El poder del agua

Iguazú

Consideradas una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo, las Cataratas de Iguazú concentran a su alrededor una serie de variados panoramas, todos en clave selvática.

Texto: Carolina Reymúndez  @carolreymundez
       

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FOTOs: corbis

 

La llegada a la Garganta del Diablo es conmovedora, siempre, no importa si es su primera o quinta vez. Mucho más si amaneció hace poco y todavía no aparecieron los primeros tours en el Parque Nacional Iguazú, el más visitado de Argentina, en la provincia de Misiones.

La Garganta del Diablo es un conjunto de cascadas que saltan a ochenta metros de altura y vuelcan millones de litros de agua por segundo con tanta fuerza que el vapor alcanza hasta el balcón mirador y se sienten las gotitas en la cara y en los brazos y en todo el cuerpo. Ahí, en medio del vapor de agua, le parecerá extraño pero verá a los vencejos sobrevolando el mismísimo precipicio. Estas aves de plumaje negro –adaptadas a la humedad y que tienen sus nidos en la roca, detrás de las cataratas– están tan presentes en el parque que se eligieron como símbolo de este.

El parque es grande y hay bastante para ver. El recorrido puede ser por las pasarelas –superior e inferior, ambas con nuevos tramos inaugurados este año– que recorren los 275 saltos. Pero también se puede hacer en un modo más aventurero, y montarse en una lancha veloz que se acerca tanto al salto San Martín, que uno termina empapado y lleno de adrenalina.

 

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Tren ecológico de la Selva, una de las maneras de llegar a los saltos.

FOTOs: PARQUE IGUAZÚ ARGENTINA

 

Existen caminos menos transitados donde es posible escuchar y ver la voracidad de la selva. Como el Sendero Macuco –7 km ida y vuelta–, que lleva el nombre de un ave parecida a una perdiz que se esconde en la masa boscosa, repleta de mariposas, como la sorprendente mariposa 88, con el número dibujado en sus alas. Si se escucha un sonido de ramas que se mueven, seguramente son los monos caí o silbador. Ágiles y curiosos, saltan de rama en rama y suben a los troncos en un segundo. No atacan, pero se recomienda no molestarlos. El Sendero Macuco termina en el Salto Arrechea, una cascada escondida entre sombras húmedas, perfecta para un pícnic.

Si por casualidad o por estricta planificación, la visita a las Cataratas coincide con la luna llena, se hacen salidas nocturnas guiadas hasta la Garganta del Diablo, que se ilumina tanto que parece que de sus entrañas corriera un agua blanca.

Después de un día largo y activo, el Iguazú Grand Resort, Spa & Casino, es un cierre de lujo. El spa del tradicional hotel cinco estrellas tiene tratamientos con ingredientes naturales como yerba mate, chocolate, algas y arcillas.

 

Hitos de un viaje

Con 43 mil habitantes, Puerto Iguazú ha crecido en los últimos años. Nuevos hoteles, restaurantes y grandes posibilidades de turismo aventura, desde tirolesa y mountain bike hasta kayac en el río Iguazú y rappel en una cascada.

Muy cerca del centro, por una avenida de vegetación tropical, está el Hito Tres Fronteras, desde donde se distingue claramente cómo el río Iguazú vierte sus aguas en el Paraná, y la frontera “líquida” entre los tres países. De este lado, Argentina; allá enfrente, Brasil y Paraguay. En la feria de artesanías del Hito venden piedras preciosas de la zona (amatista, topacio) además de animales de la zona tallados en madera balsa por las comunidades guaraníes. No muy lejos, La Aripuca es un emprendimiento ecoturístico para entender más de la selva, sus secretos y trampas, y el lugar indicado para probar alfajores o helado de yerba mate.

 

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A veinte minutos de Puerto Iguazú, Foz do Iguaçu es una ciudad grande, con aproximadamente 270 mil habitantes. Allá se puede visitar el “lado brasilero” de las Cataratas, desde donde se obtiene una buenísima panorámica del lado argentino. También vale la pena conocer el Parque das Aves –espectaculares araras (papagayos rojos, amarillos y azules) – y con más tiempo, llegar hasta la Represa Hidroeléctrica de Itaipú, la segunda más grande del mundo.

Antes de partir de Foz, algo de compras. El Shopping JL tiene más de cien tiendas donde conseguir ropa de exquisito algodón brasileño. Para comprar artesanías elaboradas en distintos materiales y técnicas, la cooperativa Coart reúne destacados artesanos de la zona. A la vuelta, el Duty Free Shop de Puerto Iguazú está justo después de cruzar la frontera y tiene una buena selección de perfumes, cosmética, joyas, relojes, artículos deportivos, ropa de marcas internacionales, delicatessen, bebidas y más. El lugar es grande y suele contar con ofertas interesantes.

Ya en Puerto Iguazú, cerca del centro, el Jardín de Picaflores es el lugar ideal para los amantes de la fotografía. Se trata de la casa de Marilene Moschen, una mujer que un día, hace veinte años, empezó a darle agua dulce a unos picaflores que venían a su jardín. Con el tiempo se convirtió en un hermoso jardín tropical al que cada tarde llegan estas aves diminutas de colores brillantes que vuelan de acá para allá, y por momentos se posan en una flor sin dejar de batir sus alas.

La comida de esta noche puede ser en el restaurante Naipi, del hotel Loi Suites Iguazú, un lujoso cinco estrellas a unos veinte minutos de la ciudad, rodeado de un entorno selvático y puentes elevados entre la vegetación. Imperdible: surubí, pacú y dorado, la pesca de río emblemática del litoral.

 

Silencio en la selva

La selva paranaense es el área de mayor biodiversidad de Argentina. Sin embargo, durante los primeros años del siglo pasado se taló indiscriminadamente y hoy solo queda 6% del bosque original. En la última década surgieron proyectos de conservación y recuperación, que también tienen hotelería, como Yacutinga Lodge, a 80 kilómetros de las Cataratas y a orillas del río Iguazú Superior.

 

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Yacutinga Lodge, a orillas del río Iguazú.

FOTOs: yacutinga lodge

 

Imaginen una cabaña en medio del bosque con ventanas que en verano se pueden dejar abiertas durante la noche, porque tienen mosquiteros potentes. Cuando oscurece, la selva se convierte en un mar de grillos, lechuzas, búhos y bichitos desconocidos.

Por la mañana, una salida de birdwatching con un guía ambientalista por la reserva privada de más de quinientas hectáreas para conocer sobre hierbas medicinales, árboles autóctonos y ver aves que se encuentran como tesoros, posadas sobre alguna rama. Un tucán, un carpintero cara canela o un bailarín blanco. Tres entre más de trescientas especies de aves registradas en la reserva. Mejor hacer silencio y tener los binoculares a mano. Shhh! in

 

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