Sebastião Salgado

Considerado uno de los mejores fotógrafos vivos del mundo, el artista brasileño se ha empeñado en inmortalizar el alma y las penurias del planeta y sus habitantes.

Texto: ADRIANA FERREIRA SILVA
       

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FOTO: getty images

 

Cuando el director de cine Juliano Ribeiro Salgado tenía cinco años, solía disfrutar la cara de espanto y sorpresa de sus profesores siempre que contaba que su padre, Sebastião Salgado, pasaba meses fuera de casa, registrando imágenes por el mundo. “Me sentía muy orgulloso de él y de lo que hacía, pero solo me di cuenta de la real importancia de sus fotografías después de la divulgación del proyecto Sahel, cuya publicación causó gran repercusión en la sociedad francesa”, recuerda el cineasta, hoy de 41 años.

Fue precisamente Sahel el trabajo que posicionó a Salgado como ícono mundial de la fotografía. El proyecto consistía en un reportaje hecho a lo largo de 15 meses en el cual, junto a la colaboración de la ONG Médicos sin Fronteras, se reveló al mundo la situación de miseria que afectaba a refugiados, víctimas de la sequía, de la guerra y el hambre en países como Etiopía, Mali y Chad.

“Esos registros lo llevaron a encontrar una razón para su ocupación”, cree Juliano. Y agrega: “Fue el momento en el cual Tião –su apodo– decidió poner su fotografía al servicio de las personas transformando su actuación en un canal para denunciar las desigualdades”.

 

Caminatas eternas

El gusto de Sebastião Salgado por la aventura empezó cuando niño, en largas caminatas cruzando montañas en la ciudad de Aimorés, donde vivían sus padres. En su biografía De Mi Tierra a la Tierra (2013), escrita con la periodista francesa Isabelle Francq, el artista afirma que aprendió a viajar explorando los caminos en dirección a la casa de sus hermanas mayores.

“Recorría en solitario distancias equivalentes a las que separan París de Moscú o de Lisboa”, rememora. “Además caminábamos hasta 45 días para llevar los animales de mi papá al matadero, ubicado a cientos de kilómetros de mi casa, cruzando haciendas, forestas y ríos”.

Sus peregrinaciones por los campos siguieron hasta que cumplió 15 años. A esa edad Sebastião se cambió a Vitória, capital de la provincia vecina Espírito Santo. En la ciudad, conoció Lélia Deluiz Wanick, su esposa hasta hoy.

 

Salgado visitó 23 países entre 1986 y 1993 para documentar el trabajo en la era industrial. Así nació Workers, libro del cual se imprimieron más de 100 mil copias.

Salgado visitó 23 países entre 1986 y 1993 para documentar el trabajo en la era industrial. Así nació Workers, libro del cual se imprimieron más de 100 mil copias.

FOTO: latinstock/alamy

 

“Cuando pensé en escribir la biografía, sugerí a los editores hacer un libro sobre los Salgado”, dice la periodista Isabella Francq. “A pesar de ser un fotógrafo reconocido, ellos funcionan como una pareja. Lélia es quien hace las cosas posibles. Sin ella, los proyectos no existirían. Solo quedarían las ideas”, dice.

Isabelle descubrió la sinergia entre la pareja frecuentando el departamento donde viven Sebastião, Lélia y su hijo menor, Rodrigo, de 36 años. Los tres viven en París, a la orilla del Canal St. Martin. En el refugio parisiense, la familia organiza fiestas de Navidad y la tradicional celebración de cumpleaños del hijo más joven, portador del Síndrome de Down.

 

El atentado a Reagan

Salieron de Brasil en 1969 huyendo del caos político. “Cuando embarcamos en el navío sabíamos que, si nos encontraban, nos llevarían a la cárcel”, recuerda Salgado.

En París, la joven pareja siguió con sus estudios. Lélia, en arquitectura; Sebastião, en economía. En 1971 se mudaron a Londres, donde él consiguió un trabajo en la Organización Internacional del Café. El cargo proporcionó al fotógrafo sus primeros viajes a África, continente al cual regresaría muchas veces. Una cámara fotográfica Leica solía ser parte del equipaje de Sebastião. “Durante mis viajes a Ruanda, Burundi, Zaire, Kenia o Uganda, me di cuenta de que las fotos que tomaba me dejaban mucho más feliz que los informes que tenía que escribir al volver a Londres”, dice en su biografía.

En 1973, incentivado por su mujer, el joven economista abandonó su buena vida en Londres y regresó a París para empezar una carrera como fotógrafo independiente. Desde el comienzo, desarrolló una empatía por la fotografía social. Ese interés, según Salgado, es la prolongación de sus ideales políticos y orígenes.

 

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FOTO: ©Sebastiao Salgado / Amazonas images

 

Antes de crear su propia empresa, Amazonas Image, Sebastião Salgado trabajó en importantes agencias. Y registró momentos históricos, como el atentado contra el presidente norteamericano Ronald Reagan, el 30 de marzo de 1981.

Su talento como reportero transformó sus proyectos en grandes investigaciones que le tomaban meses, incluso años. Así nacieron Latinoamérica (1977-84), sobre las profesiones donde la mano del hombre estaba en vías de ser sustituida por máquinas, y Éxodos (1993-99), en el cual inscribe las penurias de los migrantes.

 

Génesis

En 1998 creó el Instituto Terra, cuya misión fue reconstruir la foresta devastada en el terreno donde vivían los padres del fotógrafo. Hoy, dos millones de árboles cubren más de siete mil hectáreas antes degradadas.

Esa nueva relación con la naturaleza inspiró su último proyecto, Génesis, realizado entre 2004 y 2012, período en el cual el fotógrafo registró espacios preservados alrededor del globo, en busca de los orígenes de la especie humana. La trayectoria del célebre fotógrafo es expuesta por su hijo Juliano y el cineasta alemán Wim Wenders en La sal de la Tierra (2014), filme laureado con el César y nominado al Óscar de mejor documental, ambos en 2015.

La obra permite comprender las motivaciones que llevaron a este hombre a fotografiar el alma del planeta y los seres humanos. Todo, en un click inmortal. in

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