Ecuador verde

Casi la mitad del país está cubierto por bosque amazónico. Pero acá, con la mayor concentración de diversidad biológica por kilómetro cuadrado en el planeta, hay otras selvas y paisajes que deslumbran.

Texto: Jorge Riveros-Cayo @JRiverosCayo   fotos: ila coronel
       

 

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La ruta desciende por un camino serpenteante mientras el calor adormece y el olor a tierra fresca invade mis fosas nasales. A pesar de la temperatura, la neblina nos envuelve como un fantasma silencioso. La camioneta zigzaguea entre montañas cubiertas de bosques frondosos, por la ruta que viene desde Quito, la capital de Ecuador y la segunda más alta de Sudamérica después de La Paz.

Es mi punto de partida para explorar este país, pequeño y compacto, donde cualquier destino está a una hora de vuelo o pocas horas en auto o bus. El frío seco de la capital ecuatoriana queda atrás para dar paso a una humedad templada, propia de la selva amazónica en el oriente. Pero mi destino se sitúa en sentido contrario.

 

La capital de las aves

A unos 70 kilómetros hacia el noroeste de Quito están los bosques nublados, húmedos, o “selva alta”, como también se les conoce en algunos países sudamericanos, y que son los que trepan sobre las alturas del valle de Mindo. Ahí habita infinidad de flora y fauna dentro del Bosque Protector Mindo Nambillo. Esta área de conservación existe desde 1988 y ocupa casi 20 mil hectáreas sobre la ladera occidental del volcán Pichincha. Es una zona con un alto grado de biodiversidad, no solo en Ecuador, sino en el planeta.

 

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Uno de los mayores atractivos de los bosques nublados próximos a Quito es la gran cantidad de aves, muchas de ellas endémicas.

 

Irman Arias, quien oficia de guía en esta área, cuenta que estas tierras fueron pobladas hace miles de años por olas migratorias provenientes de la actual costa ecuatoriana hacia la zona alta.
“Los yumbos fueron un pueblo de mercaderes y comerciantes cuya labor principal fue el intercambio de productos entre los pueblos de la costa y la sierra. Transitaban a través de caminos largos, estrechos y peligrosos que atravesaban la densa vegetación a este lado de las montañas”, cuenta señalando la selva alta postrada sobre Los Andes. “Los yumbos vivieron en esta localidad entre el 800 y 1600, pero las erupciones volcánicas cercanas hicieron que la gente huyera a parajes más tranquilos”, explica.

El río Nambillo, el mayor afluente de agua de esta reserva ecológica, nace a unos 4.800 metros de altitud y la cruza descendiendo hasta los 1.800 metros. En su recorrido existen unas 15 caídas de agua. Los bosques semitropicales protegidos son el hogar de unas 500 especies de aves, la mayor concentración en todo el país, que incluyen tucanes, guacamayos, tangaras, búhos, patos salvajes, quetzales, mirlos, colibríes y caciques. Por ello, en 1997, esta zona fue declarada el primer sitio AICA (Área de Importancia de Conservación de Aves) de Sudamérica.

La creación de esta categoría fue una iniciativa de BirdLife International, surgida en 1985, para proteger áreas de conservación con alta presencia de especies y aves. “Estamos orgullosos de este bosque”, dice Irman sobre Mindo-Nambillo. “La llamamos la Capital Mundial de las Aves”, afirma sonriendo.

 

  • De entre las muchas especies vegetales destacan las cerca de 170 variedades de orquídeas que se pueden hallar por los bosques de Mindo.

 

La exuberancia del bosque protector incluye unas dos mil especies de plantas, árboles y alrededor de 170 orquídeas. También habitan 90 especies de mariposas y un sinnúmero de insectos. Adentrándose por los pocos senderos que existen hacia los lugares más remotos del bosque se puede ver –con algo de suerte– mamíferos como el oso de anteojos, un vecino habitual de este ecosistema.
O un oso hormiguero e incluso un puercoespín.

Con mayor dificultad se puede asomar un puma o quizás hasta un jaguar. La vida vibrante de esta ecorregión se debe a la abundancia de agua, lo que, a su vez, atrae a los amantes de la naturaleza que se desviven por hallar una u otra especie en medio de la espesura selvática que pareciera tragarlo todo.

 

El triunfo del cacao

Para los que no tienen el entusiasmo de levantarse a las tres de la mañana –como suelen hacer los observadores de aves– o los que tampoco tienen la afición de observar orquídeas y mariposas, existe una opción que endulza los sentidos: paseos guiados para ver el proceso de elaboración de chocolate con cacao que crece en el bosque, una industria pujante y relativamente nueva. Productores locales que tienen sus tierras cerca de Mindo cultivan el cacao que luego se convierte en uno de los mejores chocolates ecuatorianos. Y del mundo.

Acá los visitantes tienen la fortuna de apreciar todo el proceso: desde la fermentación de las bayas y el secado, hasta el tostado y la elaboración posterior en chocolate. Hay historias como la de José Meza, un ecuatoriano nacido en Riobamba, y Barbara Wilson, una estadounidense de Ann Arbor, Michigan, quienes tenían una tienda para reparar autos. Después de 41 años, José decidió regresar a Ecuador junto a su pareja. Ambos se enamoraron de Mindo por su clima y paisaje. Rápidamente decidieron comprar un lote de tierra.

Pero había un problema: el acceso a internet era complicado y casi inexistente. Así que decidieron abrir un café donde lo instalaron, aunque al principio fue caro y lento. Barbara empezó a hacer brownies que fueron muy elogiados, así que cada vez que iba a Estados Unidos traía consigo chocolate para sus preparaciones.

 

Era paradójico: no podía conseguir buen chocolate en Ecuador, cuando este país fue un gran productor de cacao hasta principios del siglo XX. La competencia de colonias británicas y francesas en África y Asia, respectivamente, hizo que los ecuatorianos se vieran forzados a sembrar plátanos y café, productos más rentables.

Así que Bárbara y José decidieron dedicarse al proceso del cacao, dentro de un contexto más amplio, donde productores ecuatorianos se han encargado del renacer de esta industria y de elevar la posición del cacao ecuatoriano como uno de los mejores del planeta.

Fue así que creció la producción y el consumo de chocolate; se amplió el negocio del café en Mindo y, en 2009, estos emprendedores abrieron Mindo Chocolate Makers en Michigan.

Lo bueno es que en Mindo ofrecen paseos diarios o cursos de dos semanas para aprender a hacer chocolate.

Como para endulzar la vida.

 

Vista al volcán

Mitad del Mundo es en realidad un pequeño pueblo a 23 kilómetros al norte de Quito. Muy cerca de ahí, Charles-Marie de la Condamine y su expedición francesa trazaron en 1736 la línea ecuatorial, todo bajo la mirada celosa de científicos-espías de la Corona española. Para marcar la línea que divide al globo terráqueo, siglos después se construyó un momumento de 30 metros de alto que, al final, está unos 200 metros más al sur de la verdadera línea ecuatorial, si es que la medición se realiza con la precisión de un GPS.

Pero no interesa: Ahí, cumpliré el clásico deseo de todo visitante: caminar sobre la línea ecuatorial que divide al mundo en dos.

Cuatro kilómetros más al norte de este hito está la Reserva Geobotánica Pululahua, situada en torno al cráter del volcán apagado del mismo nombre. Formado por varios domos, sus últimas erupciones se remontan a 2.300 años.

 

  • En Mindo, a 90 kilómetros de Quito, existen senderos que recorren el bosque protegido.

 

Un camino asfaltado me conduce junto a un grupo de turistas al borde mismo del volcán, desde donde podemos observar las paredes interiores cubiertas de vegetación, buena parte de ella orquídeas silvestres, bromelias, helechos, musgos y líquenes.

Se trata de una pequeña selva de altura en medio de la cordillera. También hay decenas de colibríes y mamíferos pequeños como el lobo de páramo. En el interior del cráter se pueden observar tres elevaciones: el Pondoña –un domo volcánico formado por una erupción tardía–, el Chivo y el Pan de Azúcar.

No se equivocaron cuando viajeros y exploradores describieron Ecuador como una tierra llena de animales fantásticos, volcanes de gélidas cumbres, impenetrables junglas amazónicas y una diversidad cultural solo comparable a sus disímiles características geográficas.

Es un país en colores, pero por fortuna, dominado por el verde. in

 

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