El milagro del desierto

Alexis Sánchez

De las polvorientas canchas del norte de Chile a los cuidados céspedes europeos. Pequeño, rápido y de regateos endemoniados, este es el asombroso ascenso del Niño Maravilla a la cima del fútbol.

Texto: Ramiro Martín @RamiroMartinBCN    ilustración: GONZALO MARTÍNEZ
       

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Calama, Chile, 2005. “Déjame unos días al niño”. La frase ilustra el impacto que causaba Alexis Sánchez siendo todavía un futbolista adolescente. Dejar “unos días” al “niño” era lo que le pedían diversos clubes de Tocopilla a su entrenador Juan Segovia. Contar con él era aspirar a ganar, pues marcaba la diferencia. Para sus compañeros, sin embargo, no era “el Niño”, era “Dilla”, porque por su fútbol rápido y escurridizo parecía una ardilla. El rumor sobre el talento de Alexis llegó en 2003 a Calama, en medio del desierto más árido del mundo. El club Cobreloa no dudó en agregarlo a sus filas y pocos meses después el entrenador del primer equipo, Nelson Acosta, lo sumó a la plantilla profesional. Alexis tenía 15 años. Su debut fue en 2005. El día: 12 de febrero. Fue victoria 5 a 4 contra Deportes Temuco. Su juego atrevido y su juventud ayudaron a que lo bautizaran “niño maravilla”, una idea del periodista Jaime Cortés. Debut y bautismo: algo muy grande estaba pasando en la vida de Alexis.

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Nueve goles en doce partidos fue el último registro de Alexis en Cobreloa antes de viajar a la capital y sumarse al equipo más popular del país. Había llegado la hora de ganar títulos y convertirse en ídolo.

Santiago de Chile, 2006. En su llegada a la capital, al Niño de Tocopilla le guiñó un ojo la suerte: coincidió con una gran generación de futbolistas. El Colo-Colo de Claudio Borghi le esperó con jugadores de la talla de Arturo Vidal y Humberto Suazo, emblemas del fútbol chileno de los últimos años. Los títulos llegaron. Fueron un par. Los torneos Clausura 2006 y Apertura 2007. Y nueve goles en 48 partidos. Pero, más allá de guarismos, Alexis dejó la sensación de ser, por talento y desarrollo físico, un jugador de otro nivel. Así lo entendió el poderoso River Plate argentino, que había sido una de las víctimas del Colo-Colo de Alexis en la Copa Libertadores, competición en la que, además, supo doctorarse en términos goleadores con un hat-trick al Caracas venezolano.

 

Buenos Aires, Argentina, 2008. Si hay una constante en la carrera de Alexis es que ha destacado en equipos que contaban con grandes jugadores. Igual que en Colo-Colo, también en River Plate se encontró con una plantilla de primer nivel. Radamel Falcao recuerda a su compañero chileno: “Sabíamos que iba a llegar lejos. Mostró nivel desde el primer momento”. El colombiano era entonces, como Alexis, un estrella en ciernes, una promesa valiosa. Alexis aterrizó, además, en un vestuario liderado por Ariel “el Burrito” Ortega, legendario delantero riverplatense y Leo Ponzio, mediocampista que ya había jugado en Europa. A todos ellos los comandaba un joven pero prometedor técnico: Diego Simeone. Alexis recuerda su etapa en River como la de un aprendizaje total. Con 19 años fue campeón con uno de los más grandes equipos de Sudamérica. Fueron cuatro goles en 31 partidos y un título, el del Torneo Clausura 2008.

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Desde el Cobreloa del desierto al Arsenal de Londres. Una vida de regateos y fantasía con la pelota.

 

Udine, Italia, 2008. Alexis jugó 112 partidos con la camiseta del Udinese. Marcó 21 goles y dio a sus compañeros 16 pases para que fueran ellos los que convirtieran. Pero más que sus estadísticas, lo que sorprende de sus tres temporadas en el Calcio es la evolución imparable que tuvo. Llegó casi como un desconocido y acabó siendo considerado a la par que el ídolo local Antonio Di Natale, con quien fraguó una dupla que superó en registros goleadores a míticos duetos, como el de Maradona y Careca en el Nápoli de fines de la década de 1980.

Fue una etapa sin títulos, pero de un gran desarrollo personal. Aprendió el idioma de Dante y se forjó como jugador top.

Barcelona, 2011. “Es exactamente lo que necesitamos”, le dijo el entrenador del FC Barcelona, Pep Guardiola, a su amigo y director deportivo del club, Txiki Begiristain. Hablaba de Alexis. Pep estaba buscando un perfil muy peculiar de delantero. Goleador, pero con técnica para jugar por banda; talentoso, pero con sacrificio para ayudar en defensa; de los mejores del mundo, pero que aceptara que, estando Messi, no podría aspirar a ser la estrella del equipo. Alexis cumplía con todos los requisitos. Para acabar de convencerse, Pep llamó a su admirado Marcelo Bielsa, responsable de la explosión del tocopillano en La Roja. El argentino elogió el fútbol de Sánchez. Al catalán no le hizo falta más y convenció al Barça para que pagara lo que fuese necesario. El traspaso se acordó en 37 millones de euros.

Guardiola hizo debutar al chileno en el partido más importante del principio de temporada: el choque ante el Real Madrid por Supercopa de España. Su soltura sorprendió. El Barcelona se llevó el título. En el Barça ganó seis torneos. Jugó 141 partidos, marcó 47 goles y dio 32 asistencias de gol. Barcelona templó su carácter y solidificó su autoconfianza. “Soy un jugadorazo”, se golpeó el pecho alguna vez tras las críticas recibidas después de un partido flojo.

Londres, 2014-2015. El legendario entrenador alsaciano del Arsenal, Arsene Wenger, buscaba un delantero fuerte que dotase de carácter a su equipo, un conjunto siempre muy técnico, pero poco aguerrido. Alexis encajaba a la perfección en sus planes y el conjunto de Londres, famoso por vender al Barcelona sus jugadores, se convirtió en comprador, pagó una cifra cercana a los 50 millones de euros y le ofreció a Alexis lo que pretendía: ser el solista principal de un equipo top de Europa. “Es un guerrero, por eso lo queremos”, dijo Wenger. El bando gunner de la Londres futbolera, es decir: la hinchada del Arsenal, lleva más de un año a los pies de quien el entrenador Arsene Wenger ha bautizado como “el Guerrero”. Pero detrás de la figura apolínea del nuevo héroe de la Premier sigue viviendo el niño tocopillano que supo enseguida que había nacido para viajar.

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Alexis y su eterna alma de niño. Juega donde esté y regala pelotas en Tocopilla.

 

Santiago de Chile, 2015. Dejar a la selección argentina de Leo Messi tendida a sus pies puede ser obra solamente de un jugador extraordinario. El penal más celebrado de la historia del fútbol chileno fue un toque sutil que, emulando a Antonín Panenka, Alexis se inventó para desconcertar al gigantesco arquero argentino Romero. Alexis, que en 2008 había marcado de penal el primer gol de la era Bielsa –acaso el germen de lo que terminó floreciendo como la mejor Roja de todos los tiempos– cerró de alguna manera el círculo virtuoso con la Copa América, el primer título en la historia del fútbol chileno.

Tocopilla, ayer, hoy y siempre. A Alexis la vida y la carrera le sonríen. Es una celebridad. Pero, ¿qué sigue intacto en el ídolo? El niño tocopillano que decidió viajar y ponerle el cuerpo a sus sueños. Pero que siempre vuelve a esa tierra en la costa del norte de Chile. Lo hace cada año, para hacer de ayudante del Papá Noel y, arriba de un camión, recorrer sus arterias y lanzar juguetes a los más pequeños para celebrar y estar junto a la gente que, desde los tiempos en que le llamaban “Dilla”, saben quién es realmente el protagonista del milagro del desierto. in

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