#Montmartre

París con filtro

Fuimos a uno de los más clásicos barrios de París para retratarlo con un smartphone: desde artistas callejeros y renovados cabarés, hasta viñedos citadinos y arquitectura art decó. Atractivos de sobra para disfrutar de este lugar una y mil veces.

Texto: Arantxa Neyra  |  fotos: juan jerez @juanjerez
       

112_

 

Solo le gana la Torre Eiffel. El barrio de Montmartre es el segundo destino más popular de París. Teniendo en cuenta que hablamos de la ciudad más frecuentada del mundo (con 72 millones de visitantes al año), imaginar la cantidad de turistas al día que recibe la Place du Tertre, su centro neurálgico, solo produce una cosa: vértigo.

“¡Un hormiguero, eso es!” se queja Mariana, una universitaria argentina que vive en la parte baja del barrio hace cuatro años, y hace las veces de cicerone de sus amigos argentinos. Su novio, Alexandre, se ríe y asiente: “Los parisinos nunca subimos a la Plaza de Tertre. Es el París que buscan los turistas, el que traen en la cabeza. Y tienen que verlo. Aquí todo está medido. ¿Ves todos estos pintores? ¿Cuántos crees que caben: 100, 200? 149. Ni uno más ni uno menos. Cada uno con un metro cuadrado exacto para exponer sus obras”, explica.

 

plaza-del-Tertre_4

 

Pero esta plaza no fue siempre así. No siempre hubo acuarelas realizadas en serie, terrazas donde comer un croque monsieur, ni tiendas de recuerdos, postales e imanes. A principios del siglo XIX, cuando el barrio ni siquiera formaba parte de París, esta era la plaza mayor de la comuna independiente de Montmartre, una comuna rural con su iglesia parroquial en la esquina, la de Saint Pierre, y su pequeño cementerio, el del Calvario. Fue en 1860 cuando fue anexionada a la capital y algunas décadas más tarde, cuando se convirtió en refugio de artistas, grandes pintores en potencia y grandes vividores en acto. Aquí se dieron dos circunstancias igual de necesarias para ello: era el sitio más barato y el caldo de cultivo más concentrado y nutritivo de París. Por allí pasaron todos: desde Renoir a Matisse, desde Toulouse Lautrec a Picasso. Todos. Hasta Gen Paul (1895-1975), “el último gran artista de Montmartre” según Julien Roussard, propietario de la galería Roussard. Roussard saca pecho hablando del artista, del que todavía tiene la mejor colección de obra, pero también del local de su galería, que antes fue cabaré, y no cualquiera, sino el Patachou, donde cantó Jacques Brel y Édith Piaf dio su última actuación.

 

De esta y otras épocas

 

montmartre_juanjerez-31

 

La zona de influencia de la zona del Tertre abarca poco más de un par de calles a la redonda. “Aquí se dan la vuelta muchos de los que llegan a Montmartre. Y empieza el barrio de verdad” asegura Alexander, mientras tomamos la calle San Rustique, la más antigua de París, para llegar a la calle Cortot. En el número 12, en una casita entre ocre y rosada, está el Museo de Montmartre. Es el museo de barrio no solo por el arte que exhiben sus paredes, sino también por la literatura que callan. Y es que esta casa tuvo como inquilinos a los pintores Suzanne Valadon y Maurice Utrillo (madre e hijo), cuyo apartamento se conserva tal y como fue, o Auguste Renoir, “quien desde sus ventanas pintó ‘El Baile del Moulin de la Galette’ y da nombre a los jardines de al lado”, apunta su guía. “Desde aquí se ve el último viñedo de París”, dice señalando enfrente.

 

montmartre_juanjerez-34

 

Y por muy extraño que suene, es cierto, esas vides son las únicas supervivientes de todos aquellos campos de cultivo que existían. Pertenecen a la ciudad y su enólogo, Francis Gourdin, elabora de forma totalmente artesanal alrededor de mil botellas al año en el ayuntamiento del distrito 18, es decir, en este. Se trata del Clos de Montmartre, un Pinot Noir con un bouquet exquisito, encanto urbano y el romanticismo que envuelve a todo lo parisino. Las mismas cualidades que posee el vecino: el Jardín Salvaje de Saint Vicent, que en realidad más que un jardín, gracias a no haber pasado por salón de belleza ni manicura, es un verdadero bosque autóctono.

 

montmartre_juanjerez-53

 

No es lo único que se ha preservado aquí entre algodones. En Montmartre todavía hay vestigios únicos de otras épocas, como el cabaré Lapin Agile, donde Clemenceau, Picasso o Utrillo gozaban sus primeras juergas y que sigue regalando veladas de humor y música; o la elegante Avenue Junot, conocida como “Los pequeños Campos Elíseos”, es una de las favoritas de los artistas, tanto para vivir como para pasar sus vacaciones en alguna de sus construcciones art déco. “Se rumorea que cuando Brad Pitt viene a París reserva todo el hotel Particulier”, dice Alexandre. Es una casa preciosa y semiescondida en un jardín, y que hace poco abrió también un bar de cócteles, Le très Particulier. “Los parisinos de a pie, preferimos hacer vida en SoPi (South Pigalle), alrededor de la rue des Martyrs”, dice Mariana. Es la nueva zona de moda, el boho-chic (burgués, bohemio o hipster) del momento, al sur del Boulevard de Clichy, la última frontera del distrito de neón. Se ha convertido en el lugar más cool de París y es donde se ve mejor lo que está sucediendo en la ciudad.

 

montmartre_juanjerez-63_
Durante el día, panorama perfecto es irse de compras por la calle Clauzel o detenerse en alguno de los nuevos restaurantes y establecimientos híbridos: en los bares americanos como Le Dépanneur, en los cafés de firma en KB Cafeshop, en las tiendas gastronómicas donde hacer la compra a la vez que se pica algo como Causses o en Momoka, una de las nuevas estrellas Michelin.
Por la noche, empezar primero con los cócteles en Dirty Dick, el café CarmenMaría Magdalena o Kremlin, el templo del vodka con estética rusa; y luego seguir con la música en salas como Les Trois Baudets, el bar del hotel Amour o el Country Club que, bajo el nombre del local neoyorquino, ofrece actuaciones en vivo de grupos de rock alternativo y tiene hasta su propio sello de música, pero todo conservando el espíritu original de lo que fue: un burdel. Porque por mucho que se maquille o por mucho turismo que reciba, Montmartre seguirá teniendo esa alma bohemia y libertina, y ese halo que no podrán borrar ni los años ni 72 millones de visitantes. in

 

Artículos destacados

Artículos por país