Recuerdos del futuro

¿Dónde están las ciudades en la luna y los aviones que vuelan de un continente a otro en menos de una hora? ¿Qué fue de ese futuro que nos prometieron, con sueños de androides y máquinas asombrosas? Nos engañaron o el porvenir fue en otra dirección. Esto es algo así como ciencia de no-ficción.

TEXTO: FRANCISCO ORTEGA  @efeortega  | ILUSTRACIONES: HUGO HORITA
       

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Según la continuidad de Volver al Futuro, este 2015 debiéramos tener patinetas voladoras, sacajugos capaces de licuar un reactor nuclear, cine holográfico masivo y autos voladores tipo hovercraft surcando a metros de altura de nuestras calles. Según Blade Runner, para este año ya el negocio de los androides réplica ha salido de la industria militar para alcanzar al entretenimiento y la prostitución. En la misma línea temporal, los más ricos abandonaron la Tierra para establecerse en otros planetas, mientras la sobrepoblación ha ocasionado que la costa oeste de Estados Unidos sea una sola gran ciudad llamada Los Ángeles, con edificios tan altos que la luz solar no llega. También hace rato que hay autos voladores y naves capaces de llevarnos a las estrellas más cercanas… Parecido es lo que ocurre en las novelas de la serie Neuromante de William Gibson, de 1984, donde se acuñaron los términos de ciberpunk, ciberespacio, realidad virtual y matrix. En las páginas de este autor canadiense, la tercera guerra mundial sucedió hace cinco años y se combatió entre consolas de computador; también hay sobrepoblación y la costa este de Estados Unidos, la superciudad llamada Eje Urbano Boston-Atlanta, está colapsada.

Y hablando de Matrix. Según las películas de los hermanos Wachowski, desde hoy, 2015, faltan tres años para la fundación en Medio Oriente de 01, la ciudad de las máquinas que gatillará el apocalipsis aunque, claro, no nos daremos cuenta, porque las inteligencias artificiales nos mantendrán para siempre encerrados en una realidad colectiva que asemeja los inicios del siglo XXI. ¿Y si eso pasó?

 

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Parecido es el negro porvenir que nos propone Terminator, donde hace ya más de una década habitamos un mundo destruido por las bombas atómicas lanzadas por Skynet, la red de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que tomó control de sí misma y concluyó que éramos la mayor amenaza contra las máquinas.

Similar a lo que pasó con los Centinelas, robots cazadores de mutantes en X-Men, que se rebelaron contra sus creadores y establecieron una dictadura en la Tierra que hace media década mantiene esclavizados a mutantes y a personas normales. O mejor dicho mantenía, porque si vieron la película X-Men: Días del Futuro Pasado ya saben que Wolverine viajó a los años 70 y arregló todo ese enredo, así que si el futuro es como lo estamos viendo, quizás sea culpa del mutante canadiense de las garras de adamantium.

¿Un poco más serios? Según Arthur C. Clarke, el más visionario de los escritores de ciencia ficción del siglo pasado, autor de 2001: Odisea del Espacio (adaptada a la pantalla por Stanley Kubrick) y sus tres secuelas: 2010 (también llevada al cine, pero no por Kubrick), 2061 y 3001; para este 2015 ya llevamos 15 años desde que la nave Discovery hizo contacto con una reliquia extraterrestre muy avanzada entre las lunas de Júpiter, y cinco desde que el ya mencionado Júpiter explotó y se convirtió en Lucifer, el segundo sol del sistema solar.

¿Qué pasó? ¿Dónde quedó ese futuro que nos prometieron desde que somos niños? ¿En qué momento el 2015 (y el 2016 y el 2017…) se convirtió en vintage, en recuerdos de algo que nunca pasó?

 

Futuros imperfectos

William Gibson, el mismo de Neuromante, publicó en 1982 el cuento El Continuo Gernsback, precisamente para explicar el fenómeno de los futuros retro, de lo que nunca fue. En el relato, un fotógrafo de Nueva York realiza un reportaje a la llamada era aerodinámica, esa estética arquitectónica y de diseño industrial que copó a los Estados Unidos con edificios y construcciones futuristas (el Chrysler de Nueva York y la represa Hoover son los mejores ejemplos), autos y trenes con grandes aletas y formas que más parecían naves de Flash Gordon que vehículos de tierra, todo porque en ellos querían adelantar lo que venía, el porvenir hacia el cual avanzaba la civilización occidental. Nada de eso pasó y la era aerodinámica es hoy vintage y fierros en cementerios. Cuando extrañamos los autos voladores y las ciudades en la luna es porque visualizamos fantasmas conceptuales que la cultura pop nos inyectó y que añoramos como si en verdad los hubiésemos tenido. Finalmente no es futuro, es un pasado confuso.
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Sin embargo, dejando la nostalgia fuera, puede que no tengamos viajes interplanetarios, pero también es cierto que no los necesitamos. A lo largo de un siglo, contadas obras de ciencia ficción aventuraron la existencia de Internet y la posibilidad de ir a cualquier parte del universo con un clic, sin necesidad de movernos y sin requerir de gigantescos motores hiperespaciales; con un simple teléfono para realizarlo. Y a propósito de teléfono, resulta divertido constatar que en obras tan emblemáticas de la anticipación, como Blade Runner o El Quinto Elemento, abunden las casetas telefónicas públicas. Nadie imaginó –salvo en Viaje a las Estrellas– que íbamos a andar con nuestros propios teléfonos en el bolsillo de un pantalón y que ese mismo aparato iba a tener una capacidad mayor que el mítico Hal 9000, el supercomputador de 2001: Odisea del Espacioin

 

El futuro que sí fue

Smartphones: mérito de Viaje a las Estrellas. Mientras el resto de la ciencia ficción mantenía la idea del teléfono estático (2001 o Blade Runner), la serie de Gene Roddenberry tuvo la audacia de pensar en un aparato manual de comunicación interpersonal. Solo erró en el año, ya que de acuerdo al programa, estos celulares recién estuvieron disponibles hacia el siglo XXIII.

Internet: fue en 1898 cuando en una de sus obras de ciencia ficción el escritor Mark Twain (autor de Tom Sawyer) habló del “telectroscopio”, una red mundial de comunicaciones que permitía conectarse con cualquier lugar del planeta. Bastantes años después, en 1984, William Gibson en Neuromante patentó la idea de la Red pero, claro, para entonces Internet ya existía de manera experimental y militar.

Videófono: una de las características del 2015, según lo mostrado en Volver al Futuro II. De los aciertos de la película que se han cumplido a la fecha e incluso de un modo más manual y práctico a lo que nos mostró el cine. 2001 y Blade Runner también adelantaron este avance y acertaron.

iTunes/iPod: en Viaje a las Estrellas: La Nueva Generación, el capitán Jean-Luc Picard escuchaba música clásica en un programa que almacenaba todos los discos del mundo, permitía hacer listas y pasarlas a un dispositivo móvil que también era su teléfono. Acá es trampa, porque se sabe que esa fue la inspiración que usó Apple para su exitoso software y dispositivo.

Televisores de pantalla plana: cuando la ciencia ficción seguía mostrándonos grandes monitores convexos y curvos, Volver al Futuro II dio en el clavo al mostrar por primera vez que las pantallas planas serían la norma en el entonces futuro 2015.

Vigilancia pública: en 1984 de Orwell se relataba una sociedad totalitaria donde cada ciudadano era vigilado por cámaras públicas que rastreaban todo lo que hacía. Las cámaras de vigilancia son parte de ese futuro presente.

Drones: filmes como Robocop o Terminator, además de series de los 80 tipo Relámpago Azul, auguraban que en el futuro pequeñas naves aéreas controladas a distancia iban a pelear guerras por nosotros y controlar focos de delincuencia en las ciudades. Aunque ninguna de estas obras auguró que serían además el juguete de moda, los drones llegaron para quedarse.

Astronáutica privada: hace rato que los rusos llevan pasajeros al límite de la atmósfera en aviones MiG-31. En Estados Unidos, SpaceX, una de las primeras alternativas privadas a la NASA y otras Agencias Espaciales Gubernamentales, probó su primer cohete reutilizable en enero de 2015.

¿El fin del inglés?: Hacia el 2019, según lo plantea Blade Runner, el inglés dejará de ser el idioma universal, tomando su lugar el chino y dialectos arábicos. Nos quedan cuatro años para que eso suceda.

 

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Extrañamos las ciudades en la luna, fantasmas conceptuales que la cultura pop nos inyectó.

 

El futuro que no fue

Hologramas: desde La Guerra de las Galaxias a Volver al Futuro II, pasando por Automan, esa extraña serie de los 80. Se suponía que este siglo iba a ser holográfico: cine y TV, comunicaciones, etc. La tecnología existe desde fines de los 70 y no es cara, sin embargo, las iniciativas de masificarlo han sido tan poco exitosas que pasó a la lista del “retrotech”.

Autos voladores: aunque los hovercraft caben en la categoría y de cuando en vez se anuncia el debut de una aeronave personal, lo cierto es que el costo en combustible (para despegues) es tan alto, que desde toda perspectiva es inviable.

Helicópteros personales: la revista Popular Mechanics anunciaba en los 50 que el futuro estaba en los helicópteros. Y con llamativas portadas mostraba hombres de negocios volando con mochilas helicópteros de un edificio a otro. Finalmente solo quedó en fantasías de James Bond.

Cocina nuclear: fue también Popular Mechanics la que se aventuró en asegurar que para la década de los 50 todo sería alimentado por energía nuclear. Cada casa tendría su propio reactor y cocinaríamos pavos en hornos calentados por plutonio. Posible, claro, si uno quiere que los mutantes hereden la tierra.

Aviones hipersónicos comerciales: en los 60 se sostenía que el futuro del transporte comercial de pasajeros estaba en el vuelo supersónico. Las experiencias del franco-británico Concorde y su símil soviético TU-144, además del malogrado Boeing 2707 norteamericano, probaron que el público prefería vuelos más baratos y masivos a rápidos, de ahí el éxito del 747 y los Airbus. En los 80 volvieron los sueños veloces e inspirados en la película 2001, EE.UU. empezó a trabajar en los TAV (Transatamospheric Vehicle), aviones hipersónicos (sobre Mach 6) de pasajeros que iban a poblar los cielos del siglo XXI. Aún los estamos esperando, mientras el 747 está pronto a cumplir 50 años como dueño de las rutas aéreas.

Androides: de acuerdo a los futurólogos de la década del 30 y 40, hacia 1980 compartiríamos nuestra vida con asistentes artificiales que se iban a encargar de las labores técnicas y domésticas. Ok, existen los robots, una lavadora automática es técnicamente uno, pero eso es muy distinto a imaginar C3POs, como los de La Guerra de las Galaxias llevando a los niños a la escuela.

Bases lunares y en Marte: según Ray Bradbury (Crónicas Marcianas) y Arthur C. Clarke hacia 1995 ya íbamos a estar establecidos con ciudades en el planeta rojo y la luna. Según los cálculos más optimistas esto debiera ocurrir recién hacia el 2030.

Computadores masivos: el ya citado Clarke y otros colegas suyos aventuraban que computadores del tamaño de edificios nos ayudarían a administrar al mundo. Pero para qué tener un PC de 5 pisos si con algo que cabe en la mano se puede trabajar mejor. En este caso el tamaño sí importó, pero a la inversa.

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