The Big Island & Maui

Hawái íntimo

Dos de las islas de este sorprendente archipiélago en medio del Pacífico concentran magia y belleza en una tierra donde los volcanes son los dioses del comienzo del mundo.

Texto y fotos: MARÍA VICTORIA ZÚÑIGA B.
       

 

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Malihini nació y se crió en Maui. Hoy trabaja en el Ka’anapali Beach Hotel y entre sus labores está el impartir clases de hawaiano a los huéspedes. Enseña los sonidos, construye palabras con ellos. A los latinos del grupo de alumnos se les da bastante fácil. Pero antes de que existiera el idioma, los hawaianos se comunicaron a través de señas, por eso su baile, el hula, utiliza tanto los gestos, las manos y el movimiento del cuerpo.

Sus historias se han transmitido por siglos gracias a la memoria, contando leyendas de la creación, el amor, la realeza y los mitos.
En el honi, saludo tradicional de los hawaianos, quienes juntan sus narices e inhalan al mismo tiempo, “comparten el aliento de vida”, explica Malihini.

 

 

En este hotel, ubicado en una de las mejores playas de Maui, se conserva el espíritu de Hawái. Y es más allá del afán turístico, lo dicen los viajeros que llevan 20 años regresando al Ka’anapali, los que vienen a vivir una y otra vez el luau de día lunes, las clases de hula, los maitáis y el imu, ese cerdo que se cocina por todo un día en la tierra cubierto por piedras.

Es cierto que cada vez se hace más difuso el acento polinésico de Hawái, el más nuevo de los estados de Estados Unidos, opacado por la uniformidad de los strip center y los descomunales resorts. Es en ese momento donde las postales sorprendentes de la geografía hawaiana aparecen para empequeñecer cualquier obra del ser humano.

En su naturaleza prodigiosa, los lugares sagrados como el Haleakala –hoy dañados, a ojos de los hawaianos, por instalaciones como el observatorio del mismo nombre– no le quitan mayor esplendor al sitio. Se trata de la cima más alta de la isla. La “casa del sol”, como se traduce su nombre, un volcán de 3.055 metros de altura en el Parque Nacional del mismo nombre, con más de 13 mil hectáreas y desde donde se puede ver prácticamente toda la isla.

 

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FOTO: benjamin iglesis

 

El Iao Valley State Park es otro de sus hitos naturales. En este sitio de selva lluviosa –a cinco kilómetros de Wailuku– se encuentra la Aguja de Iao, con más de 370 metros de altura, algo así como la Torre Eiffel de Maui en cuanto a tamaño. Este levantamiento de roca sirvió como mirador durante una batalla decisiva, parte de la exitosa campaña del rey Kamehameha para unir las islas.

La vida citadina se puede apreciar en Lahaina Town, un pueblito con encanto, con excelentes restaurantes –como el italiano Longhi’s– y galerías de arte que son la delicia de quienes visitan la zona. Además de las clásicas tiendas de suvenires, muñecas bailarinas, pareos y camisas aloha, destacan sitios como Vintage European Posters, el emprendimiento de Alan Dickar, dueño y coleccionista, cuyos afiches originales (no reimpresiones), datan de 1880 y son testimonio claro de momentos históricos del mundo.

 

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La Gran Isla

Es de noche en el Hawaii Volcanoes National Park en Big Island. En las afueras del museo Thomas Jagger, un grupo de personas reunidas en silencio, espera. A la distancia, los rugidos y los destellos rojos de Kilauea, el volcán más activo del archipiélago y uno de los más activos del mundo, es la atracción principal.

Cada año, millones de personas llegan hasta acá en busca de uno de los fenómenos naturales más sorprendentes. El origen de la tierra desde lo más profundo del mar, y la diversidad que aloja en sus más de 1.348 km2 de área, le han dado el carácter de Reserva de la Biósfera y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

En el mismo cráter del Kilauea, una presencia eterna y femenina es honrada con el máximo respeto. Pele, “la diosa del fuego y la destrucción” domina las tierras volcánicas y en su pasión legendaria se han combinado desastres con bellos fenómenos naturales.

Leyendas a su alrededor hay infinitas. Una reciente cuenta la historia de una viejecilla haraposa que se apareció a dos niñas jugando fuera de sus casas, les pidió comida y las niñas regresaron con algo que saciara el hambre de la anciana. Repentinamente, la vieja se transformó en Pele, y advirtió a las niñas del río de lava que pronto atravesaría su barrio, prometiendo que nada le pasaría a su casa. Y así fue.

Pero lo sobrenatural está presente asimismo en los paisajes deslumbrantes. Basta conducir hasta la cima de Mauna Kea, el punto más alto de la isla, para ver el atardecer y el sol desaparecer en un mar de nubes y cráteres que bien podrían ser otro planeta.

 

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FOTO: benjamin iglesis

 

Lo mejor es llegar alrededor de las cinco de la tarde, para subir con tiempo caminando hasta la cumbre desde donde se tiene la mejor vista. Ropa abrigada, una buena cámara fotográfica y un estanque de gasolina completo, son las recomendaciones.

El día que se despida de Hawái, no tiente a Pele y la mala fortuna que manda a quienes osan llevarse algo de sus tierras, como una piedra volcánica, un poco de tierra o algún suvenir no oficial. Quédese con los recuerdos, con el lei de flores en su cuello o el collar de nueces que simboliza el futuro regreso. Pero no ponga a prueba las fuerzas naturales de estas islas: si fueron capaces de crear una tierra de invaluable belleza… no querrá imaginar hasta dónde llega su poder. in

 

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