Nuestro continente según

David Byrne

Primero fueron sus ritmos, luego vino su cultura, sus recorridos en bicicleta, su gente. Esta es la historia del ex Talking Heads y su devoción por Latinoamérica.

Texto: Carola Reyes @la_caco
       

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FOTO: getty images

 

Aburrido de la música dance de los setenta, David Byrne (Escocia, 1952) investigó y adoró los bailables sonidos latinos, tanto, que grabó Rei Momo (1989), su primer LP como solista. Un trabajo –uno de los mejores de su carrera en solitario– dominado por mezclas de cha cha chá, cumbia, merengue y colaboraciones con estrellas tropicales de la talla de Celia Cruz.

Pero tras su primer concierto como solista en Buenos Aires, acompañado de una gran banda continental, el ex Talking Heads solo sintió sorpresa. El público no reaccionó como esperaba. “Daba por sentado que, aunque la generación actual no los tocara, todos los compases y sabores de la música latina serían muy familiares aquí, pero no lo eran”, relata en Diarios de bicicleta (Penguin Random House, 2009), libro que compila crónicas de su paso por distintas ciudades del mundo, las que recorre, principalmente, en la bicicleta plegable que lleva en su equipaje hace tres décadas.

 

Su libro Diarios de bicicleta (Reservoir Books) y la portada del álbum Rei Momo (1989), donde hace patente su gusto por los ritmos latinos.

Su libro Diarios de bicicleta (Reservoir Books) y la portada del álbum Rei Momo (1989), donde hace patente su gusto por los ritmos latinos.

De los lugares que visita, Byrne saca conclusiones. Dice que la mentalidad del prójimo se refleja en la ciudad donde vive. “Los argentinos tienden a considerarse más europeos y, por consiguiente, más sofisticados que sus vecinos brasileños (…) es una pauta que se percibe y observa tanto en la arquitectura como en la cocina y forma de vestir”, reflexiona tras su paso por la capital porteña, que llama “el París del Sur” y una de sus ciudades favoritas en el mundo. De ella destaca su clima templado y el orden cuadriculado de las calles, ideal para moverse sobre dos ruedas. “Puedo pasar de un barrio a otro siguiendo el recorrido de un extenso parque o el paseo que bordea la orilla del río”, explica.

Compara el barrio de Recoleta con el Upper East Side de NY y el distrito XVI de París: “elegante, antiguo, con edificios de departamentos de estilo europeo con tallas ornamentales (…), boutiques de ropa cara y restaurantes selectos”.

También se relaciona con lugareños, principalmente artistas. Por ejemplo, tomó el té con Mercedes Sosa y León Gieco, y salió con Charly García de madrugada. De ahí que no dejara de impresionarse con la intensa vida nocturna de los bonaerenses: “conciertos tarde, gente de fiesta hasta el alba. Los restaurantes cierran a las 4 am, las calles están llenas y los cines ofrecen funciones a la 1 am. Una ciudad de vampiros”.

 


 

Paraty ( or Parati ),  a preserved Portuguese colonial and...

FOTO: getty images

Brasil: de la selva a la gran Urbe

Sus travesías por Latinoamérica también están inmortalizadas en posteos que publicó en su blog en 2011, cuando vino como conferencista pro bicicleta y transporte sustentable.

Comenzó por Paraty, en Brasil, que definió como “encantador y más bien turístico”. Ahí llegó cuando se realizaba el festival literario Flip, uno de los tantos eventos culturales del pueblo costero que también cuenta con citas dedicadas al cine, al jazz y a la cachaça. Allí aprovechó de pedalear fuera del centro durante tres horas hasta Cachoeira, una cascada en la que no se atrevió a saltar porque el agua le pareció helada y en cuyo camino, en plena selva, divisó una antena satelital. “Aún en este remoto lugar, alguien se las arregla para ver telenovelas”, pensó.

Su siguiente destino fue São Paulo, donde alojó en una zona que le pareció similar a Beverly Hills, con propiedades protegidas por altas murallas. Según sus palabras, “no puedes ver más que la parte superior de las casas, las columnas corintias o falsos techos Tudor”.

En su excursión en bicicleta se perdió y optó por pedalear en calles aledañas a las principales. Así llegó hasta el concurrido barrio Liberdade, el Japón brasileño, donde anduvo entre construcciones antiguas, plazas y paseos peatonales. “Me encantaron los locales de comida que vimos por todos lados. Sus vitrinas lucen coloridos potes con frutas tropicales que invitan a entrar, algo así como una decoración comestible (…) Son cómodos y acogedores”.

 


 

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FOTO: sebastián utreras

Santiago curioso

La mañana que llegó a Chile, hubo un temblor grado seis cerca de Valparaíso. Entonces vio que nadie se alarmó, aprendiendo de la inmunidad chilena ante los sismos. Los “quiltros” (perros callejeros) también atraparon su atención. “Se ven dulces y, la mayoría, duerme plácidamente”. Byrne fue a comer mariscos. “Hay abundante variedad en la costa del Pacífico y los menús son como carta de vino. Los pescados están listados según el tipo de agua del que proceden, profunda o no tanto, río o islas”, detalló. Otra impresión culinaria se la llevó cuando quiso tomar desayuno un sábado en la mañana, porque “anduvimos por el centro de la ciudad y estaba todo cerrado, excepto un local en Plaza de Armas, así es que ahí fuimos”.

Antes de tomar la bicicleta, anduvo en metro, que le pareció muy limpio y tranquilo. Pedaleando llegó hasta el barrio Bellavista, que describió como un área de edificios bajos que está repleta de restaurantes y cafés, con casas de techos de hojalata y fachadas bávaras, vestigios de las inmigraciones pasadas. Y más tips gastro de Byrne en Chile: el restaurante The Clinic. Un imperdible porque “es como nada que haya visto en otro lugar del mundo”.

 


 

Lima - City Sights

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Surf y cebiche en Perú

En Lima, David Byrne comió mucho cebiche y anduvo en bus entre Miraflores y el centro de la ciudad. Quedó maravillado por lo rápido del transporte público que corre por las pistas exclusivas de alta velocidad. También tomó clases de surf en la playa aledaña a Miraflores, “bajo un acantilado que recorre toda la costa, tal como en Santa Mónica”.

Más tarde, en Chorrillos almorzó cebiches y pescados guisados en el pequeño restaurante familiar Sonia. “Realmente agradable y sin pretenciones”. Lo que más destacó es que “nos dejaron entrar con nuestras bicicletas al local”.

Otro lugar donde probó un menú marino, pero con influencias japonesas, fue en Rafael. Y fue tajante: “realmente increíble, una de las mejores comidas que he probado”, entendiendo también por qué Perú saltó al mapa de la gastronomía mundial. in

 

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