República Dominicana

Chillin’ en el este

La excusa: cinco noches de resort en el Olimpo todo incluido de Punta Cana. La tarea: buscar opciones fuera del hotel por el este de la isla para empaparse de la chispa dominicana.

Texto: Francisco Pardo @panshopardo   fotos: Ricardo Vásquez
       

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Nadie nos obliga, pero podemos dividir al mundo entre dos tipos de turistas: los que gustan y no de los todo incluido. La idea no es generar polémica, pero el asunto es que nos fuimos directo a Punta Cana –el paraíso de los resort, de las bodas playeras y lunas de miel– para encontrar opciones fuera de estos. Si bien nadie en su sano juicio gustaría de abandonar un espacio como Paradisus Punta Cana, un lugar pensado para que el turista disfrute y no mueva dedo alguno, esa fantasía de la vida horizontal donde (casi) todo es a pedir de boca, puede aislar al visitante frente al entorno. Como existen viajes y viajeros para todos los gustos, si se anima a experimentar el destino más allá del lobby, tome nota.

Afuera, esa mezcla llamada Punta Cana es una zona que se puede contabilizar en kilómetros–playa: cincuenta, cuya parte más extensa se denomina Bávaro. Ahí, de inmediato se palpa el ADN dominicano, donde la risa y la informalidad son la base de cualquier interacción. Y se percibe también que las barberías y hasta el corte de pelo con el que sales a la calle son tan importantes como estar al tanto del promedio del bateador de turno. Que sobre los motoconchos –mototaxi, la más económica y popular forma de moverse–, si te esfuerzas en hacer espacio, cabe la familia entera, y que sus conductores pueden llevarte a salvo a destino mientras hablan por teléfono durante todo el camino con alguna de sus tres conquistas. Entonces la ola de calor y humedad hace que necesites un limpiaparabrisas sobre tu frente y nada mejor que entrar a un colmado (kiosco de barrio) y combatir los 30 y tantos grados con una fría, como le llaman a la cerveza Presidente.

 

  • Parque Nacional Los Haitises

 

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Nos movemos por el este de Dominicana en dirección al Parque Nacional Los Haitises, el punto más alejado de nuestra ruta, a unas tres horas de Punta Cana. El trayecto permite disfrutar de la geografía de la isla y sus verdes montañas, donde es posible conocer –a través de diversos tours– cómo viven los dominicanos en las zonas campestres y cómo es el proceso del café, cacao y el tabaco. El trayecto también es una clase exprés de la jerga local. Existe una segunda lengua, por así decirlo, tan florida y fresca como el paisaje. Y basta poner atención en, por ejemplo, la música de la estrella local, Omega, para hacerse una idea: “A cualta mi gata / y la Ranger bien brillá, tranquilo me monto / prendo el aire y vamo’ a hangea”, lo que quiere decir que el hombre tiene a su mujer bien cerca y que, sobre un óptimo coche, van a dar un paseo.

Finalmente arribamos a Caño Hondo, lodge situado dentro del parque, donde se puede contactar a un guía local para que, en lancha, nos lleve a los manglares, cuevas con jeroglíficos de los taínos –la cultura prehispánica–, a pequeñas playas y a los famosos mogotes –elevaciones de roca–, de la Bahía de San Lorenzo, accidentes geográficos que parecen “una caja de huevos al revés”, como repiten los guías. Al frente, la península de Samaná, otro de los polos turísticos del país.

 

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Dominicana es una tierra fértil para todo tipo de estilos tropicales, entre los que destacan la bachata y el merengue. Acá una lista para recorrer sus paisajes sin dejar de mover los pies. Disponible en nuestra cuenta de Spotify in-lan por el nombre de República del sabor.


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“La Cosquillita” Juan Luis Guerra
“Yo no te quiero perder” Lápiz Conciente
“A cualta mi gata” Omega
“De amor nadie se muere” Secreto “El famoso biberón”
“Llamada de mi ex” Chiquito Team Band


Selección de:
Francisco Pardo @panshopardo

Café & maracuyá

De regreso, esta vez con Lápiz Conciente como banda sonora, pasamos por la localidad de Miches. Aquí la calurosa tarde se gasta jugando dominó –deporte oficial del Caribe– afuera de un colmado, tranquilo, con los amigos, entre risas y cervezas, mientras los pescadores reparan sus botes y los niños corren al salir de la escuela. Aquí también se puede visitar el Centro Cultural Miches, cuyo anfitrión es Genaro Reyes (y su perro Toby) un artista local más conocido como Cayuco. El lugar huele a café y maracuyá y obliga a mirar todos los objetos y artesanías con detalle, reflejo del patrimonio local. Alguien dijo que la casa de Cayuco es “una región de nosotros mismos”, de Dominicana, y basta cruzar algunas palabras con él para sentir la potente energía del sitio donde, además de ofrecer a la venta casi todas las obras expuestas (ojo con los cacaos de madera), funcionan talleres que transmiten conocimientos a estudiantes de los campos.

Si quiere una panorámica perfecta para el Instagram, pregunte por el hotel La Loma, insuperable sitio si el objetivo es una escapada romántica, o si tiene necesidad de terminar un libro (escribirlo o leerlo). De vuelta en la ruta, y con la salsa de la Chiquito Team Band por los altavoces, conozca playa Esmeralda para viajar en el tiempo y mirar cómo era Punta Cana sin resorts: cocoteros, arena y agua celeste, nada más. Vaya pronto porque existe un proyecto de súper complejo hotelero del millonario venezolano Gustavo Cisneros que transformará el lugar.

 

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Si visita isla Saona, pregunte por tours que lo lleven a lugares más solitarios.

 

Surfing Macao

Bajando por el este y a 30 kilómetros de Punta Cana, aparece Macao. Aquí tampoco hay grandes hoteles y sí una amplia playa de aguas tibias, ideal si gusta de estar en contacto con locales. Atrévase con una clase en Macao Surf Camp, ya que es casi imposible no subirse a una ola y es completamente seguro, debido al tamaño de estas y al fondo arenoso. De seguro saldrá cansado, feliz y, si así quiere, con varias fotos e incluso video que demuestren su destreza acuática (pregunte por Ramón Pérez). Si tiene mucha hambre, una buena idea es dirigirse al Fogón de mi abuela.
Puede charlar con la dueña, la señora Mery, mientras bebe otra cerveza con los pies en la arena, un perro duerme la siesta a su lado y, en camino, viene una langosta a la parrilla o un butú o chillo (pescado) con arroz, habichuelas, tostones (plátano verde machacado y frito) y ensalada. Deje que la panorámica y un chin (poco) de licor dominicano Mamajuana –servido como bajativo– haga el resto. Chulísimo.

 

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¿Qué lo que tú quiere?

La oferta de paseos y tours por el día es amplia, por ejemplo, a lugares tan especiales como el Hoyo Azul, cenote de aguas turquesas situado en el Scape Park de Cap Cana, que puede sumarse a un divertido circuito de tirolesa y una visita a la exquisita playa de Juanillo; o la serie de lagunas que compone el recorrido de la Reserva Ojos Indígenas para sumergirse en aguas dulces y más frescas. Pero hay un clásico paseo que combina lancha rápida y suave navegación en catamarán: isla Saona, parte del Parque Nacional del Este. El tour comienza en Bayahíbe, otro de los polos turísticos de República Dominicana, e incluye almuerzo y una pasada por las “piscinas naturales” donde el agua cristalina, las palmeras allá al fondo y esa vaina (ron) de dudosa reputación que ofrecen los tours y que multiplica sonrisas, entregan la sensación de estar plenamente en el Caribe, dentro de la foto-expectativa que uno se imagina del Caribe.

¿Tú me entiende?

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