Ouro Preto

La ciudad enmarcada de Brasil

Hacia donde miremos en la ciudad histórica más encantadora de Brasil, siempre habrá belleza y poesía. Rodeada de montañas, famosa por su gastronomía sabrosa, esta maravilla de la arquitectura barroca americana respira arte, juventud y buena mesa.

Texto: Daniel Nunes Gonçalves | Fotos: Adriano Fagundes
       

Capi Summer 2015

 

Lejos de las idílicas playas brasileñas, Ouro Preto se extiende por un laberinto de empinadas y estrechas callejuelas cubiertas de piedras irregulares por las cuales es difícil caminar. A pesar de ello, la ciudad donde el artista plástico Carlos Bracher ha vivido los últimos 43 años (de 74), es una invitación a caminatas lentas y sin destino, observando las casas coloniales multicolores, el grafismo de los tejados rojos, “los soles y los crepúsculos por atrás de las montañas” –como define el artista, uno de los muchos con talleres abiertos a visitantes–. “Este relieve accidentado era el lugar ideal para no instalar una ciudad –bromea Bracher– pero la secuencia de altos y bajos del paisaje creó una dinámica deliciosa a la vista”.

Como sucede con casi todo el mundo que ve Ouro Preto por primera vez, fue desde lo alto de la Plaza Tiradentes que se enamoró del lugar. Tanto que decidió dejar atrás a su Juiz de Fora natal, cerca del hermoso litoral de Río de Janeiro, para implementar una casa-estudio en una casona centenaria entre calles sinuosas. “Cuando abro la ventana del balcón del fondo, veo un cuadro terminado, con las torres de las iglesias que contrastan con el verde del horizonte”, cuenta Bracher, quien tiene una retrospectiva de 80 trabajos que darán vueltas por Brasil hasta fines de junio de 2015. Cuando sale de su casa ve más inspiración: “justo allí adelante está la fachada espectacular de la Iglesia do Carmo, concebida por el maestro Aleijadinho”, describe.

 

Las imágenes cotidianas de la ciudad son verdaderas pinturas 
en movimiento, de una belleza sencilla y cada vez más escasa.

Las imágenes cotidianas de la ciudad son verdaderas pinturas 
en movimiento, de una belleza sencilla y cada vez más escasa.

 

Eterna vila rica

Localizada a hora y media del aeropuerto de Belo Horizonte, capital del estado brasileño de Minas Gerais, Ouro Preto guarda el patrimonio arquitectónico barroco más grande del país y se destaca en el clásico circuito de las Ciudades Históricas, preservando una parte importante de la historia de Brasil. Mucho antes de que los hoteles de lujo, restaurantes de muchas estrellas y galerías de arte como la del premiado Carlos Bracher llenaran de glamour estas callecitas colmadas de plazas, jardines y fuentes, 30 mil mineros ocuparon el pueblo de Vila Rica, a fines del siglo XVII, en búsqueda de valiosas piedras oscuras. Era el oro negro que ayudó a hacer la fortuna de los colonizadores portugueses y dio origen al nombre Ouro Preto, como se empezó a llamar el lugar a partir de 1823.

 

Capi Summer 2015
Aunque hoy continúen abiertas para visita varias minas de oro subterráneas de los siglos XVII y XVIII, la extracción es cosa del pasado. La Ouro Preto del siglo XXI alardea de otras riquezas. La primera ciudad brasileña que recibió el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco parece una exposición de arte al aire libre. El caserío del centro histórico está bien preservado, como se observa en el Teatro Municipal de 1770, considerado el más antiguo del país en funcionamiento. Los museos presentan desde preciosidades de la mineralogía –como en la Casa dos Contos, de 1784, donde el oro se pesaba y fundía– hasta estatuas religiosas impecables como los más de 160 oratorios a santos del Museo del Oratorio y los trajes del Museo de Arte Sacra, bordados con hilos de oro.

 

El pintor Carlos Bracher llegó hace 43 años a vivir a la ciudad. Al admirar la vista desde la Plaza de Tiradentes se enamoró del lugar.

El pintor Carlos Bracher llegó hace 43 años a vivir a la ciudad. Al admirar la vista desde la Plaza de Tiradentes se enamoró del lugar.

 

Justo bajo la Igreja de São Francisco, el encantador restaurante Bené da Flauta.

Justo bajo la Igreja de São Francisco, el encantador restaurante Bené da Flauta.

 

Capi Summer 2015

 

De igual forma, innumerables artistas aún producen trabajos originales: Paulo Valadares y Milton Passos pintan paisajes al óleo; los hermanos Bié y Veveu esculpen en la tradicional “piedra jabón”. Así como las artes plásticas coloniales de Brasil nacieron de la explotación de oro e incorporaron influencias externas, los artistas actuales reciclan las inspiraciones del barroco y del rococó en creaciones contemporáneas. Bracher, en 2014, pintó 85 cuadros para celebrar los 200 años de la muerte de Aleijadinho.

Nacido con el nombre de Antônio Francisco Lisboa, el escultor, tallador y arquitecto Aleijadinho es considerado por muchos estudiosos el más grande exponente del barroco americano y el gran nombre del rococó nacional. Su apodo (“el lisiadito”) surgió de la enfermedad degenerativa que le dañó los pies y las manos: dicen que el cincel con el que esculpía sus obras debía estar amarrado a sus muñecas. Eso no impidió que dejara entre centenares de obras, reliquias como la iglesia São Francisco de Assis, de 1810. En 2009, esta obra prima fue elegida una de las Siete Maravillas de Origen Portugués en el planeta. Parte de sus creaciones puede ser vista en el Museo Aleijadinho, que funciona dentro de la iglesia.

 

Los días intensos

A pesar de que las iglesias cubiertas de oro (la Matriz de Nuestra Señora del Pilar posee 400 kilos en sus paredes) y los museos bien organizados evidencian la riqueza histórica de Ouro Preto, la multicolor ciudad de las montañas de Minas está lejos de ser un lugar estacionado en el tiempo. “La ciudad tiene un perfil bastante joven porque, de los 75 mil habitantes del municipio, 12 mil son estudiantes de la Universidad Federal de Ouro Preto (UFOP)”, cuenta Willian Adeodato, director del Visitors Bureau local. Quien llegue a la ciudad en febrero, cuando el Carnaval vuelca por las calles toda la alegría del pueblo brasileño, no va a reconocer las calles tranquilas donde le gusta pasear en paz a Carlos Bracher. Las decenas de “repúblicas” (viviendas estudiantiles) habitadas por los estudiantes se transforman en hostales, la gente sale a la calle vestida con disfraces divertidos y grupos musicales desfilan por las cuestas. “Este es uno de los eventos que puede repletar las mil 600 camas de nuestros 50 hoteles”, cuenta Adeodato. Medio millón de turistas visita la ciudad cada año.

 

Ouro Preto_7335

La plaza de artesanos, la Igreja de São Francisco, las esculturas en piedra jabón de Veveu o su cocina local. Ouro Preto respira tradición en cada aspecto.

La plaza de artesanos, la Igreja de São Francisco, las esculturas en piedra jabón de Veveu o su cocina local. Ouro Preto respira tradición en cada aspecto.

OP_Veveu_Escultor_5702

 

El calendario anual es intenso: en Semana Santa, el suelo de las calles se forra con flores y aserrín de colores; en junio, la Muestra de Cine instala una pantalla al aire libre en la Plaza Tiradentes; en julio, el Festival de Invierno tiene presentaciones de música, teatro y circo; amantes de la literatura se reúnen en septiembre para el Forum de las Letras, y diciembre es tiempo del evento Tudo é Jazz que agita con música de calidad gran parte de los 57 bares y restaurantes.

 

A pesar de la enfermedad degenerativa que lo afectó, el legado artístico de Aleijadinho es enorme.

 

 

 

 

 

A pesar de la enfermedad degenerativa que lo afectó, el legado artístico de Aleijadinho es enorme.

 

En las mismas mesas de Ouro Preto, otras creaciones artísticas evidencian el encuentro de la tradición “mineira” con la contemporaneidad: en los bares –llamados “botecos”– y restaurantes se puede degustar la famosa comida de Minas Gerais, una de las más respetadas de Brasil. La cocina regional parte de la mezcla de arroz, porotos y repollo para presentar preparaciones con carne de cerdo (el tocino y las longanizas son deliciosos), res (la carne seca es tentadora) y aves (la gallina de “cabidela”, que se prepara en su propia sangre). Yuca y polenta de maíz también están siempre presentes –aperitivos irresistibles son el bollo de yuca y el pastel (salado) de polenta. Otra delicia para cualquier hora es el pan de queso, que tiene en Minas Gerais las recetas originales que se difundieron por todo el país. El queso también puede comerse de postre, acompañado por dulce de guayaba (postre conocido como Romeo y Julieta). Antes, durante o después de las comidas, estas recetas suelen estar acompañadas de cachaça, el famoso aguardiente brasileño (muy utilizado para hacer caipirinha) que tiene en la zona una de sus cunas más respetables. Pero hay que beberlo con cuidado, después puede dificultar el caminar por las calles empinadas y tortuosas de Ouro Preto. in

 

Artículos destacados

Artículos por país