Roberto Carlos

O Rei

Mezcla de obsesiones, fijaciones religiosas y talento, el cantante brasileño se mantiene en la cúspide musical y asoma como referente para las nuevas generaciones.

Texto: Daniel Setti
       
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Siempre se presenta como un misterio difícil de descifrar la transformación de un antiguo ícono, presuntamente fuera de moda, que de pronto se convierte en un renovado personaje cool.

Es el caso de Roberto Carlos Braga (74), el cantautor brasileño que regresa en mayo con una serie de conciertos por América Latina y que, tras una extensa carrera musical, aparece como estrella de una nueva generación de hipsters que vuelven a verlo como un referente y figura en el ámbito de la música.

Todo esto sucedió después de que el cantante popular más afamado de Brasil iniciara, a mediados de los 70, un viaje que lo llevó a un extenso periplo de canciones románticas, religiosas y ecológicas. Todo, pensando en un público mayor.

Un poco antes, entre 1964 y 1971, Roberto Carlos se había impuesto en el mercado con nueve discos clásicos que se ubicaban entre la llamada jovem guarda (modalidad de rock brasileño de los 60) y el soul. También protagonizó películas de aventura y terminó por conquistar un espacio en el disputado cetro de los grandes de la música popular de su país.

 

La fórmula eterna

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Roberto Carlos Braga nació en 1941 en la ciudad de Cachoeira de Itapemirim, en el estado del Espírito Santo (vecino a Río de Janeiro, ciudad donde vive hace casi 40 años, en el barrio de Urca).

El Rei empezó a cantar a los nueve años y estrenó disco a los 18 bajo el título de João e Maria/Fora do Tom. Desde entonces, su voz precisa y aterciopelada, influenciada por cantantes como João Gilberto, Tony Bennett y Elvis Presley, se convertiría en un sonido familiar y parte de la memoria afectiva de millones de personas. Todo, gracias a un amplio catálogo de más de 200 canciones sinceras y confesionales. Un éxito compartido, ya que buena parte de ellas fueron compuestas en colaboración con su viejo amigo Erasmo Carlos.

Roberto Carlos tiene una trayectoria musical impresionante: ha vendido más de 120 millones de discos. Su primer lanzamiento para el mercado hispanohablante fue Roberto Carlos Canta a la Juventud, de 1965. Hace años que es revisitado por grandes intérpretes del mainstream mundial, desde Sylvie Vartan a Andrea Bocelli. Eso sin contar a los artistas brasileños –como Nação Zumbi y Seu Jorge–, quienes lo consideran un referente imprescindible.

 

Mito excéntrico

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Es cierto que parte de esta consagración de Roberto Carlos en una especie de héroe vintage se explica por las peculiaridades y excentricidades de un artista único.

Algo –mucho en realidad– tiene que ver la extensa lista de rituales que son su sello: vestirse solo con colores blanco y azul, salir por las mismas puertas por donde entra, y usar siempre un corte de pelo corto adelante y largo atrás. O las presentaciones anuales que, desde 2005, realiza en un crucero atiborrado de fans. También su insistencia en sacar un disco al año, el cual invariablemente se titula Roberto Carlos y que tiene en la carátula la misma mirada melancólica.

“El mito Roberto Carlos se construyó a la imagen y semejanza del brasileño más típico y sencillo, con sus fragilidades e ilusiones románticas, pero también con sus dosis monumentales de ternura, transparencia, sinceridad, sensibilidad y simplicidad”, escribió en 2008 el crítico musical Pedro Alexandre Sanches, autor del libro sobre el cantante Como Dois e Dois São Cinco (2004). Sanches lo define como “el más brasileño entre todos los brasileños”.

En distintos puntos de sus 56 años de carrera, Roberto Carlos ha pasado por diversos “redescubrimientos”. El primero, quizás el más destacable, ocurrió en el lejano 1967, cuando los llamados “tropicalistas”, capitaneados por Caetano Veloso, decidieron incluirlo entre sus inspiraciones vanguardistas y como referente kitsch. Para el grupo, integrado también por nombres de la talla de Os Mutantes y Gilberto Gil, la rebeldía romántica de temas de la primera etapa de “Su Majestad”, como “É Proibido Fumar” y “Eu Te Darei o Céu, eran tan esenciales como la bossa nova de Tom Jobim y João Gilberto.

En su libro Verdade Tropical (1997), Caetano menciona a Roberto Carlos 35 veces, clasificándolo como parte del “ideal transformador”. Los dos artistas, por cierto, mantienen buena relación hasta el día de hoy.

Otro momento de reevaluación de la obra del Rei sucedió en la segunda mitad de los años 90, cuando Djs empezaron a investigar álbumes de artistas de las dos décadas anteriores, de sonoridad más cruda y espontánea. Fue cuando nuevamente apareció en escena –y en las pistas de baile– Roberto Carlos.

El astro brasileño afirma que no se ha podido recuperar de de la muerte de Maria Rita, su tercera y última mujer en 1999. Roberto, fervientemente religioso –hecho que ha marcado su música–, reniega de una porción considerable de su obra por motivos de credo.

Caprichos de un rey sin contrapeso. in

 

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Para disfrutar de este gran artista, busque una selección de temas en nuestra cuenta de Spotify in-lan bajo el nombre de O Rei.


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