Elegancia tropical

Cali

En estas tierras empezaron a proliferar los diseñadores arriesgados, los looks incombustibles de sus mujeres, los restaurantes de osadas propuestas. Esta es la capital del Valle del Cauca, la misma que no escatima en derrochar estilo.

Texto: Mariana Campos P.  |  FOTOS: Azul Diafragma
       

“¡Chanel, no entrés ahí Chanel!” grita una joven caleña detenida en una acera de la Avenida 9 Norte. Es estilizada, su maquillaje y peinado en perfecta sintonía con su sofisticado atuendo, y totalmente combinada con su perrita maltés, Chanel, que insiste en colarse a un café del Barrio Granada. Son pasadas las 6 de la tarde y el sector comienza a llenarse de visitantes. Buscan regalos, productos orgánicos, tomar un café o simplemente dar un paseo por una de las avenidas con más estilo del Cali actual. Nadie sospecharía siquiera que, hace casi una década atrás, este mismo barrio era difícilmente cotizado como área comercial.

 

Margarita Yepes, de Taller Croquis  |  María María y el corte vintage de sus diseños.

Margarita Yepes, de Taller Croquis   |   Bendita María María y el corte vintage de sus diseños.

 

El auge de la capital del Valle del Cauca es bien fácil y divertido de comprobar. Además de ser la sede de uno de los eventos de moda más importantes del país –el Cali Expo Show, que se realiza desde el año 2000– sus barrios evidencian el polo de moda y diseño en que se ha convertido. Junto a Granada, basta darse una vuelta por distritos como El Peñón y Ciudad Jardín, verdaderos epicentros de la movida caleña, con tiendas de lujo y diseño de vanguardia, cafés y restaurantes; todo eso que uno espera cuando va tras una buena dosis de estilo.

Fácilmente se aprecia la creatividad, eso de jugárselas por una propuesta. Así destacan tiendas como Taller Croquis y Clownaman. Margarita Yepes, arquitecta de profesión y cerebro de Croquis, se dedica día a día –junto a su equipo– a pintar a mano cada prenda que sale del taller ubicado en su propia casa. Vestidos, blusas y faldas, prendas únicas nacen cada día para llenar de color y estilo a sus clientas. En la misma línea, la propuesta de los hermanos Andrés y Carlos Vélez, Clownaman, es ya un clásico dentro del mercado. Comenzaron hace unos diez años, siendo un taller de estampado de telas y ahora, además de Cali, ya cuentan con tiendas en Barranquilla y Bogotá. De sus cuarteles salen todo tipo de piezas con originales estampados que van desde bicicletas, simios o aves, hasta las exóticas aves que sobrevuelan esta zona del planeta. Por supuesto, también hay payasos.

 

Clownaman (6)

Los diseños de Clownaman.

Por su parte, las tiendas en el lujoso barrio de Ciudad Jardín o la boutique de Carlos Armando Buitrago en el Barrio Centenario (vecino de Granada), son buenos ejemplos de lo más clásico y elegante. Buitrago, quien partió sus días como anticuario, es hoy en día el modisto más reconocido entre elegantes mujeres que van y vienen por su local tomándose las medidas para un próximo encargo.

 

Sabores diseñados

A pesar de que ya ha llegado la tarde, el calor  y la humedad en Cali no decaen. Por eso existen sitios como Calathea, una de las heladerías más comentadas de la ciudad. Vainilla mexicana, ciruelas pasas y oporto, mango y jengibre, y chocolate al 65% son solo algunos de los sabores que salen en los vasos y conos del local de El Peñón.

La dueña, Pili Agudelo, regresó a su Colombia natal tras estudiar artes culinarias en Nueva York y de haber trabajado con el maestro chocolatero Oriol Balaguer en Barcelona. Acá en Cali quería instalar la primera heladería artesanal de la ciudad, y sus helados tipo gelato han sido sensación.

Ringlete_2
Y se puede seguir comiendo. “Vaya directo a Ringlete”. Lo dicen en los hoteles, uno que otro peatón tratando de dar un buen consejo. Conocidos y desconocidos parecen estar de acuerdo cuando se trata de dar una buena recomendación donde probar los sabores de la zona. La cocina caleña–vallecaucana, para precisar– es una explosión de colores, aromas y sabores. Martica Jaramillo, la chef, dueña y alma de Ringlete lo sabe, y saca partido de ello. Ella misma recibe a sus comensales y les ofrece desde un inolvidable Aborrajao (plátano maduro relleno con queso doble crema, rebozado y aromatizado con canela y puesto en salsa de guayaba, vino tinto y salsa de mango con mamey, fruta de la zona), hasta platos con chicharrones y preparaciones como la cola endiablada, cocinada en reducción de cerveza, zanahoria, pimentón y picante.

Con un estilo opuesto, pero igualmente atractivo, está la propuesta de Platillos Voladores. Catalogado por expertos y guías de viajes como el mejor restaurante de Cali, los riquísimos productos de esta zona salen presentados con precisión sofisticada desde los fogones que dirige Victoria Acosta, su chef y propietaria. Frutas como el mango y el kiwi se fusionan con pescados de esa zona del Pacífico y el resultado es una experiencia difícil de olvidar.

 

Vámonos de rumba

En la calle, en los taxis, en todos los rincones de la capital mundial de la salsa se escucha música. Desde la clásica Sonora Guayacán, pasando por Bomba Estéreo y los alternativos y exitosos Monsieur Periné.

La música suena fuerte en el Absenta, uno de los bares más concurridos de la ciudad. A eso de las 9 de la noche de un viernes no hay cómo conseguir lugar para sentarse en alguna de sus mesas. Las it girls caleñas que caminan sintiendo las miradas sobre sus perfectos atuendos, o los elegantes ejecutivos que conversan animados mientras sorben cócteles con nombres como Jumping Bom Bom Bum (vodka, curazao azul y el michelado de las copas con bom bom bum) o Veneno (ginebra, absenta, absolut de citrón y manzana); todos ellos han atiborrado el lugar. Similar es el ambiente en la chic terraza del hotel boutique Now. Con una inmejorable panorámica de la ciudad, aquí la gente viene para ver y ser vista.

 

  • Zaperoco Bar

El Zaperoco Bar es otra cosa. Podría decirse que es el alma de la movida nocturna más clásica de la ciudad. El sitio más emblemático para ir a escuchar salsa funciona a tope los jueves, viernes y sábados. Aquí locales y turistas, hombres y mujeres de todas las edades, se deslizan por la pista de baile con pasos precisos y espectaculares mientras la banda en vivo de los jueves anima la fiesta. Cortitos de aguardiente van de aquí para allá y la alegría se torna contagiosa. Pero ese es un fenómeno que traspasa la pista de baile, es algo que suele pasarle a los que visitan Cali: se es tan feliz aquí, que uno quiere quedarse, o al menos volver lo antes posible. in

 

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