Buenos Aires

La ciudad de la furia

Buenos Aires fue hogar –e inspiración– de Gustavo Cerati, ícono del rock latinoamericano. Desde barrios y bares a estadios de fútbol, esta es la ruta bonaerense que vivió, recorrió y musicalizó el líder de Soda Stereo.

Texto: Mauro Libertella  |  fotos: Emiliana Miguelez @emilianamiguelez
       

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Cuando Gustavo Cerati murió – el 4 de septiembre de 2014–, los carteles electrónicos de los subterráneos de la ciudad de Buenos Aires amanecieron con un texto emblemático, “Gracias, totales”, la afamada frase con la que el músico se despidió de su público en el último concierto de Soda Stereo.

Así, la ciudad homenajeaba a uno de sus hijos predilectos, un artista que había calado hondo en el corazón de la ciudadanía. Ese gesto simbólico, además, cerraba una larga y entrañable relación entre Cerati y Buenos Aires, un vínculo pasional e intenso que arranca con la casa familiar en el barrio de Villa Ortúzar y termina de masificarse con los recitales en el estadio de River Plate.

 

 

Debut con comida rápida

Villa Ortúzar es un barrio tranquilo y arbolado, en el que sobreviven todavía algunas calles de piedra y donde los edificios no terminaron de devorarse el cielo. Ahí creció el joven Gustavo, sobre la calle Heredia, muy cerca de una pequeña plaza. De hecho, la casa familiar nunca se vendió: la madre del músico, Lilian Clark, todavía vive ahí. Apenas a unas cuadras estaba su colegio, el San Roque, donde estudió primaria y secundaria, y que desde el 2012 tiene un mural en su honor.

 

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Su primer departamento de soltero, cuando se emancipó de la familia, fue en Juncal y Azcuénaga, en el sector de Recoleta. Después se instaló en Belgrano, y esa es la verdadera zona de influencia de Cerati, el sector porteño que todos sus amigos asocian con él. Pero la ciudad realmente se le abrió en toda su dimensión cuando empezaron a tocar y moverse, ya como banda de rock, con el nombre de Soda Stereo. El primer concierto que ofrecieron fue en un lugar que ya no existe, la discoteca Airport, en la avenida Cabildo, casi llegando a la General Paz, que es el límite entre la Capital y la Provincia de Buenos Aires.

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Para homenajear a Gustavo Cerati, creamos esta lista de temas de Soda Stereo. Disponible en Spotify bajo el nombre Ciudad De La Furia in-lan.


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“Cuando Pase el Temblor” (Nada Personal)
“Persiana Americana” (Signos)
“Primavera Cero” (Dynamo)
“Zoom” (Sueño Stereo)
“En La Ciudad De La Furia” (Doble Vida)


Selección de:
Mariano Tacchi @Playeroycasual

Meses después de ese primer show sacaron su disco debut y decidieron hacer una presentación poco ortodoxa. Quien les manejaba la prensa y el marketing tuvo una idea alocada: presentarlo en Pumper Nic, un icónico y desaparecido negocio de comida rápida, como un McDonald’s, pero en versión argentina. Ahí replicaron una fiesta infantil para presentar el primer disco de la banda. El crítico de rock Alfredo Rosso estuvo ahí y dice que el efecto fue inolvidable. Sucedió a mediados de 1984. El Pumper Nic quedaba en Suipacha y Corrientes, en el centro porteño, la zona de los restaurantes, los teatros y los cines de la capital.

A pasos de Pumper Nic tomaron la fotografía que está en la tapa del disco Doble vida, el cuarto de la banda: una postal urbana de edificios altos, en blanco y negro. La imagen perfecta para su primer trabajo grabado en Nueva York.

 

Partiendo de Zero

Otro lugar del que se acuerda Rosso es el Bar Zero, ubicado en Palermo, en la calle República de la India, bordeando el Zoológico. Lo que para los Beatles fue The Cavern, para Soda Stereo fue el Bar Zero: el lugar donde se foguearon, donde tocaron una y otra vez hasta hacerse grandes. Hoy, en ese lugar hay un frío edificio.

 

 

Gustavo Bove fue amigo de Cerati desde los años 80 y publicó un libro de charlas entre ambos: Cerati, Conversaciones íntimas. El autor recuerda: “Un barrio que asocio a Gustavo es Belgrano. Él vivió toda la vida en la calle Heredia, a dos cuadras de New York City, en esa interzona que algunos llaman Belgrano y otros Villa Ortúzar. En un momento se fue a vivir solo, se fue a Figueroa Alcorta, en diagonal a la cancha de River Plate. Los primeros ensayos que hicieron de Soda, los realizaron en la casa de Charly Alberti, a cuatro cuadras de la cancha de River. Y ellos se despiden y regresan al mismo lugar. Las memorias que tengo de él es encontrármelo en Freedom, en Avenida del Libertador”.

Figueroa Alcorta fue una calle tan gravitante en la vida de Cerati que, de hecho, le compuso una canción que dice: “Avenida Alcorta / cicatriz / hoy volví cansado / de hablar de mí”. Todo sucedió por allí. En el Estadio de River Plate –“El Monumental” en jerga futbolera– se despidieron en 1997 con dos recitales históricos que están registrados en el álbum El Último Concierto. Cuando se juntaron, después de diez años, lo hicieron en el mismo recinto.

“Cuando lo conocí fue en el departamento enfrente de River Plate, un tanto antiguo. Tenía un cuartito chiquito donde armó un mini estudio”, dice Leo García, músico y amigo cercano de Cerati. Leo lo acompañó en largas noches por la otra Buenos Aires, esa en versión nocturna. “Íbamos a El Cielo, a Pachá, a Morocco. Esto fue en los 90. Después, desde el 2000, la movida se mudó al barrio de Palermo e íbamos a El Roxy y Belushi”.

 

Zoom a Buenos Aires

 

 

En Palermo está también ROHO, en la calle Malabia, la peluquería de los rockeros y donde Cerati se juntaba a pasar el rato con sus amigos y donde armaba también su imagen capilar. Y no se puede olvidar la hermosa cúpula circular del Planetario de Buenos Aires, donde se filmó el videoclip de la canción “Zoom”, en el que cientos de chicos se besaban sobre el césped mientras la banda tocaba la canción una y otra vez.

La ruta de una persona siempre es un mapa vivo, que se mueve, que va cambiando. Las ciudades también se transforman con los individuos. Y crecen, se vuelven otras. Por eso la Buenos Aires de Gustavo Cerati es varias Buenos Aires al mismo tiempo, una ciudad encima de otra.

Pero Belgrano, Villa Ortúzar, Núñez y Palermo es la línea invisible, el hilo que une todas sus experiencias urbanas; esa es la ciudad de un artista que penetró la música latinoamericana, que viajó miles y miles de kilómetros en avión para siempre volver al lugar donde estaba su familia y sus amigos. La urbe que, cuando murió, lo despidió con ese cartel que pidió prestadas sus propias palabras: “Gracias, totales”. in

 

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