Dicen de La Habana…

Más allá de su malecón, sus autos viejos y añosos edificios, y en las mismas calles en que se cocinó una revolución –donde artistas de todo el mundo han encontrado inspiración–, hoy todo toma un cariz diferente.

Texto: Diego Cobo  |  fotos: roberto candia
       

Angel Parra

 

En Cuba están pasando cosas, hay cambios. La primera reunión de Barack Obama y Raúl Castro dio luces de una reapertura de las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y la isla, y en sus calles, como por arte de magia, como vaticinio cumplido, comenzaron a aparecer las banderas de 50 estrellas. En prendas de vestir, en las astas de los hoteles, o incluso en las bicicletas-taxi. Algunos son simplemente esos cubanos que no han perdido la fascinación de la cultura pop norteamericana, otros, los que ven en ese encuentro histórico una nueva oportunidad económica.

A Eddy Fernández Monte se le ilumina la cara al hablar del panorama gastronómico de La Habana. No es para menos: la cocina cubana comienza a caminar por sí sola. Eddy es el presidente de la Federación de Asociaciones Culinarias de Cuba, además de chef en el restaurante Arte Chef. Y si en algo insiste este cocinero cubano es en la recuperación del orgullo de la comida autóctona, puesto que en los últimos años se había abandonado completamente.

Eso está cambiando: la apertura de decenas de restaurantes privados en el barrio de Vedado y Miramar –que concentra gran cantidad de teatros y salas de exposiciones– aporta a la ciudad un mapa gastronómico cada vez más interesante. Por ejemplo, el restaurante Starbien y el Río Mar, en la desembocadura del río Almendares.

 

 

Si algo hay que alabar del nuevo turismo de La Habana es la ruptura con los recorridos convencionales. Los cócteles de viejos templos como La Bodeguita del Medio han sido explotados de tal manera que apenas mantienen una esencia original. Y es ahí donde modernos locales están cubriendo un espacio necesario: El Cocinero, antigua fábrica de aceite o el Café Madrigal, especialista en tapas, siguen en esa línea que une la modernidad con los nuevos aires. La Habana está aprendiendo a que su valor turístico se encuentra en la variedad.

 

Dónde se quedan los artistas

 

 

La Plaza de Armas es la puerta de entrada a una dimensión literaria. Aquí, entre inmensos flamboyanes que dan sombra a los habaneros, decenas de libreros venden obras de gran contenido histórico, donde las que estudian la mítica revolución de 1959 son mayoría. Los días de boina, cuando Fidel Castro llegaba como primer ministro a asumir la dirección del país.

Por estas tierras caminó Ernest Hemingway, quien vivió más de veinte años en La Habana. Aquí bebió, disfrutó, pescó y escribió, entre otras obras, París era una fiesta e Islas en el Golfo. No hace falta más que darse un paseo por Cojímar, un pequeño pueblo pescador a las afueras de la capital, para darse cuenta de que en ese puerto, en ese ambiente y en esa placidez discurre la obra que cimentó su camino a recibir el Nobel de Literatura: El viejo y el mar. La Finca Vigía, la casa enclavada en la colina de San Francisco de Paula, es la casa en la que vivió. La misma que compró con el dinero obtenido por los derechos de autor de Por quién doblan las campanas, hoy posa reconvertida en museo, y es un peregrinaje obligatorio que mantiene intacta la esencia del escritor.

 

Havana en ALTA_RC_3351

 

El poderoso imán de esta isla en forma de caimán ha atraído a escritores de todo el mundo. Graham Greene escribió aquí Nuestro hombre en La Habana; Rafael Alberti quedó embelesado en sus viajes a una isla en la que recitó poemas (“La Habana ya se perdió / tuvo la culpa el dinero…”) y dio conferencias. Y Federico García Lorca, en una carta a sus padres desde La Habana les dijo: “esta isla es un paraíso”.

Los viejos cantautores cubanos también han dado paso a nuevas oleadas de artistas que fusionan estilos musicales, algo muy novedoso en un país acostumbrado al son, la trova y el guaguancó. X Alfonso es uno de esos roqueros experimentales que, sin abandonar nunca esos rasgos tan cubanos de nostalgia, soledad y amor, simboliza la Cuba más contemporánea que nunca, como en esa letra en la que describe la ciudad: “Está La Habana oculta que nunca ves / llenas de gente especial / humildes por tradición / llevan la nostalgia y la resignación / buscando las puertas de la solución”.

La Habana vive un fuerte latido de renovación que se refuerza con la ironía –el trovador Ray Fernández es experto en ella– o la acidez de raperos como Los Aldeanos. Nuevos aires para una ciudad vieja por fuera, pero rabiosamente emergente por dentro. Toda Cuba parece una inmensa sonrisa, a pesar de que la expresión más repetida sea la de “esto no es fácil”. in

 

Artículos destacados

Artículos por país