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Parece insípida, incolora, inodora y aburrida. Pero no. El agua salió hace rato de las mesas de las casas para llenar con su transparencia bares onderos, envases míticos, panaderías, libros, arte y ciencia.

Texto: Daniel Greve @danielgreve     ilustración: Hugo Horita
       

Botellas

Que el Le Water Bar de Colette, en París –a dos pasos del museo del Louvre–, sea hoy el bar de aguas más llamativo y reconocido del mundo, seguido por el Aqua Bar, en Tokio, no es novedad.

Momento: ¿Un bar de aguas? ¿Con barra y muchas botellas? Suena raro y hasta aburrido pero, si lo pensamos bien, tiene una gran ventaja que ningún otro bar convencional tendrá. ¿O acaso no resulta atractivo un bar en el que no debamos pasar las llaves? Santiago de Chile tuvo el suyo: 8 Vertientes. Pero que haya desaparecido no significa que el interés por el agua se esté deshidratando. Por el contrario, del agua ya no solo podemos ser consumidores, sino que también espectadores.

¿Un ejemplo cristalino? El trabajo que hizo el artista chileno Sebastián Leyton con su exposición acerca de los fractales de agua cristalizada, en la que “se aprovechó la belleza propia para pintar un realismo de algo que no vemos; dimensiones gigantescas para algo que es pequeñísimo”, según él mismo relata.

Esto nos pone en una posición similar –aunque desde el otro lado de la mesa– a la que nos entrega Masaru Emoto, autor japonés que descifró los mensajes del agua. Más allá del consumo mismo, Emoto planteaba que la composición molecular del agua se modificaba según las palabras y la energía que pusiéramos en ella. De esa manera, insultar un vaso de agua lo llenaría de mala energía, de la misma manera que poner ciertas melodías armoniosas o recitarle buenas palabras la harían más pura y buena.

Un principio no científico que han puesto en práctica algunas panaderías, como Amor y Pan, en la capital chilena. Ahí, el pan se elabora con agua que ha recibido, durante toda la noche, diferentes mantras y música con el objetivo de “vitalizarla”. Eso hace que el pan, por ejemplo, dure más días fresco. Y ya que gran parte del pan es agua, y gran parte de nuestro cuerpo también lo es, que lo comamos implica hacernos parte de toda una cadena que pone en el agua un especial énfasis.

 

Gotas de diferencia

Catar agua es un verdadero placer que requiere calma, concentración y un lugar óptimo. Nuestros sentidos deben estar al 110% para enfocarse en la salinidad, acidez, amargor, frescor y ligereza que nos revela, además de las burbujas (que pueden ser finas y ordenadas, o gruesas y caóticas).

Agua
Parece extraño que el agua sea digna de tanto análisis, pero una audiencia podrá asombrarse si cata, en paralelo, una Evian, agua mineral natural proveniente de los Alpes franceses, que se filtra naturalmente a través de hielos subterráneos durante unos quince años; al lado de una Acqua Panna, agua mineral natural que baja desde los Apeninos para brotar en el corazón de la Toscana italiana; para finalmente rematar en una Pedras Salgadas, de origen portugués y que desciende por los ríos, y a la que le toma diez años traspasar las diferentes capas graníticas que la filtran y, a la vez, llenan de minerales.

Las diferencias entre la primera y la última son tan marcadas, que es imposible no soltar una exclamación. En la comparación, no solo se revelan sutilezas, sino que diferencias gigantescas. La primera, liviana y hasta ligeramente dulce; la última, chispeante y derechamente salada. Dos mundos, un solo producto.

 

Agua en papel

Chile tiene en el sommelier Marcelo Pino a un verdadero experto en aguas. Desarrolló la Guía de Aguas, un documento tan interesante como inédito, en el que descriptores como “agua brillante, que recuerda a la nieve” o “textura untuosa, oleosa”, son comunes para algo como el agua.

En ella se explican también sus usos y se detallan armonías con platos. Qué agua con qué comida. Qué agua con qué vino.

Pero Pino no es el único que vive alrededor del líquido. Por ejemplo, el periodista científico Alok Jha acaba de lanzar el precioso –y técnico– libro The Water Book, “una historia extraordinaria acerca de la más ordinaria de las sustancias”. O The Drinkable Book que, en realidad y más que un documento convencional, es una serie de filtros para el agua hechos de papel de alta tecnología empastados como un libro.

 

inPLAYLIST

Ya sea en la playa con los pies en el mar, o para cantarlas bajo la lluvia (o dentro de la ducha), busque nuestro playlist acuático disponible en la cuenta de Spotify in-lan por el nombre de H2O.


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“Waterfalls” TLC
“Smoke on the Water” Deep Purple
“Underwater Love” Smoke City
“Águas de Março” Elis Regina
“Aguanieve” Ases Falsos


Selección de:
Equipo Revista in

Libros

Partiendo del dato duro que 3.4 millones de personas mueren anualmente por problemas relacionados con la calidad del agua o la ausencia de esta, The Drinkable Book se propuso revolucionar la forma en que mucha gente accede a información y a un método efectivo de purificación.

¿Que el agua es solo agua? No hace falta pensarlo dos veces para saber que, más allá de todo lo que inspira –ciencia, arte, gastronomía, moda–, el agua es, ante todo, vida. in

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