Vivienne Westwood

Una dama al rape

Hada madrina del punk, contestataria, irreverente, invadió su pelo con tintes anaranjados hasta que decidió cortárselo y lucir sus canas por una buena causa. Lady Vivienne Westwood lanzó sus memorias en octubre pasado y la acusaron de contradictoria quienes no entienden que ese es, precisamente, su mayor acto de rebeldía.

TEXTO: Bárbara Espejo
       

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Gordon y Dora Swire se casaron dos semanas después de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Dos años más tarde, en abril de 1941, nació su hija Vivienne Isabel en Tintwistle, Derbyshire, Inglaterra. Vivienne pasó sus primeros años sometida a las dificultades de la guerra, que en todo caso no afectaron el potencial creativo con el que nació. Siendo aún muy niña se dio cuenta de que poseía una precoz y aguda memoria visual; también que tenía una excepcional habilidad para las manualidades. A los cinco años hizo su primer par de zapatos y casi al mismo tiempo confirmó su espíritu rebelde. Estaba en la tienda que atendía su padre cuando descubrió un calendario con una imagen de Jesús crucificado. Le preguntó a su prima Eileen de qué se trataba todo eso y ella le narró la Pasión. “No podía creer que cosas así pasaran en el mundo. Y me convertí en la única niña de cinco años de Derbyshire que luchaba por la libertad. Opositora acérrima de la persecución”, cuenta la diseñadora en las memorias que lanzó a fines del año pasado, y que aún dan de qué hablar.

Ese libro es también una reacción. La publicación de una biografía no autorizada, An Unfashionable Life de Jane Mulvagh, fue descrita por Westwood como un montón de basura y se prometió nunca más escribir sobre sí misma. Sin embargo, su tercer y actual marido, exalumno suyo y 25 años más joven, Andreas Kronthaler, le insistió en que este era el momento de contar su versión. La convenció. Junto a su amigo Ian Kelly publicó las memorias que llevan su nombre. En la tapa aparece ella, erguida, pálida como siempre, aunque no más que nunca, con un elegante y singular atuendo. Oscuros los labios, blanco el pelo, ya no naranjo ni largamente enmarañado. Se rapó para apoyar la protección del medio ambiente sin explicar demasiado la relación entre el cuidado del planeta y su pelo corto; más bien como un llamado de atención, un ejemplo de renuncia. Ha protestado también junto a PETA y otras causas ecologistas que la han vuelto blanco de críticas más de una vez.

 

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Westwood se hizo punk porque
pensó que le permitiría
“atacar al sistema de alguna manera”.

 

Púas y tartan

Vivienne Swire se hizo maestra primero. Trabajaba como profesora cuando conoció a su primer marido. Tenía 21 años, confeccionó su vestido de novia, tuvieron un hijo y luego de tres años, el matrimonio se derrumbó. Ella conservó su apellido de casada y a su hijo Benjamin. En medio del final, Vivienne conoció a un amigo de su hermano: Malcolm McLaren, quien le pareció algo grosero, pero le interesó su excentricidad, su visión cosmopolita y su hambre de mundo. El antiguo estudiante de arte la introdujo en el activismo político, le inventó un nuevo look y materializó esa rebeldía en una potencia con la que ella nunca había hecho nada.

Quedó embarazada y Rose, la particular abuela de McLaren, le dio dinero para un aborto. Ella se distrajo en el camino y compró un chaleco y un retazo de tela que le hacía juego para coser una falda. Nació Joseph. La dupla Westwood McLaren se concentró en la moda. “Descuidé a mis hijos porque tenía que dedicarme a la moda. En ese momento pensaba que la moda era como una cruzada”, reconoce Vivienne, y confiesa que se arrepiente. Pero en ese entonces, fines de la década del 60, creían que con ciertos atuendos conseguirían “luchar contra los engaños de la sociedad británica”. Westwood se hizo punk, porque pensó que le permitiría “atacar al sistema de alguna manera”. McLaren y Westwood aprendieron a cortar y coser con viejos atuendos de los 50, hasta que iniciaron sus propias confecciones inspirados en lo que vestían ciclistas, prostitutas y fetichistas. Cadenas, púas y tachas, sadomasoquismo mezclado con tartan, encajes y volúmenes victorianos, y otra serie de tradiciones británicas fueron reinventadas.

Provocaron el shock que buscaban cuando abrieron la tienda Let it Rock, que luego se llamó SEX, después Too fast to live young to die y, finalmente, Seditionaries. Malcom McLaren era además el mánager de los Sex Pistols y cuando la banda se empezó a vestir en su tienda, a aparecer sobre el escenario con los outfits ideados por Westwood, la tienda en el número 430 de King’s Road se convirtió en lugar de peregrinación. También les apedreaban la vitrina de tarde en tarde.

Pero de pronto Vivienne siente que el espíritu punk no llegó a puerto, que ya no hay ideas detrás, que la insurrección no es necesaria, se cansa del maltrato de su marido y, diría después, también de su falta de perspectiva. Se acaba el matrimonio y la sociedad. Presentan su última colección juntos en 1984. Luego Westwood deja la afilada estética punk para parodiar el estilo de las clases más acomodadas.

 

 

 

 

 

Su tercer y actual marido, Andreas Kronthaler, le insistió que era el momento de publicar sus memorias.

 

Críticas van, críticas vienen

Desde la pasarela también hace reproches a la política internacional, como cuando sus modelos desfilaron con pancartas contra Guantánamo; apoya causas animalistas y, recientemente, despotrica contra el consumo excesivo. Entonces la apuntan. Que cómo se atreve si tiene seis tiendas en Londres, exclusivas todas. “Para que las cosas cambien, primero tienes que conseguir que la gente se sienta bien. Vives mejor si llevas ropa impresionante”, declara. Esa es su primera defensa y continúa con que: “no hay que comprar seis cosas, mejor una que realmente te guste”. Luego se burla de sus adversarios al decir que esa única cosa, la pueden comprar en su tienda si quieren.

Está acostumbrada. Aunque hoy está más dedicada a la promoción de su Manifiesto y su lema: “sin arte no hay progreso” que a sus atuendos, todavía le enrostran haber coreado el himno antimonárquico “God Save The Queen” con los Sex Pistols, para luego, en 1992, asistir a Buckingham a recibir la orden del Imperio. Lo que no todos saben es que incluso entonces la Westwood iconoclasta estuvo presente. Un fotógrafo impertinente descubrió que la debutante Lady iba sin ropa interior. Ella vuelve a reírse: “Conozco un hombre que trabaja para la reina y por lo visto a ella le pareció bastante gracioso”.

Esa es su contundencia. Su rebeldía imbatible está en lo que el resto cree es incongruencia. Su revolución y su influencia ha sido no ver contradicción en lo que para la mayoría es sencillamente excluyente. Vivienne Westwood es la encarnación de la elegancia y el punk y esa ha sido su gran lección. in

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