Frente a Frente

Rio & Salvador

Enérgicas, coloridas, extremas, musicales y encantadoras, Río de Janeiro y Salvador de Bahía son dos de las ciudades más visitadas de Brasil. Sepa por qué ambas, en su momento, fueron capitales, en un entretenido y aventurado ejercicio comparativo.

Texto: ANA SCHLIMOVICH  @todaslasanas
       

 

¿Por qué Río?

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FOTO: rafael fabrés

 

 

Feijoada

FOTO: ana schlimovich

Feijoada inolvidable

Para los cariocas el sábado es día de feijoada, plato tradicional y suculento que lleva porotos negros y carnes de varios tipos, acompañado de col, arroz, farofa –harina de mandioca frita– y rodajas de naranja. Las feijoadas son siempre al mediodía y así uno tiene el resto del fin de semana para recuperarse de una comida de aquellas. La del hotel Sofitel es un clásico, con una vista idílica de Copacabana. Otra muy concurrida es la del Bar Astor, en Ipanema, frente a la playa. En el mismo barrio, Casa da Feijoada sirve su especialidad todos los días de la semana. Para comer su versión en mariscos, deliciosa y más liviana, los fines de semana hay que subir la ladera de la favela Chapéu Mangueira, en Leme, hasta el Bar do David; y cuando el carnaval se acerca, todas las escuelas de samba ofrecen el plato los sábados. El baile viene incluido.

 

 

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FOTO: rafael fabrés

Vista desde la favela

Fuera del Corcovado, el Pão de Açúcar y el barrio de Santa Teresa, las mejores vistas de Río las tienen las favelas. Desde 2010 muchas se han transformado y se volvieron lugares de moda a la hora de ir a tomar algo o bailar. El Morro da Babilônia, frente a la playa de Leme, es un hit y hasta le dio nombre a la telenovela del horario central. Los fines de semana el Bar do Alto se llena de europeos y los atardeceres de Estrelas da Babilônia, con música en vivo, son famosos. La favela Vidigal, entre los barrios de Leblon y São Conrado, está tan valorizada que incluso el futbolista David Beckham y el rapero Kanye West compraron casa en este morro. Las fiestas de Alto Vidigal, en la cima, duran hasta la madrugada, con Djs de todo el mundo y una vista increíble de Ipanema y el mar. También se puede tomar algo en la terraza del hotel de diseño Mirante do Arvrão o comer en el Bar da Laje.

 

Samba eterna

Aunque este estilo musical nació en Bahía, Río de Janeiro se lo apropió hasta convertirlo en su ritmo oficial, casi el himno de la urbe. El batuque que hace sacudir las piernas de las brasileñas como flecos se escucha a toda hora y en cualquier rincón, pero los lunes es su día. Samba do Trabalhador, en la zona norte de Río, es un ritual que empieza a las 16 horas. Pedra do Sal, en la zona portuaria convoca multitudes desde el atardecer y cada noche de lunes los mejores músicos se juntan en el Bar Semente, en Lapa. Rio Scenarium y Trapiche Gamboa son dos casas nocturnas con buena samba y que remiten al Río antiguo.

 

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FOTO: ana schlimovich

La fiesta irrepetible

Sea desfilando en el sambódromo o en los blocos (desfiles callejeros), el carnaval carioca genera consenso: la experiencia de atravesar la pasarela participando de una escola de samba es inigualable e inolvidable. Pero también lo es el carnaval de la calle, gratuito, con más de 500 blocos que animan distintos rincones de la ciudad. Hay para todos los gustos y edades. La idea es dejarse llevar por un ritmo que es sinónimo de fiesta y alegría.

 

 

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FOTO: ana schlimovich
 

¡Gol de Río!

No hay caso: ningún otro estadio brasileño tiene la magia del Maracanã. Totalmente modernizado, conserva su tradicional atmósfera futbolera, repleta de música y entusiasmo. El recinto es algo así como la “Santa Sede” del fútbol mundial. Recomendación: para verlo en todo su esplendor hay que ir a un clásico, Flamengo versus Vasco o Fluminense versus Flamengo, encuentros que suelen ser los que convocan a los hinchas más acalorados y festivos.

 


 

¿Por qué Salvador?

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FOTO: Latinstock

 

 

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FOTO: marina silva

Comer un acarajé

La capital bahiana encabeza la lista de esta comida típica preparada con masa de porotos, camarón y vatapá –una pasta hecha con harina de maíz, camarón, castaña de cajú, maní, leche de coco, jengibre, cilantro, tomate y cebolla–, que se fríe en aceite de dendê y se come con la mano. Los carritos de acarajé están por todo Salvador, siempre atendidos por bahianas vestidas con sus blusas, faldas amplias y el clásico turbante en la cabeza. Su oficio es tan relevante que fue declarado Patrimonio Cultural de Brasil. Los más famosos acarajés son el de Dona Dinha y el de Dona Cira, ambos en el barrio bohemio y nocturno de Rio Vermelho.

 

 

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FOTO: ana schlimovich

Aprender capoeira

Este arte marcial afrobrasileño que combina danza, música y acrobacia surgió como una forma de resistencia de los esclavos africanos en Brasil en el siglo XVI y se practica acompañado del sonido hipnótico del berimbau. En 2014, el círculo de capoeira fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. En el Fuerte de Santo Antônio Além do Carmo, también llamado Forte da Capoeira, se puede ver y aprender. El lugar, que sirvió para defender la ciudad de ataques holandeses, tiene siete salones donde los más reconocidos Maestros de Capoeira, de distintas escuelas, dan clases todos los días.

 

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FOTO: ana schlimovich

Visitar un terreiro

Salvador es el mejor lugar para conocer la cultura del candomblé, una religión afrobrasileña ligada a los elementos de la naturaleza y cuyos dioses son llamados orixás. Hay más de mil templos en esta ciudad con altas dosis de espiritualidad y lo ideal es visitar alguno durante las fiestas, entre agosto y diciembre, o consultar una mãe de santo (sacerdotisa). En Casa de Yansã, cerca del Forte da Capoeira y el Mercado São Joaquim, Marta de Yansã atiende consultas con la ayuda de caracolas, tarot y otras técnicas. Su veracidad, por experiencia propia, está comprobada.

 

Ocaso junto al mar

Navegar en un saveiro, un barco típico bahiano, comer un peixe asado acompañado de caipiriñas y ver la puesta de sol en el mar cálido de la Bahia de Todos os Santos, hace que uno ame Salvador. Eric Gouguenheim, francés radicado hace más de tres décadas en la ciudad, organiza paseos que surcan la bahía con calma, privacidad y tiempo para disfrutar dentro y fuera del agua. Al desembarcar, un helado de la tradicional Sorveteria da Ribeira corona el paseo.

 

 

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FOTO: ana schlimovich

Jazz en el MAM

Para ver y vivir la cara moderna y estilosa de Salvador hay que ir a las jazz sessions del Museo de Arte Moderno (MAM) de Bahía, al lado del mar, con músicos de las ligas mayores, todos los sábados a partir de las 18 horas. Además de buen jazz hay un bistró para comer, puestos de bebidas, artesanías y un montón de gente linda. Después se puede ir a Lálá, un multiespacio en Río Vermelho, donde todo es bueno: la comida, la bebida, la música y el ambiente. in

 

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