Rosario

Una loca linda

Es intensa y vive a mil. Es diversa y acoge a todos los enamorados de sus calles. Es genial y tiene talento para regalar. Quienes nacieron aquí lo saben y son sus principales exponentes.

TEXTO: Fabián Scabuzzo | FOTOS: Santiago Vellini
       

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Un milagro de urbanidad. Esta ciudad sin fundador llegó a ser potencia argentina del comercio, la industria y la soja. No se avergüenza de su pasado prostibulario y mafioso –cosas que pasan cuando hay puertos y sicilianos– ni de su presente de contrastes latinoamericanos y bella arquitectura europea. Todos le hablarán del Monumento a la Bandera, una construcción gigante que recuerda que aquí se creó y enarboló por primera vez la bandera del país, que tiene los colores del cielo. Pero Rosario es más que aquella parte de la historia; es un cóctel de buenas ideas y despropósitos, de pasiones desenfrenadas y épocas hostiles, de grandes visionarios y pequeños detractores.

 

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Provocativa Nicola

En Rosario, los inmigrantes italianos y españoles son mayoría. Se nota por sus apellidos: todos tienen un abuelo inmigrante y de ellos se hereda la costumbre de comer pizza, pastas, guisos de lentejas o mondongo en invierno. Por eso en casa de Nicola Costantino solo se hablaba italiano.

Ella dio vuelta la historia del arte latinoamericano con su obra exquisita, sutil y, a la vez, descarnada. Ha manipulado animales muertos para ello, utilizó su propia grasa corporal para mostrar un glamoroso jabón de tocador y hasta se puso en la piel de Evita en la Bienal de Venecia 2013.

Famoso es el revuelo que causó en los 90 una chaqueta femenina fabricada en látex imitando nuestra piel, cubierto de tetillas y cuello de cabello verdadero. Fue expuesta en un maniquí en plena Peatonal Córdoba, en la vidriera de una tienda, en una impronta de arte fuera de los museos: formaba parte de la colección Peletería Humana.

Nicola Costantino, Antonio Berni y Lucio Fontana son los artistas rosarinos más famosos en el mundo. Experimentaron nuevas formas de arte, desafiando preconceptos.

La ciudad tiene dos grandes espacios de arte público con importantes colecciones: el prestigioso Museo Castagnino, en el Parque Independencia, y el MACRO, de arte contemporáneo, que funciona en lo que fueran silos cerealeros, a orillas del Paraná.

 

Un sábado cualquiera: paseo en bote por el Parque de la Independencia para luego buscar algún vinilo en la feria del barrio de Pichincha.

Un sábado cualquiera: paseo en bote por el Parque de la Independencia para luego buscar algún vinilo en la feria del barrio de Pichincha.

 

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Introvertido Darío

De chico común llegó a ser un chico Almodóvar. Darío Grandinetti es el muchacho que podemos cruzar por la calle y saludar con afecto, hablar de pavadas y, a la vez, admirar sus actuaciones de cine y teatro. No se extrañe si lo ve en El Cairo, el bar más famoso de la ciudad, lugar de encuentro de artistas, escritores y periodistas.
Darío se inició en el dinámico teatro independiente, un movimiento autogestivo de gran desarrollo en la cultura rosarina y luego, como otros tantos, tuvo su consagración en Buenos Aires, pero suele regresar mes a mes, porque –según dice– “extraña el aroma del río”. Y no es para menos.

En los últimos 30 años la ciudad fue liberándose de muros y rejas que escondían el río y habían invadido la costa de artefactos portuarios, grúas y rieles. Al trasladarse la actividad del puerto a las zonas norte y sur, se abrió un enorme balcón al Paraná cuya obra mayor es el Centro Cultural Parque de España.

El paseo tiene un secreto: se puede descender por la barranca y llegar a restaurantes donde sirven la boga, el surubí o el dorado, pescados de río cocinados a la parrilla. Todo es tan inspirador que causa nostalgia cuando se está lejos; comprendemos a Darío.

Y volviendo a los escenarios, Rosario tiene al menos una veintena de salas de circuito off de teatro y música, y un puñado de grandes y hermosas salas teatrales. La joya máxima es El Círculo, un lujoso teatro de ópera hoy abierto a todas las artes, inaugurado en 1904, en cuyas catacumbas funciona el interesante museo de arte sacro Eduardo Barnes.

 

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Rosario tiene grandes espacios de arte. Por ejemplo, el contemporáneo MACRO
que funciona en lo que fueran silos a orillas del Paraná.

 

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Fito y la gira mágica

Rosario siempre estuvo cerca, tan cerca que Fito Páez y la ciudad no pueden separarse. Son una identidad común, la misma cosa. Rosario le dio y le quitó todo, y se convirtió en la “ciudad de pobres corazones” cuando mueren su amada abuela y su tía, quienes lo habían criado como a un hijo. No hay horrores que con amor no se curen. Hoy Fito canta “Es que me hace tan bien / no lo puedo explicar / dar mil vueltas por Rosario / pegadito al Paraná”. Y con él vamos a Pichincha, el viejo barrio de cabarés convertido en lo más bohemio y cool de la ciudad. Bares con música en vivo, restaurantes para todos los bolsillos, veredas generosas donde sentarse a tomar una cerveza, galerías de arte, anticuarios y ropa de diseño. Durante los fines de semana las concurridas ferias de ropa usada, trastos viejos y artesanías son una excusa extra para caminar y caminar.

 

Tras algunas vueltas por Rosario, se puede llegar al más famoso bar de la ciudad, El Cairo, donde hay una estatua del renombrado autor local, Roberto Fontanarrosa.

Tras algunas vueltas por Rosario, se puede llegar al más famoso bar de la ciudad, El Cairo, donde hay una estatua del renombrado autor local, Roberto Fontanarrosa.

 

Aún funciona, hoy como hotel por horas, el que fuera el Madame Safó, el más lujoso prostíbulo de los años 20, que tuvo clientes como Carlos Gardel o el Príncipe Humberto de Saboya. Por la zona encontramos también uno de los nuevos atractivos: Beatles Memo, el primer pub temático del Cono Sur dedicado a Los Beatles, con una envidiable colección de objetos del cuarteto inglés.

Cuando Fito dirigió el filme ¿De quién es el portaligas? (2007), la Rosario de los 80 fue protagonista. No se privó de mostrar el soberbio Palacio Fuentes y algún bar de billares, de los que hay escondidos por ahí. Y si andamos de copas: músicos y amigos de Fito suelen concurrir a El Diablito, un bar de tragos con mucha mística que supo ser una licenciosa whiskería.

 

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Inmenso Messi

“Mi infancia fue espectacular en Rosario. Todavía tengo ahí a mis grandes amigos pese a que me vine de chiquito. Es mi lugar, amo ese lugar, amo volver a Rosario”, dijo Lionel Messi con los ojos brillantes. Y no miente, si no vean su último botín de fútbol, el Mirosar10 desarrollado por Adidas, una pieza de alta tecnología que remite a la ciudad y cuenta los inicios de la leyenda: la plantilla izquierda tiene un plano de la zona sur en donde está indicada su casa y la canchita “del batallón 121”, donde jugaba a la pelota con sus amigos. Allí se erigirá el Museo del Fútbol, impulsado por el mismo Lionel Messi, hijo predilecto de la ciudad. Él y el “Che” Guevara son los dos rosarinos más mencionados del mundo.

Para respirar su aire y conocer su entorno hay que sentarse en una mesa de la pizzería Santa María, según todos, la pizza más rica de la ciudad; y si es amante de la arquitectura, el Centro Municipal del Distrito Sur, obra del portugués Alvaro Siza, es un imperdible.

 

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Lionel Messi, hijo predilecto de la ciudad, es uno de los máximos referentes para los chicos de Rosario.

 

Avenida Pellegrini, en el límite sur del casco céntrico, es la calle de las heladerías; aquí decimos que son los mejores helados del país y también el lugar donde se debe probar el famoso “Carlito”, un sándwich de jamón, queso y ketchup convertido en referente
gastronómico local inexcusable. Desde esta amplia avenida llegamos al Parque Independencia, donde está el estadio del Club Newell’s Old Boys. Allí Messi jugó en las inferiores hasta los 11 años, mismo club por donde pasó Diego Maradona en 1993.

El otro gran club de la ciudad es Rosario Central. Con Newell’s disputan el “clásico” más antiguo del país, una rivalidad con más de 100 años de enfrentamientos. El estadio de Rosario Central se encuentra en el norte de la ciudad, casi a orillas del río Paraná. Y algo que no dijimos antes: dos simpatizantes célebres de este club son Fito Páez y Darío Grandinetti.

Por si le sirve, se dice que en Rosario están las mujeres más bellas de Argentina. Dijo Roberto Fontanarrosa, el más famoso escritor local: “Usted no puede darse vuelta a mirar a una señora en la peatonal Córdoba, porque se pierde. Se pierde la que viene de frente”. in

 

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