sonríe entusiasmada.

 

 

Muebles de alta costura

 

Palais du Congo (23)

 

Historia del Arte en La Sorbonne y luego paisajismo. Ambas carreras fueron construyendo a esta francesa amante del diseño y más aún de su propósito. Su primera fascinación fue tomar edificios antiguos, remodelarlos y convertirlos en otra cosa completamente diferente, como el hospital Bretonneau que gracias a su ingenio transformó en un centro de arte parisino.

Y así siguió. Imparable y talentosa. Hasta que su vida profesional se cruzó con la de su madre –Andrée Putman, una de las mujeres ícono del diseño contemporáneo y creadora del renombrado Studio Putman–, y su vida de freelance sufrió un (feliz) vuelco. Han pasado ya ocho años desde que Olivia asumió la dirección artística de la oficina de arquitectura interior de su madre. “Hacía tiempo que ella quería incluirme, pero siempre le dije que, antes de aceptar esa propuesta, debía haber recorrido y explorado mi propio camino”.

 

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Olivia junto a Norbert Schien, arquitecto del Studio Putman.

La remodelación del hotel Morgans en Nueva York, el rediseño del frasco de perfume L’Air du Temps de Nina Ricci, la decoración del hotel Sofitel del Arco de Triunfo en París, escenografías, oficinas y diversos proyectos para clientes particulares alrededor del mundo, son parte del amplio portafolio que Olivia y su equipo fijo de diez profesionales han desarrollado desde 2007. “Me importa la hospitalidad, acompañar a las personas y que ellas estén agradadas, con discreción, mucho diálogo y sin imposiciones. Si estás fuera de forma, la alta costura te hace ver increíble; nosotros hacemos lo mismo con muebles”, cuenta.
En 2011, el Studio ganó el concurso internacional convocado por el Grupo LATAM Airlines para hacerse cargo del interiorismo de sus nuevos salones VIP, junto a los arquitectos chilenos Mathias Klotz y Lilian Allen. Era primera vez que Olivia y su grupo ponían los ojos en Latinoamérica y estaban expectantes con el desafío. “Nuestra idea fue siempre rescatar lo local y lograr una interpretación de la cultura latina. Lo que no significa que el gran sofá vendrá de Italia o el mejor perfume de Francia; importa que represente al continente. Finalmente abres la puerta de diferente manera cuando es un departamento en Miami o uno en Londres, por ejemplo”.

 

Sábanas blancas

Poco antes de llegar al Museo de Arte Precolombino, en el centro de Santiago, una marcha pacífica de funcionarios municipales nos detiene unos minutos. Olivia ni se inmuta y aprovecha de mostrarme en su celular una foto que le acababan de mandar desde París: sus hijos menores, unos mellizos de casi dos años, con pijama en su cama. Imposible no piropearlos; imposible no sonreír con orgullo.

 

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¿Viaja mucho?

Bastante la verdad. Vuelvo a París mañana y en diez días parto a Hong Kong por otros cinco, para terminar un proyecto de interiorismo.

Sencilla, dispuesta, amable y cercana, esta francesa de voz ronca, igual que su madre, asegura no seguir ninguna moda y usar la calle como fuente de inspiración. “Andrée fue muy humanista y le encantaba escuchar a los que la rodeaban. Yo crecí con ese referente y me gusta mucho acompañar a las personas; sentarme en el metro y conversar con la gente, por ejemplo. Tiene que ver con cultura, con arte”.

 

¿Y dónde está el lujo para usted?

En los detalles, en lo confortable. En las sábanas blancas recién cambiadas y en un lindo mantel. En hacer tu vida mejor, más limpia, más calmada, aunque no por eso más aburrida. Está muy lejos de tener que ver con el dinero.

 

 

El día ya se acaba y Olivia parece tener exactamente la misma energía de la mañana. Nos sentamos en un restaurante del barrio Lastarria: Coca-Cola Light y tartar de salmón fue su pedido. Nada de postre, sí un café expreso. Luego caminamos al Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) para conocer sus rincones, su evolución, su historia. Concentrada escucha cada relato, y se impresiona con los espacios y las exposiciones. Amazing, me dice al terminar; la misma palabra que usarían muchos para describir su trabajo y el de la oficina que dirige. in

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