El lujo de lo irrepetible

Atrás quedan los días donde lo lujoso se medía en cuán dorado era algo. Este siglo está valorando mucho más los placeres del día a día, el tiempo libre, los eventos exclusivos y las aventuras únicas. Experiencias que marcan. Esta es nuestra selección.

Texto: Rodrigo Barría / Mariano Tacchi  @playeroycasual |   ilustraciones: Óscar Chávez
       

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Disfrutar del ocio, sin culpas

¿Se imagina estar sentado en su sillón por un día completo, comiendo pizza y viendo un maratón de House of Cards en Netflix sin que nadie lo moleste? Tomarse un tiempo de relajo como ese es, para muchos, la demostración máxima del lujo. Tener la posibilidad de que el ocio se adueñe de nuestras vidas es un bien pocas veces valorado. Por lo mismo, tome su computador y entre a eBay, ponga en su carro de compras Galveston, la novela de Nic Pizzolatto (el creador de True Detective), los mejores 15 dólares que puede invertir, y luego pase a la sección de vinos del sitio. Acá es donde puede darse un pequeño lujo: cepas de todo el mundo (principalmente españolas y francesas, aunque también se puede encontrar varias latinoamericanas) que bordean los 50 dólares, donde lo importante es la edad de los vinos. Imagine eso en su futuro: leer una buena novela con una copa de un vino en su mano. Esa sí es una forma de invertir su tiempo.

 


 

Vivir un carnaval

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Quien haya vivido la experiencia de asistir al Sambódromo de Río de Janeiro o haya apreciado un baile de máscaras en los canales de Venecia –casi siempre en febrero de cada año– sabe que no existe nada igual. Que lo que sintió ahí no se repetirá jamás. Esa adrenalina se compara a pocas cosas, o no se compara con nada simplemente. Pero hay también opciones menos mediáticas e igual de inolvidables.

Influenciado por las fiestas que los conquistadores y luego los esclavos realizaban en Cartagena de Indias, el Carnaval de Barranquilla adaptó el espíritu alegre y transformó una juerga más bien simple en conmemoración entrañable y multitudinaria donde la ley que impera es la música, danza, teatro, comparsas y disfraces.

Con una onda mística irrumpe el Burning Man, festival cultural que tiene por fin quemar una gigantesca estatua de madera. Creado en California en 1986, se lleva a cabo en el desierto de Black Rock en Nevada, EE.UU., durante los últimos días de agosto y los primeros de septiembre.

carnavaldebarranquilla.org

burningman.org

 


 

Escapar del mundanal ruido

Esta sí que es una alternativa solo para millonarios: ser dueño de una isla. Ser poseedor de un pedazo de tierra en medio del mar habla de exclusividad, estatus y glamour.

Existe una zona en el mundo cuya pequeña isla, de aspecto paradisíaco, funciona como exclusivísimo resort al que llegan unos pocos afortunados para ocupar algunas de sus magníficas villas. El sitio está en Maldivas, la isla se llama Kuda Hithi y el hotel, Coco Privé.

¿Quieres escapar del mundo moderno? Pues al pequeño islote en medio del océano Índico solo se llega a bordo de un yate que navega por aguas turquesas donde se aprecian los corales. En Coco Privé lo que domina es la arena blanca, palmeras, un mar soberbio y la sensación de ser el único ser humano vivo en este mundo.

cocoprive.com

 


 

De vacaciones al espacio

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Desde que el hombre pisó la luna, apenas unos 500 seres humanos han estado en el espacio. Un número mínimo. Solo un puñado de afortunados.

En este mismo momento, no más de diez personas están allá arriba, observándonos a todos. Pero eso cambiará en un par de años con el turismo espacial, una industria aún en fase de prueba, pero que inevitablemente llevará –al parecer a partir de fines de año– a miles de personas a apreciar la Tierra de la misma forma que unos pocos.

Varios empresarios han trabajado en sus respectivos proyectos para dominar un mercado que, cuando esté operativo y en el plazo de una década, se calcula que transportará a unas cuatro mil personas.

Virgin Galactic y su nave SpaceShipTwo sería la primera en partir desde un aeropuerto especialmente construido en Nuevo México. La aeronave llevará cuatro pasajeros y dos pilotos. Será un vuelo de apenas dos horas donde se llegará a ¡cien kilómetros de altura! y se podrá experimentar escasos cinco minutos de ingravidez. Aún así, hasta el momento hay cerca de 700 reservas, entre ellas las de Stephen Hawking, Leonardo DiCaprio y Lady Gaga.

virgingalactic.com


 

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Visitar un lugar que no existirá

Hay que apurarse para llegar al que, probablemente, sea el primer país del mundo que desaparecerá como consecuencia del calentamiento global. Quienes hayan estado alguna vez en Kiribati, una colección de 33 islas en medio del Pacífico (21 de ellas deshabitadas), mostrarán con orgullo las fotografías de un paraíso que, casi con seguridad antes de fin de siglo, será tragado por las aguas y sus 100 mil habitantes se convertirán en los primeros refugiados debido al cambio climático.

Tarawa es la capital de Kiribati. Por allí solo pasa una calle. No tiene nombre y se le conoce como “la calle”. A los lados, solo agua color turquesa. Amenazante y hermosa. La altura máxima del país llega a escasos tres metros. Medio en broma, la gente suele llamarlo “monte Kiribati”.

Ahí lo que manda es la pesca, el buceo y los deportes acuáticos. Existen varias opciones de alojamiento, la mayoría de tono simple, lejos de los típicos lujos y siempre bordeando los 40 dólares la noche. Lo que realmente importa son los escenarios naturales sobrecogedores, entre ellos un par de islas de ensueño –Biketawa y Ouba– a las que se puede ir luego de un par de horas de navegación.

kiribatitourism.gov.ki

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