El Arte del Tatuaje

La piel que habla

Comenzó como simbología aborigen para convertirse en ornamento chic. Después de vivir en la oscuridad y la marginalidad, hoy es una moda de uso masivo y sin edad.
Un negocio millonario que, al igual que las marcas en la piel, llegó para quedarse.

Texto: Anna Veciana  @annaveciana & Joan Royo  @joanroyogual
       

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Ötzi, con 57 diseños repartidos por toda su humanidad, parece un joven hipster de Brooklyn, de patineta bajo el brazo rumbo a Central Park. Su piel cubierta de señales pasaría inadvertida en la vorágine de la gran ciudad si no fuera por un pequeño gran detalle: Ötzi es una momia de más de cinco mil años de antigüedad, encontrada en 1991 en un glaciar de los Alpes, en un asombroso estado de conservación. Se podría decir que Ötzi es el mejor testimonio de que los tatuajes son tan antiguos como el ser humano, dejando señas en muchas civilizaciones.

La moda de colorear el cuerpo con tinta, que hoy se instala entre celebridades y personas anónimas de todo el mundo, tiene una historia milenaria, mucho antes de convertirse en un estiloso ornamento.

 


 

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El Gran Scott

No es sencillo señalar al mejor tatuador del mundo. Es un poco como el vino: cada uno tiene sus preferidos.
Ahí están Bob Tyrrell, Zulueta, Leu o Paul Booth. Pero hay un hombre que genera respeto transversal: Scott Campbell, un tipo que creció en un pueblo olvidado de Lousiana y luego estudió bioquímica en Texas, pero que lo dejó todo por su amor por la tinta.
Tras un período en California, hace diez años se mudó a Nueva York, donde fundó Saved Tattoo en el entonces emergente Williamsburg, en Brooklyn.
Por sus manos han pasado muchísimos artistas de Hollywood; entre ellos Orlando Bloom, Josh Hartnett, Penélope Cruz y Heath Ledger. En la actualidad, su trabajo cuelga de las mejores galerías de arte del mundo y cobra unos mil dólares la hora. La lista de espera puede alcanzar los dos años.

Scott Campbell Studio, 426 Union Square, Brooklyn, Nueva York.

 


 

Tatau polinésico

Esta verdadera obsesión ha ido mutando en el tiempo. En el antiguo Egipto, la piel pintada se asociaba con rituales mágicos, con lo sobrenatural.

Mágica y sobrenatural debió ser también la impresión que tuvo el general británico James Cook en 1791, en su primer contacto con los nativos de Tahití y Samoa y sus cuerpos marcados con tinta. El método tradicional consistía en teñir la piel dos veces, algo que llamaban tatau y que los impresionados marineros extranjeros tradujeron como tatouage o tatoo, en función de su procedencia.

Así, las paradisíacas islas de la Polinesia se consideran tradicionalmente la puerta de entrada del tatuaje en Occidente. De hecho, muchos de los ingleses que acompañaban a Cook volvieron a casa tatuados, desembarcando una moda que años más tarde rompería los límites de lo mainstream.

 

 

Pero este verdadero arte no siempre gozó de popularidad. Su mala fama se originó en Grecia y Roma, donde se marcaba de por vida a los esclavos y delincuentes. Es significativo el nombre que se le daba a estas señas en latín: Stigmata, es decir, un estigma que acompañaba de por vida.

En tiempos de gladiadores se trataba de una carga que se llevaría hasta la muerte. Y por ese tono de marginalidad es que, a fines del Imperio romano, el primer emperador cristiano, Constantino, prohibió formalmente esta práctica. Siglos más tarde, en 1842, el emperador japonés Mutsuhito también decidió vetarlos, ignorando la riquísima tradición milenaria de su país en este ámbito. Japón se estaba abriendo al mundo y no quería dar una imagen exterior de barbarie.

Los bajos fondos mantuvieron la tradición, que sobrevivió entre criminales, mujeres barbudas y tragasables en espectáculos de circos ambulantes.

Es curioso pero el encargado de arrojar luz sobre el tema fue nada más y nada menos que el inventor de la bombilla o ampolleta, Thomas Edison. A este creador inglés se le atribuye la invención en 1877 de la primera máquina de tatuajes, aunque lo que construyó en realidad era un extraño artilugio que vibraba hasta tres mil veces por minuto. Hubo que esperar 15 años para que el cultor Samuel O’Reilly tuviera la genial idea de usar el aparato para marcar la piel.

 

Moda en tinta

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La pasión por los tatuajes no deja de crecer, impulsada en buena parte por el renovado gusto que han demostrado las celebridades: futbolistas como David Beckham, Neymar o Leo Messi cubren constantemente su cuerpo con nuevos diseños, igual que estrellas del pop tipo Lady Gaga, Rihanna o Justin Bieber.

Cada vez que uno de estos referentes globales decide añadir un dibujo a su colección, se multiplica la cantidad de personas en busca de un diseño similar. Una tendencia que genera sentimientos encontrados entre artistas y tatuadores. Los más puristas lamentan la frivolidad con la que las nuevas generaciones se acercan a un arte ancestral cargado de simbolismo y contenido. Pero también es cierto que bajo la influencia de artes tan disímiles como el japonés y el maorí, esta disciplina se ha sofisticado profundamente, transformando la piel en un lienzo más de tela para esta expresión artística.

El fenómeno es imparable. Solo en Estados Unidos se estima que el sector mueve unos 1.600 millones de dólares anuales y se calcula que el 14% de sus habitantes tiene al menos un diseño, un porcentaje que sube hasta el 40% de la población si se tiene en cuenta únicamente la franja que va de los 26 a los 40 años. En España, el 29% de la población entre 19 y 29 años está tatuada.

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Para el sociólogo portugués Vitor Sérgio Ferreira –quien se ha dedicado a investigar los motivos que llevan a los jóvenes a tatuarse y que plasmó en su libro Marcas que demarcan: Tatuajes, body piercing y culturas juveniles–, la clave está en que se han transformado “en certificados de autenticidad en un mundo donde todo es precario y fugaz”. Así, en la era del usar y tirar, de los mensajes instantáneos de Twitter, de la inestabilidad económica y emocional, el tatuaje es de las pocas cosas que son para siempre, un ancla a la que agarrarse. Todo, con un componente de la rebeldía juvenil.

“Los jóvenes se sienten presionados a desempeñar papeles que les son impuestos (por la escuela, por los padres, por trabajos precarios), así que recurrir a los tatuajes es una forma de preservar alguna originalidad”, explica el investigador.

 

Diálogo de civilizaciones

Además de ser objeto de estudio por parte de sociólogos, antropólogos e historiadores, estos diseños de tinta están logrando entrar en la categoría de arte con mayúsculas. Un paso decisivo fue, por ejemplo, la reciente exposición que le dedicó el prestigioso museo Quai Branly de París, con más de 300 piezas desde agujas a pieles disecadas. También en Sudamérica, como el que se realizó hace unos meses en el prestigioso centro cultural GAM de Santiago de Chile, donde el tema de análisis, conversación y exhibición fue el arte y tatuaje de la cultura maorí.

“El tatuaje es un arte y un fenómeno increíble de diálogo entre culturas”, señaló en la inauguración del museo galo su director, Stéphane Martin, que bajo su apariencia de elegante ejecutivo francés de traje y corbata esconde varios dibujos sobre la piel.

 

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La relación que los tatuados tienen con sus dibujos es muy íntima y personal. Hay quienes los esconden metódicamente bajo la ropa de trabajo; otros, eligen un rincón solo accesible para los amantes; y muchos otros, en cambio, adoran exhibir.

Un caso extremo es el de Lucky Diamond Rich. Este neozelandés pasó a la historia como el hombre más tatuado del mundo. Su proeza está registrada en el libro de los récords Guiness desde 2006. No tiene ni un milímetro sin teñir de negro. No se escapa ningún rincón: los párpados, los recovecos dentro de las orejas, entre los dedos de los pies y hasta las encías.

Su humanidad es toda una declaración de principios. Principios pintados que son ejemplo de los múltiples lenguajes, formas y posibilidades que ofrece el cuerpo humano. in

 

Tinta para escuchar

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Los tatuajes y la música siempre han ido de la mano, y aunque siempre se han asociado al rock, también hay romanticismo. Puede escuchar esta selección en la cuenta Spotify in-lan bajo el nombre Tatuajes.


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Tattooed Love Boys (1980) The Pretenders
Tattoo (1967) The Who
The Rose Tattoo (1989) David Byrne
Tatuaje (1914) Concha Piquer
Tatuajes (1996) Joan Sebastian


Selección de:
Equipo Revista in

Tinta Latinoamericana 

Adão Rosa (Brasil)
Especialista en estilo oriental, es el favorito de los famosos en su país. A Neymar le tatuó un versículo de la Biblia en el pecho.
www.nauticatatto.com.br

Yomico Moreno (Venezuela)
El hiperrealismo de sus retratos –con especial predilección por los ojos—lanzó su carrera internacional, que lo ha llevado hasta Manhattan.
www.yomicoart.com

César Ardila (Colombia)
Una especie de mansión del terror acoge a un colectivo de artistas que tatúan de lo más tétrico a lo más colorido.
Calle 36, 24-44, Bogotá
www.morbida.tattoo

Alfredo Bahena Fraktal (México)
Precisión en las formas geométricas y un filtro de modernidad para iconos mexicanos como las calaveras.
Florencia 70, México DF
www.ganeshstudio.com

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