Los técnicos del cine

Ejército en las sombras

¿Qué sería de Birdman sin su director de fotografía o de El Gran Gatsby sin su diseñadora de vestuario? En cada película hay un grupo humano formado por profesionales y operarios de distinto nivel y grado, bajo la autoridad del director. Un aplauso para el indispensable crew.

Texto: Daniel Villalobos @villalobosjara
       

 

El chiste en el Hollywood clásico era que los filmes serían vehículos de la expresión del alma del artista cuando un día de rodaje fuera tan barato como una hoja y un lápiz. Hasta que eso no sucediera, las películas serían producciones de alto costo y complejo diseño, en las que debería contarse con dinero suficiente para pagar no solo a las estrellas sino también al invisible, ultraprofesional e imprescindible equipo técnico, descrito por los productores –entonces como hoy– desdeñosamente como “the crew”.

El director estadounidense David Mamet (El último golpe, 2001) tiene sobre su escritorio un papel con la frase: “Todos los errores se cometen en preproducción”, lo que significa que los ensayos, malas ideas, escenas fallidas e improvisaciones deben concebirse y morir en la mesa del guionista antes del primer día de rodaje. ¿Por qué? Porque una vez que se convoca al ejército de personas que gira en torno a una filmación, empieza a correr una cuenta regresiva definida por cuántos días de sueldo se le pueden pagar al elenco y al ya mencionado equipo técnico.

 

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FOTO: sobras producciones

QUIÉNES SON

A nivel global –en una enumeración que varía de país en país– el equipo técnico incluye:

El productor asistente, el productor en terreno y su equipo.

El director de fotografía y sus asistentes, responsables del diseño de las imágenes.

Los camarógrafos y sus asistentes, responsables de capturar las imágenes ordenadas por el director de fotografía.

Los sonidistas y sus asistentes, encargados del registro de sonido en el set.

Los electricistas, técnicos a cargo de las herramientas de iluminación.

El director de arte y sus asistentes, que controlan divisiones específicas del filme como vestuario, utilería y maquillaje.

El continuista, quien lleva la cronología de las escenas filmadas en comparación con el guión. Suele también trabajar en estrecha colaboración con el montajista.

Algunos historiadores del cine consideran al catering y a los extras como parte del equipo técnico.

 

Tallarines y uniforme policial

 

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Equipo de filmación en el rodaje de la cinta Aftershock (2012).

FOTO: MALA JUNTA

 

Más allá de la romántica visión que algunos críticos tienen del medio como vehículo exclusivo de la mirada de un cineasta sobre el mundo (la legendaria “teoría del autor”), lo cierto es que la calidad y especialización de camarógrafos, sonidistas y electricistas suele ser decisiva para el resultado de una película. Fue lo que vivió Orson Welles en carne propia cuando en los años 50 emigró de Hollywood a Europa y se encontró con operarios y tecnología que estaban lejos de los avances de los grandes estudios; un dolor de cabeza que lo llevó a cambiar no solo la naturaleza de sus historias sino su propio estilo de montaje.

Dicho eso, es bueno apuntar que un set donde los camarógrafos tienen sus asistentes y subasistentes, y donde cada sección está compartimentada y definida, es una situación ideal que se da en las grandes producciones. Lo normal en el cine independiente (y en industrias pequeñas o en formación) es que el equipo técnico se reduzca al mínimo y que unas pocas personas cumplan varias funciones.

 

Jeep de combate

 

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FOTO: aftershock

 

Un buen equipo técnico –que por definición es además un equipo artístico– también resuelve problemas, detecta vacíos y pone sobre la mesa soluciones que a veces involucran a varios departamentos. Aunque hay ocasiones donde es un actor el que salva el día. Como sucedió en el rodaje de Catch-22 (1970), la comedia negra de Mike Nichols sobre el ejército, donde fue Orson Welles –de nuevo– quien aportó una idea sacada de la necesidad de ahorrar tiempo y dinero.

Nichols quería filmar una larga escena en un plano donde la cámara se deslizaba lentamente sobre un riel a lo largo de una pista de aterrizaje. El día de filmación, el riel no funcionó. Repararlo significaba enviar todo el tinglado de vuelta al estudio, alterar el calendario de rodaje y, además, perder a un actor que debía volver a Hollywood a trabajar en otra película. Nichols consideró eliminar la escena. Hasta que Welles le dijo que montara la cámara completa sobre un jeep de combate y le quitara la mitad del aire a las llantas. Eso hizo que el vehículo pudiera imitar la fluidez del movimiento del riel sin la vibración en el lente que se produciría con las llantas infladas a plena capacidad.

 

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FOTOS: latinstock / corbis, getty images

 

Los responsables de transporte y utilería desmontaron los asientos del jeep para dejar lugar a la cámara. Los técnicos la sujetaron con cuerdas y ganchos, y luego instalaron un tablón donde se equilibró el operador encargado de manejarla.

Nichols casi lloró de alegría, Welles recibió un canasto de licores como agradecimiento y sería hermoso decir que la escena es uno de los grandes momentos de Catch-22, pero lo cierto es que se eliminó del montaje final por problemas de tiempo.

El cine, ya se sabe, puede ser cruel. Sobre todo a la hora de repartir beneficios de forma justa, lo que explica que una de las grandes fuerzas en las industrias cinematográficas del primer mundo sean los sindicatos de técnicos. Estas agrupaciones han conseguido a lo largo de varias décadas de trabajo, huelga y negociación que sus miembros gocen de los beneficios laborales que en otras profesiones serían considerados derechos básicos, como seguros de salud y horarios fijos de trabajo.

 

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FOTO: cristian robles

 

El cine también es una industria que históricamente ha atraído a sus filas a gente ansiosa de un oficio fuera de lo común, excitante, inestable y lejos de la rutina de los humanos normales. Los miembros de los equipos técnicos del cine mudo, esos pioneros que clavaron, pintaron e hicieron explotar los sets de leyendas como Charles Chaplin, Sergei Eisenstein y Buster Keaton eran a menudo obreros semianalfabetos que aprendían la profesión mientras la inventaban. Algunos de ellos (el caso de John Ford) llegaron a ser grandes directores por derecho propio.

Otros aterrizaron en el cine desde rutas más prestigiosas, como el cineasta Otto Preminger, quien antes de filmar se educó como director teatral. Sin embargo, todo su pedigrí no le sirvió de nada cuando en 1960 se encontró filmando Éxodo en plena Jerusalén y descubrió que no tenía dinero para pagar a los miles de extras que necesitaba. La solución se la dio un técnico local: si no puedes pagarle a un extra, cóbrale. Preminger empapeló la ciudad con avisos que decían: “Aparezca en una película por diez shekels”. Así obtuvo sus extras, la escena se rodó a tiempo y el resto es cine. in

 

 

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CUADRO DE HONOR

Muchos técnicos y artistas latinos han ganado premios a lo largo de la historia. Aquí destacamos algunos.

Gabriel Figueroa
DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA
Premio Ariel de México por Los olvidados (Luis Buñuel, 1951).

Juan Carlos Macías
MONTAJISTA
Cóndor de Plata 1986 por La historia oficial (Luis Puenzo, 1985).

Emilio Mendoza & Ricardo M. Kaplan
DISEÑADORES DE PRODUCCIÓN
Premio Ariel de México por Como agua para chocolate (Alfonso Arau, 1992).

Daniel Rezende
MONTAJISTA
Premio BAFTA de Inglaterra 2003 por Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, 2002).

José Luis Díaz
SONIDISTA
Óscar 2009 por El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009) y 2014 por Relatos Salvajes (Damián Szifron, 2014).

Graciela Oderigo
DIRECTORA DE ARTE
Premio de Festival de Cine de La Habana por Leonera (Pablo Trapero, 2008).

 

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