Ecuador

Tren al cielo

Tres días en 447 kilómetros de rieles por la espina dorsal de un Ecuador que se recorre desde la costa hasta el mismísimo corazón de los Andes. Pasajeros, bienvenidos al Tren Crucero.

Texto: MARTÍN ECHENIQUE  @martinechenique    fotos: DAVID GRIJALVA
       

 

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Asombro. Eso es lo que realmente pasa aquí, en la mitad del mundo. Los paisajes deslumbran al ver cómo la geografía desafía a la gravedad entre cañones, ríos y volcanes vivos, cuyas historias se descubren al son de la locomotora que va dejando atrás los rieles del camino. Como verán, más allá de la eventualidad volcánica, las leyendas, los trenes o los superpoderes naturales, este viaje tiene eso: enamora a cualquiera. Y en tiempo récord.

 

Día 1: Durán – Bucay

  • El Tren Crucero fue inaugurado en 2013, con capacidad para 53 personas en cuatro vagones.
    Inaugurated in 2013, the four railroad cars of the Tren Crucero accommodate up to 53 passengers.

 

Augusto, el maquinista, toca la campana en el andén. Son las 8:30 de la mañana en la estación de Durán, a quince minutos del centro de Guayaquil, y el tren inicia su recorrido hacia el este mientras enfila hacia los Andes. Una locomotora a vapor del año 1953 impulsa el convoy de cuatro vagones a 30 kilómetros por hora, mientras atraviesa las planicies cubiertas de arrozales, plantaciones de mango, caña de azúcar y humedales que se pueden observar al aire libre desde la terraza panorámica ubicada en el último vagón, y que es, sin duda, el mejor lugar para dejarse ir y disfrutar de las vistas de este tren recientemente nombrado como el mejor de Sudamérica por los World Travel Awards 2015.

Tras pasar por Yaguachi, lugar donde se inició la construcción del ferrocarril en 1898, el tren se detiene en la estación de Naranjito para ir rumbo a una de las haciendas más famosas de la zona costera ecuatoriana: La Danesa. Fundada en 1870 por inmigrantes daneses, esta hacienda es la parada perfecta para descubrir el lado más sabroso de este Ecuador costero, húmedo, selvático: sus plantaciones de cacao.

José Silva, agricultor, 36 años, desnuda un par de frutos en solo cinco machetazos. El corazón del cacao, cubierto de una (deliciosa) pulpa blanca, pasa al tostado y tras moler las pepas, se obtiene aquel polvo amargo y característico al que José añade azúcar de caña tostada y nada más. En diez minutos, sin procesos industriales, colorantes o saborizantes, se prueba un cacao de alta pureza, dulce y natural.

 

Día 2: Bucay – Riobamba

 

La transición de la costa a los Andes es evidente. La temperatura baja de 28 a 15 grados Celsius, los paisajes dejan atrás las plantaciones para dar paso a montañas, cañones y un bosque nuboso de baja altura, húmedo, que corre paralelo a la línea férrea y al caudaloso río Chanchán. En este trayecto, el tren escala desde los 294 metros sobre el nivel del mar hasta Huigra, la primera estación de los Andes ecuatorianos a 1.255 metros de altura y que sirvió de base para los británicos que llegaron a construir el ferrocarril en 1901. Aquí, el tren se detiene por media hora antes de serpentear por la conocida Nariz del Diablo: un impresionante ascenso de 800 metros en reversa a través de un vertiginoso zigzagueo, desde el cual se pueden ver los valles, el río y la estación base de Sibambe a medida que el tren sube un poco más allá de los dos mil metros de altura.

Ya de camino hacia Riobamba, la última estación del día, el tren atraviesa por la provincia del Chimborazo, bautizada en honor al volcán más alto de todo Ecuador. Aquí, Carmen Chito, 41 años, indígena de la etnia puruhá, oficia de anfitriona mientras el grupo camina por los senderos que conducen a su comunidad, Palacio Real. En el trayecto, Carmen relata las leyendas donde se cuenta que aquí, en esta tierra, los volcanes también sufren por amor. La más famosa dice que los volcanes Cotopaxi y Chimborazo pelearon durante siglos por el amor de la Mama Tungurahua. Ella, a su vez, tenía como amante a su vecino, el volcán Altar, quien finalmente sufrió los celos del Chimborazo al ser hundido por un golpe que terminó con su actividad y lo extinguió. Uno de los tantos triángulos amorosos que termina en erupciones, lava y cenizas a partir de un sincretismo repleto de historias, las que solo se escuchan de quienes habitan las faldas de estos volcanes humanizados.

De regreso en el tren, los volcanes nevados dominan el paisaje mientras atardece en medio de los Andes. Riobamba espera para dormir. Dicen que mañana el cielo estará un poco más cerca.

 

Día 3: Riobamba – Quito

  • La ciudad de Alausí. / The city of Alausí.

 

Son las 7 de la mañana y los guías que acompañan al tren advierten que hoy es un día de suerte: el Chimborazo está despejado. Se ve perfecto, cerca, monumental. Y claro, es un privilegio dada la bipolaridad de un volcán que se muestra y se esconde detrás de las nubes en cuestión de minutos. Foto, foto, foto.

El tren sigue su camino hacia Quito en dirección norte a medida que más volcanes y laderas verdes se toman el paisaje sin pudor alguno. La altura se siente por todos lados. El tren ya va casi en los 3.600 metros de altura y el aire es cada vez más liviano, frío, seco, de montaña. Y Urbina, la estación más alta de todo el sistema ferroviario, espera a menos de una hora.

Esta estación en medio de la nada, impresiona. El Chimborazo está a menos de un kilómetro de distancia y sigue perfectamente despejado mientras el viento de montaña pasa por la planicie que mira hacia sus faldas y enfría las narices. Y en Urbina está Rodrigo Donoso, un quiteño de 59 años que vive frente a la estación y que ha escalado el Chimborazo 43 veces en 120 intentos. Lleva casi tres décadas viviendo en este lugar y se dedica a realizar expediciones al volcán con turistas que aventuradamente se atrevan a subirlo en dos días, tras aclimatarse por otro par en su refugio.

La estación queda atrás y el recorrido sigue hacia Ambato, capital de la provincia del Tungurahua y lugar donde se desciende del tren debido a la modificación que actualmente ha sufrido el viaje por la actividad volcánica del Cotopaxi (ver Nota del editor). Dos buses cubren el trayecto por carretera desde Ambato hasta la estación de Tambillo, donde se vuelve a tomar el tren para llegar hasta el destino final: Quito.

Una hora más tarde, la capital ecuatoriana da la bienvenida desde su periferia. Ya de noche y escondida entre montañas, centenares de personas reunidas a ambos lados de la vía saludan con sonrisas y manos que se agitan a quienes van a bordo del tren. El ferrocarril se detiene en la última estación. Y los quiteños, orgullosos, no dejan de sonreír ante la arteria ferroviaria de un país cuyo pulso suena, literalmente, a ritmo de tren. in

 

Nota del editor

Debido a la alerta amarilla ante la actividad eruptiva del volcán Cotopaxi, el tren ha modificado su recorrido original. En un cuarto día de excursión, incluido en el precio final, se visitan las ciudades de Ibarra y Otavalo a bordo del Tren de Los Lagos en la provincia de Imbabura, al norte de Quito. Al cierre de la edición de diciembre de 2015, estas modificaciones se mantienen vigentes.

 

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