Amsterdam

Junto a sus canales y puentes, artistas y diseñadores ganan terreno donde antes dominaba la decadencia y viejas fábricas. Relajada, vanguardista y liberal, Ámsterdam se reinventa más allá del neón de su Barrio Rojo.

texto: Haroon Ali @haroonwrites | FOTOS: pim hendriksen
       

 

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Huidenstraat, una de las Nueve Calles del centro de Ámsterdam.

 

Como si se tratara de una pequeña versión de Naciones Unidas, la capital holandesa aloja 178 nacionalidades diferentes, lo que la convierte en una de las ciudades étnicamente más diversas del mundo. Todos hablan dos idiomas –o más– y el intercambio cultural es casi tan fácil y habitual como la existencia de los míticos coffeeshops. Sus habitantes son sociables, curiosos y directos. Acá vivimos en una aldea mundial, con un mundo artístico y una vida nocturna pujantes. Nos negamos a ser humildes o tímidos y nos gusta decir abiertamente lo que pensamos. Algo de eso pasa con el circuito de la moda, donde los diseñadores de la ciudad intentan atraer una mirada que suele estar puesta en París o Milán.
Una de ellas es la diseñadora australiana Lucy McRae, que decidió levantar su estudio en Oudezijds Achterburgwal, en pleno corazón del Red Light District. Esta llamada “arquitecta corporal” trajo a la ciudad invenciones vanguardistas. Una de las más llamativas es su “perfume ingerible”, una cápsula aromatizada que libera una fragancia a través de la piel.
Es un poco el signo de lo que sucede en esta parte de la ciudad. Porque mientras uno camina bajo el reflejo de las luces del Barrio Rojo, tras las de neón hay una camada de artistas de distinta índole ganando espacio y metros cuadrados a la decadencia. Creo, por lo demás, que esto es algo típico de Ámsterdam: las obras más interesantes se esconden en las profundidades de nuestros edificios antiguos y no en las fachadas luminosas. Hay que internarse y escudriñar Ámsterdam. Solo así aparecen todas esas boutiques, talleres, galerías y bares secretos. Tómese su tiempo. Es un paseo magnífico con la compañía de más de 150 canales y más de mil puentes.

 

 

La conquista hipster

Con sus 812 mil habitantes, Ámsterdam es pequeña y en ella hay más bicicletas que personas. Es cierto, no es una capital de la moda y tal vez nunca lo sea. Pero lo que pueda faltarle en autoridad fashionista es compensado con actitud y sentido del humor. Ahí está, por ejemplo, Bas Kosters, un extravagante diseñador que combina arte, moda y música. Sus coloridas creaciones son como un cachetazo que despierta a cualquiera. Kosters, cubierto de piercings, es responsable de la música que suena en los eventos más famosos de la ciudad, pero casi más importante es que está encargado de organizar la llamada Fiesta Antimoda o Anti Fashion Party. Su contraparte femenina es Esther Meijer, a quien conocí en la escena nocturna de Ámsterdam. En todo caso, tengo la sensación de que sus noches de fiesta están contadas, ahora que su marca Nieuw Jurk (“nuevo vestido” en holandés) se ha convertido en todo un éxito.
“Go West” no es solo una canción inmortalizada por The Village People –y versionada después por The Pet Shop Boys–, sino también la dirección que hay que tomar para conocer la desconocida zona más ondera y estilosa de Ámsterdam. Los renovados barrios de Oud-West y Westerpark han sido mi lugar de residencia desde hace casi una década. Fue precisamente en estos territorios que fui testigo de la partida de las prostitutas y la llegada de los hipsters.
Lo que me gusta de la zona oeste es su ritmo más pausado, además de su cercanía con los dos mayores parques de la ciudad. El verdísimo Vondelpark es el favorito de los turistas, pero yo prefiero Westerpark, levantado en el predio de una antigua y enorme planta de energía. Fue precisamente de esta manera en que la remodelación urbana ganó hectáreas en la zona oeste. Por ejemplo, los renovados espacios donde antiguamente se guardaban y reparaban tranvías hoy alojan bibliotecas, galerías de arte, talleres de diseño, bares y hoteles.
Noga Yaron, residente de la zona oeste y reconocida integrante de varios proyectos de moda, delira con el hotel De Hallen. “El diseño es increíble, no descuidaron ni el más mínimo detalle. De hecho, ya fue usado de telón de fondo de varios editoriales de moda”, comenta. A la vuelta de la esquina encontramos el Bar Brouw, sitio alternativo especializado en carnes ahumadas y cervezas artesanales. Un poco más allá el menú del Uit De Keuken ofrece suculentos sándwiches y ensaladas.
¿Y para comprar? Una buena opción es visitar la gigantesca tienda conceptual Hutspot en Rozengracht, otro de los lugares favoritos de Yaron. Y mío. Hutspot, llamado así por un plato holandés hecho a base de puré, es una suerte de supermercado de la moda, el diseño y los regalos. De hecho, escribo este artículo en un rincón de su excelente cafetería.

La zona oeste (Oud-West) de Ámsterdam se ha convertido en el epicentro
de la moda y el arte independiente. En la foto, uno de los canales
más icónicos de la ciudad: Keizersgracht.

 

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Encanto vintage

Es preciso no perderse las Nueve Calles del centro (Negen Straatjes en holandés). En efecto, estas atraen cada vez a más turistas, pero siguen siendo populares entre los residentes. Habitualmente paso las tardes de los sábados allí, con amigos, apreciando las obras que muestran jóvenes fashionistas en sus estrechas veredas. La escena se completa con chicas de labios color rojo brillante que salen de boutiques modelando grandes sombreros y muchachos de tatuajes y barba que esperan ingresar a alguna de las barberías y peluquerías alternativas que hay en la zona.

 

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De Wallen es el distrito más grande del Barrio Rojo, en el centro de la capital.

 

Las Nueve Calles son famosas por sus tiendas de corte vintage, como Zipper, Second Best o Episode. Pero el término vintage puede ser engañoso, dice Thijs Weijland, vendedor en la tienda Bij Ons Vintage durante el día y que oficia como DJ por las noches. “Sé que no soy imparcial, porque trabajo aquí hace tres años, pero esta es una de las pocas tiendas que vende ropa verdaderamente de época a un precio razonable”. Thjis viste algunas prendas muy elaboradas, las que generalmente confecciona en la misma tienda. Y si el vintage no es lo que busca, hay otras opciones, como Velour, Anecdote, Spoiled o Rika Boutique.
El diseñador David Laport tiene un gusto más bien lujoso, pero ni él se resiste al encanto de las Nueve Calles. Su boutique favorita es Van Ravenstein, en Huidenstraat, y que, según dice, “vende las marcas de moda más recientes de Londres y París”. Otra experta del barrio es Edith Beurskens, diseñadora gráfica de Marie-Stella Maris. La marca de agua mineral acaba de inaugurar su primer local en Keizersgracht, donde también vende productos de belleza. “La tienda es como un faro y en mi tiempo libre me encanta visitar el bar que tiene en su sótano”. Otras dos buenas opciones en las cercanías son el Bar 22 o el Brix. in

 

 

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