Reyes de la velocidad

Juan Manuel Fangio y Ayrton Senna corrieron más rápido que todos en la Fórmula 1. Lionel Messi es el número uno del fútbol. ¿Acaso alguien sube más veloz las montañas que los ciclistas colombianos? Los latinos sacan la cara.

Texto: Ezequiel Fernández Moores | Ilustración: Álvaro Tapia
       

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Las figuras del deporte latinoamericano hacen goles, marcan récords y conquistan títulos. Y la historia los confirma como ganadores. Pionero en atletismo fue el argentino Juan Carlos Zabala. El “Ñandú Criollo” aprendió a correr en un instituto para niños huérfanos y en 1936 impuso sendos récords mundiales en 10.000 metros bajo techo (31m05s2) y 20.000 metros (1h04m00s2). Tres décadas después, Cuba encabezó carreras de velocidad pura. En 1967, Enrique Figuerola igualó el récord mundial de los 100 metros (10 segundos) y lo imitó su compatriota Silvio Leonard en 1975 (9s9). Eran tiempos del formidable “Caballo” Alberto Juantorena, que en 1976 y 1977 fue el más veloz del planeta en 800 metros (1m43s50 y 1m43s44, respectivamente), una distancia que, dos décadas después, dominó Ana Fidelia Quirot.

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Claro que la carrera madre de los velocistas es la de los 100 metros. Latinoamérica nunca estuvo tan cerca de reinar en esa distancia como en 1945. El récord mundial (10s2) era de Jesse Owens quien corrió a 35,3 kilómetros por hora. El argentino Gerardo Bonhoff anotaba 10s3 (34,9 km/h). Hoy, los 100 metros son territorio del jamaicano Usain Bolt (9s58, a 37,6 km/h). Sudamérica se ha alejado, aunque su tiempo más veloz sigue en poder del brasileño Robson da Silva, cuya marca de 10s (36 km/h) aún sigue imbatida en la región.

 

 

Freno, engaño y ritmo

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En el fútbol suele decirse que el más veloz no es el que llega primero, sino el que elige la mejor velocidad. Los dos últimos reyes argentinos de la pelota, Diego Maradona y Lionel Messi, hicieron una carrera casi calcada. Y, aunque pueda parecer extraño, el Maradona de 1986 fue más rápido que el Messi de 2011. Diego corrió 62 metros en 10,8s cuando marcó su gol del siglo ante Inglaterra en el Mundial de México. Veinticinco años después, Messi corrió 60 metros en 12 segundos para marcar un gol casi idéntico contra Getafe en el Camp Nou. “Maradona no era un velocista, pero su reacción al estímulo era similar a la de los mejores sprinters del mundo”, afirma Fernando Signorini, su preparador personal. Messi, más liviano y veloz, no es, sin embargo, el futbolista más rápido cuando lleva el balón al pie. El último informe de marzo de 2015 de la FIFA ubica en ese lugar al galés Gareth Bale (Real Madrid, 36.9 km/h).

El latinoamericano más rápido, segundo de la lista, es el mexicano Jürgen Damm, del Pachuca (35.23 km/h) y le sigue el ecuatoriano Antonio Valencia, del club inglés Manchester United (35.1). Messi está séptimo (32.5), un puesto detrás de Cristiano Ronaldo (33.6).

Pero Messi es rey porque la carrera del fútbol, además de aceleración, precisa de freno, engaño y cambio de ritmo. De manejo de tiempo y espacio. Hay que saber coordinar los imprevistos y el rosarino lo hace como nadie.

 

Rugen los motores

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En 1992, el formidable Ayrton Senna, corrió con McLaren-Honda a 253,9 km/h.

Primer rey latinoamericano y mundial en automovilismo fue el mítico argentino Juan Manuel Fangio, pentacampeón de la Fórmula 1 entre 1951 y 1957. Pocas veces se vio a un piloto conducir tan al límite. En 11 giros, Fangio batió seis veces el récord de la vuelta más rápida del circuito. Había anotado la pole position con un tiempo de 9m25s6 (145,2 km/h), pero luego Fangio debió ser más veloz que nunca para compensar el tiempo perdido en el cambio de gomas de su Maserati. No bastó la ventaja de 28 segundos que logró en la primera parte. La parada en boxes fue más lenta y al volver a la pista debió descontar 46 segundos más. Apretó el acelerador a fondo en curvas cuya velocidad media era de 240 km/h; a su izquierda el pedal del embrague, a su derecha freno y acelerador, más caja de cambios de cinco velocidades. A dos giros del final superó a la última Ferrari y ganó su quinto título mundial.

En Monza, Italia, templo de velocidad en la F1, Fangio anotó en 1956, con Ferrari, un récord de 132,9 km/h. En 1972 reinó allí el brasileño Emerson Fittipaldi, –bicampeón de la F1 en 1972 y 74–  en un Lotus-Cosworth a 217,3 km/h. Así como Fangio tuvo su carrera mítica de Nürburgring, Senna, más veloz que nadie bajo la lluvia, con sutiles golpes de aceleración, se hizo inolvidable en el GP de Portugal, en Estoril 1985. En medio de un diluvio, sacó desde el inicio un segundo y medio de ventaja por vuelta a sus competidores. De 26 solo nueve terminaron la prueba. Su Lotus dobló a casi todos los rivales.

 

Cerro arriba

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4º ciclista más veloz de la historia es el colombiano Nairo Quintana.

Colombia manda más en ciclismo. Tras la estela de nombres míticos como Martín “Cochise” Rodríguez, Lucho Herrera o Fabio Parra, por citar algunos, brilla ahora el gran Nairo Quintana, campeón del Giro de Italia 2014 a 39,044 km/h, el cuarto más veloz de la historia. Subir y bajar montañas es natural para ciclistas colombianos y Nairo lo hacía amarrando con una cuerda a su vieja bicicleta de 12 kilos de peso la bici de su hermana cada vez que volvían de la escuela.  En ascenso. Luego llegó la modernidad. Pero, como a Fangio, Senna, Maradona, Messi y Cielo, como a todos, más que la alimentación, la disciplina, la ciencia y la tecnología, fue primero el deseo lo que impulsó a Nairo a correr más veloz que nadie. in

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