Washington, D.C.

House of Cards

La capital estadounidense viste y respira poder. También vida universitaria, cultural y fiestera, todo esto reflejado en sus hoteles, restaurantes, bares y barrios más onderos.

Texto: ANNA VECIANA @AnnaVeciana    fotos: ANDREW PROPP
       

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Washington, D.C., no solo es la capital estadounidense: es el kilómetro cero de la política mundial, epicentro de las grandes decisiones que afectan a todo el planeta. Esta urbe multicultural de 600 mil habitantes es una mixtura que incluye los think tank más influyentes, bellas embajadas y organismos internacionales. Un hervidero de diplomáticos, científicos, artistas, políticos y periodistas que atrae las miradas de cualquier viajero.

D.C. es también una ciudad de museos de nivel mundial –encabezados por los Smithsonian–; de vibrante vida universitaria con epicentro en el atractivo barrio de Georgetown, e interesante arquitectura que cautiva a visitantes todo el año, quienes encuentran, además, un punto de conexión con toda la costa este de Estados Unidos.

 

Efecto Netflix

La exitosa serie House of Cards se ha encargado de poner de moda a la capital del Distrito de Columbia. La serie de Netflix sobre intrigas políticas, a pesar de estar filmada en Maryland, se encarga de exhibir una selección de personajes y lugares de D.C. Pero ese aire casi de penumbra con que aparece en la serie, poco tiene que ver con la luminosidad de una urbe espléndida. Es cierto que Miami, Nueva York, Chicago o Los Ángeles suenan más cuando se piensa en vacaciones, sin embargo cada vez son más los viajeros que quieren visitarla. ¿Efecto House of Cards? Es posible.

 

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Jefferson Memorial    //    Old Executive Building

 

Más allá del Capitolio, la Casa Blanca o el Pentágono, lo que da vida a Washington son las instituciones multilaterales, como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, que suelen contratar a jóvenes profesionales. Y son ellos –junto con los aspirantes a magíster o doctor– quienes se encargan de dar un toque fresco a la ciudad, sus calles, restaurantes y bares.

La idea de una ciudad llena de burócratas se desvanece especialmente al caminar por la calle 14. En los últimos dos años la arteria se ha convertido en la más ondera de la capital. Acá los jóvenes alquilan estudios de lujo, se suceden restaurantes caros y, al caer la noche, aparecen las fiestas.

En esta larguísima calle se encuentran algunos de los hitos clave para entender los tres siglos de historia del país, como el edificio Ronald Reagan o la Plaza de la Libertad. Y si la caminata lleva por el tramo comprendido entre las calles C y H (y con un poco de suerte), puede que Barack Obama sobrevuele en su helicóptero Marine One en dirección a la base aérea Andrews. O que, de pronto, se detenga el tránsito para que una seguidilla de limusinas y camionetas oscuras se abran paso rumbo a la Casa Blanca.

 

Tapas poderosas

A pocos metros de la mítica Casa Blanca está Old Ebbitt Grill, uno de los bares más antiguos e icónicos de Washington. Abierto desde 1856, en torno a sus mesas se han sentado personalidades históricas, como los presidentes Theodore Roosevelt o Warren Harding. Ebbitt es residencia permanente de políticos, funcionarios y periodistas. Vale la pena levantarse temprano y ubicarse en una de sus mesas y ser testigos de la bulliciosa escena del desayuno donde las conversaciones y susurros suponen que algo siempre se está acordando.

Nueve cuadras al norte de Ebbitt se encuentra uno de los solicitados locales de la cadena Barcelona Wine Bar, que ofrece clásicos de la culinaria española como tapas, jamón serrano y pulpo gallego. Y entre los restaurantes preferidos por el presidente y la primera dama, se cuentan The Source, Blue Duck Tavern, Tosca y Equinox.

 

  • Barcelona Wine Bar // Blue Duck Tavern

 

Entre las embajadas más “entretenidas” está la sede cubana. En esta mansión de estilo su alma es el Bar Hemingway, con sus mojitos, ron y largas bocanadas de puros Cohiba. Claro que hay que conseguir invitación.

Fuera de los restrictivos muros de las embajadas, el poder llega hasta las peluquerías de la ciudad. Lo sabe bien Diego d’Ambrosio, un italiano que, desde 1961, comanda el afamado Diego’s Hair Salon, peluquería donde se anuncia la llegada de un nuevo cliente gracias a la pequeña campanilla de su puerta. El aroma a buen café italiano y champú, más el ruido de los secadores y la música de Luciano Pavarotti, son parte del espíritu de este lugar, donde se cortan el pelo los poderosos, como el propio Obama.

 

Confesiones de bar

Los hoteles, sus recepciones, bares y terrazas también son lugares interesantes. Uno de ellos es el histórico hotel The Hay-Adams, que abrió sus puertas en 1928. En su bar Off the Record, con graciosas caricaturas de políticos en sus paredes, suelen reunirse los más influyentes de Washington al caer la tarde. Es un lugar para ver y mostrarse, pero de conversaciones en bajo tono. Seguro que si el protagonista de House of Cards, Frank Underwood, quisiera tramar algo, iría al Off the Record.

 

Bar Off the Record del Hotel Hay-Adams. //  Willard Hotel

Bar Off the Record del Hotel Hay-Adams   //   Willard Hotel 

A esta oferta se suma la solicitada terraza Top of the Hay, donde los licores y las conversaciones se hacen con vista directa a la Casa Blanca. También hay que ingresar al hotel Mayflower y dirigir los pasos a su reputado bar de luces tenues e intimistas, todo en una escena que denota sigilo y algo de anonimato. Su encanto es tal que el expresidente Harry Truman dijo alguna vez que, después de la Casa Blanca, era la mejor dirección en Washington.

Los caminos del poder también llevan hasta el hotel Willard. Su Round Robin & Scotch Bar sigue convocando a los importantes desde la época de Abraham Lincoln. No solo eso; se dice que Ulysses S. Grant, tras ser nombrado presidente de Estados Unidos en 1869, iba con frecuencia a este lugar a beber brandy y fumar. Ahí muchos se le acercaban para invitarlo mientras lo inundaban de peticiones de favores o beneficios. Entonces Grant, hastiado, se habría referido a estos personajes como lobistas, definiendo un término que se utiliza hasta hoy.

Luego, si se cansó de tanto estilo y quiere alternativas más sencillas, siempre es buena idea visitar Georgetown y sus tiendas por la tarde, o juntarse en torno a una fresca cerveza –cuando la primavera comienza a ahuyentar a la nieve– y un trozo de pizza en cualquier barcito de Dupont Circle. Finalmente, el poder puede ser un atractivo turístico, pero todos añoramos el relajo simple y el bullicio de una ciudad que está más prendida que nunca. in

 

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