Grandes urbes según sus músicos

Vivir, cantar y triunfar en la ciudad

La ciudad de nacimiento deja huellas en la biografía de cualquiera, pero solo un grupo de talentosos –como estos músicos– tiene el privilegio de convertir su origen en declaración de identidad.

Texto: CLAUDIO VERGARA    ILUSTRACIONES: JOSÉ PÉREZ
       
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LA HABANA

Buena Vista Social Club

Simplemente regresaron por lo que les pertenecía. Luego de casi cuatro décadas de abandono, un grupo de viejos músicos fogueados en el Buena Vista Social Club de La Habana durante los años 40 y 50, le dobló la mano al retiro y consiguió un inesperado suceso en los descuentos del siglo XX.

En 1996, el guitarrista estadounidense Ry Cooder llegó hasta la capital de la isla, grabó a un grupo de veteranos que animaban la bohemia del reducto del municipio de Marianao, pactó con Wim Wenders la realización de un documental y, de paso, convirtió a Compay Segundo e Ibrahim Ferrer, ambos con más de 70 años, en estrellas multiventas, transgrediendo aquel principio del espectáculo que dicta que solo la lozanía juvenil puede brillar con éxito.

El rescate volvió a situar a La Habana como el eje artístico del Caribe, ese imán mestizo donde se encuentran las culturas de al menos tres continentes, haciendo que las añoranzas sobre la ciudad no solo tuvieran el rostro del “Che” o las canciones de Silvio Rodríguez. La resucitada Cuba musical también tenía la cara marchita de aquellos que desafiaron al olvido.

 


 

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LOS ÁNGELES

Katy Perry

Según lo consignó en una entrevista, Katy Perry imaginó por un instante al fallecido rapero Tupac Shakur revolcándose en su tumba y a Brian Wilson, el alma de The Beach Boys, preguntándose qué demonios estaba pasando: dos emblemas de California indignados por la histórica supremacía de homenajes musicales a la otra costa, todos flechados con el esplendor de Nueva York.

Por eso, para contrarrestar la disparidad, la oriunda de Santa Bárbara escribió uno de sus mayores hits, “California Gurls”, una oda a las chicas doradas por el sol de Los Ángeles, que visten pantalones cortos y bikinis, y que se mueven atractivas, descaradas y feroces –tal como describe su letra– entre el Paseo de la Fama y las montañas de Hollywood. Si hoy The Doors tuviera que reescribir “L.A. Woman”, probablemente se inspiraría en Perry.

Pero como la vida no es un videoclip, Katy tuvo un ascenso pedregoso. Con varios cambios de nombre, un disco de música evangélica estrenado a los 16 años, una estadía en Nashville para probar fortuna y el despido de dos sellos discográficos que no confiaron en su apuesta, la intérprete tuvo que asentarse en Los Ángeles para dar en el blanco. Estaba claro: ella más que nadie era la indicada para agradecer a la otra ciudad que nunca duerme.

 


 

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BOGOTÁ

Aterciopelados

Hasta los 90, cuando se pensaba en ciudades latinas que contribuían a diseñar el rock del fin del mundo, Bogotá parecía fuera de ese grupo. Eso hasta que una pareja –que se conoció en la Universidad de Los Andes– empezó a tejer una trama que inauguraría la era de mayor gloria de la música colombiana: la cantante Andrea Echeverri y el guitarrista Héctor Buitrago se unieron para dar origen a Aterciopelados, el conjunto que hermanó las raíces tradicionales de su patria con el pop en boga, y que coincidió con el despegue de coterráneos como Carlos Vives, Shakira y Juanes.

En su caso, la agrupación se enfocaba en relatos urbanos que balanceaban romanticismo, narraciones cotidianas y conciencia social, como en su mayor hit, “Bolero falaz”, con un video que mostraba a la Avenida Caracas y las coloridas busetas que circulaban por una de las principales arterias de la capital. Bogotá pocas veces se había visto mejor. Por ello, Aterciopelados siguió rindiéndose a ella en gran parte de sus trabajos siguientes, en temas como “Al parque”, un himno al festival Rock al Parque que ellos mismos ayudaron a forjar; o “Río”, que clama por la recuperación del río Bogotá.

Música nacida y perpetuada en el corazón de Colombia.

 


 

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PARÍS

Charlotte Gainsbourg

Charlotte Gainsbourg, esa chica que se revela atormentada por la timidez y que en sus presentaciones envuelve hasta el último rincón de la sala con su solo murmullo, parece camuflar con destreza su temperamento. Su introversión privada y escénica no es proporcional a lo inapelable de sus determinaciones.

Cuando sospechó que el fantasma de su padre, el célebre cantante francés Serge Gainsbourg, podía amordazar su ruta en solitario, optó por cantar en inglés y por no escuchar nunca más sus álbumes. Cuando descubrió que la cultura gala poseía una presencia protagónica en su formación, escogió potenciar la herencia británica tomada de su madre, la también legendaria actriz Jane Birkin, y la rusa legada por los ancestros de su propio progenitor.

Gainsbourg, según ha asegurado en diversos encuentros con la prensa, sabe que la capital francesa es una urbe que tatúa cicatrices indelebles, por lo que la única forma de escapar a su influjo es renunciar a ella para siempre.

Nació en Londres, pero fue en París donde adoptó ese estilo de simpleza chic que mantiene hasta hoy.  Y aunque por estos días observa a Francia desde lejos (Charlotte vive en Nueva York), su presente está definido por una vida entera diseñada según la ciudad de la luz. De París nadie huye tan fácil.

 


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REIKIAVIK

Björk

Ni géiseres, ni glaciares, ni volcanes. Si en un texto de geografía los países tuvieran que representarse en una sola imagen, no sería insensato adherir una fotografía de Björk al apartado dedicado a Islandia. Pocos artistas han establecido un lazo tan férreo con su lugar de origen, hasta transformarse en representación casi absoluta de una nación antes invisible.

Nacida en Reikiavik, la capital de apenas 121 mil habitantes, el 1.4% de la población de Londres, la artista fue capaz de encabezar en los 80 una escena alternativa en extremo prolífica, que tuvo como refugio los bares y los clubes de Laugavegur –la calle peatonal más célebre de la urbe– y que maridó punk, rock gótico y jazz fusión en apenas un puñado de cuadras.

De ese entorno emergió en 1986 The Sugarcubes, la banda donde fraguó su fama y que funcionó como antesala de una trayectoria solista que hasta hoy parece el espejo de la remota Islandia: enigmática, indescifrable, con un aspecto misterioso, arrancado de la mitología nórdica.

 


 

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NUEVA YORK

Jay-Z

No se reserva ni medio milímetro de ambición quien se autoproclama “el nuevo Sinatra” y quien, apenas en los primeros versos de uno de sus mayores éxitos, concluye que “ya que lo he logrado aquí / puedo lograrlo en cualquier otro lugar”.

Porque “Empire State of Mind”, el hit de Jay-Z con que dominó los rankings en 2009, no es solo exhibición de autoestima robusta en un género en que triunfa el más recio; también es el relato del artista que conquista al planeta desde los rincones de la Gran Manzana donde no llega el neón y la sombra de los rascacielos.

Es, finalmente, el último gran manifiesto musical que tributa a Nueva York como un nido fértil en estilos y figuras que se sacuden del anonimato para asestar la victoria definitiva. Jay-Z empezó en esas mismas calles un imperio que hoy lo tiene como uno de los créditos más populares del pop mundial.

En su caso específico, la cuna fue el barrio Bedford-Stuyvesant, en el centro de Brooklyn, eje de partida de una canción que recorre paradas tan disímiles como Tribeca, Harlem, Broadway, los antiguos amigos dominicanos, las esquinas solo reservadas para los residentes más enterados y los partidos de los Knicks. Todas escalas que rematan en un desenlace: si lo lograste en Nueva York, puedes conseguirlo en cualquier otro lugar.

 


 

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CIUDAD DE MÉXICO

Molotov

Hubo un instante de marzo de 1997 en que los cuatro integrantes de Molotov debieron fusionarse con las atiborradas calles de su natal Ciudad de México. Fue el día en que vieron cómo diversas tiendas prohibían la venta de su disco debut, ¿Dónde jugarán las niñas?, por lo que optaron por sumergirse ellos mismos entre la muchedumbre para comercializar el álbum.

Fue la estrategia más eficaz. Pese a que recién se trataba de su ópera prima, los músicos ya contaban con un creciente culto en el DF, producto de los años en los que tocaron en múltiples bares, clubes y discos de la ciudad. Por eso mismo, les fue fácil tomar el pulso a la calle y representar, como casi nadie lo había hecho hasta ese momento, las quejas del ciudadano medio, irónico y atrevido.

De alguna manera simbolizan hasta hoy, luego de que en 2014 editaran su último trabajo, Agua maldita, la mejor versión del carácter chilango: para sobrevivir en uno de los lugares más poblados del mundo –y, por lo mismo, de los más creativos– no vale el desánimo, sino el humor ante un presente siempre vibrante.

 


 

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LONDRES

Adele

La música inglesa sacude Estados Unidos y revoluciona al resto del mundo. La máxima parece congelada en el tiempo, podría sintetizar cualquier minuto de ese 1964 o 1965 en que The Beatles tumbaron el otro lado del Atlántico, pero no: fue lo que sucedió en 2015, cuando la cantante Adele estrenó su último trabajo, 25, y asestó una estela de récords que cortan el aliento. Por ejemplo, fue –con más de tres millones de copias– el disco más vendido en una semana en Estados Unidos desde 1991 y fue el álbum más adquirido a nivel mundial, en parte gracias a la astuta maniobra de no ofrecerlo en streaming, obligando a sus fans a retomar el rito de pagar por ese soporte casi moribundo llamado CD.

Además, los logros de Adele representan la victoria de una londinense típica, producto de un rompecabezas multicultural que incluye una infancia en el barrio de Tottenham, enclave de diferentes etnias; juventud en el sureño barrio de Brixton, territorio de migración afrocaribeña que la estimuló para escuchar jazz y R&B; y una adultez en el sector residencial de West Norwood, en el Gran Londres.

 


 

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BUENOS AIRES

Spinetta

Al final, Luis Alberto Spinetta y Buenos Aires fueron uno solo. Luego que en julio de 2011 se le diagnosticara cáncer al pulmón, el cantautor le pidió a su familia que después de morir sus cenizas se arrojaran al Río de la Plata, el mismo lugar donde descansa su padre. Una solicitud que se materializó tras su partida el 8 de febrero de 2012, cuando su hijo, el también músico Dante Spinetta, confirmó que los restos del “Flaco” yacían en una zona donde se podía ir a lanzar una flor y contemplar el atardecer.

Pero la simbiosis entre el artista y la “ciudad de la furia” empezó mucho antes. Cuando a fines de los 60 el rock argentino –y latinoamericano– solo replicaba el canon anglo de gigantes como The Beatles o The Rolling Stones, Spinetta se perfiló tal como su ciudad, en constante ebullición cultural, y maceró una obra rica en influencias, dotada de un inédito acervo intelectual y capaz de abordar la introspección existencialista.

Y si el músico encarnó ese espíritu inquieto propio de los porteños, en contraparte su personalidad se alejaba de ese mito que sitúa al bonaerense como un ciudadano de labia exuberante. Aunque nació en el barrio de Núñez y piezas como “El anillo del Capitán Beto” aluden a Gardel y al club de fútbol River Plate, Spinetta siempre cultivó el bajo perfil, nunca dejó que su música abdicara ante las modas y las grandes masas y, quizás por eso mismo, se convirtió en el guía moral y en el faro silente de todos los que vinieron después, desde Charly García y Fito Páez, hasta Gustavo Cerati y Babasónicos. Spinetta es, finalmente, el auténtico padre del rock argentino. in

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Encuentre este compilado de lujo para caminar por algunas de estas urbes en la cuenta Spotify in-lan, bajo el nombre de Música & Ciudades.


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Bolero Falaz  Aterciopelados
El Anillo del Capitán Beto  Luis Alberto Spinetta
California Gurls  Katy Perry
Hometown Glory  Adele
Empire State of Mind  Jay-Z
Gimme the Power  Molotov
El Cuarto de Tula  Buena Vista Social Club
Human Behaviour Björk
Heaven Can Wait  Charlotte Gainsbourg


Selección de: Claudio Vergara

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