Toronto vs. Toronto

Bajo el lente de un local, el este y oeste de Toronto son verdaderos antagonistas que no tienen nada en común. Pero su única diferencia es la posición en el mapa. Aquí, un recorrido por las dos caras más interesantes de la ciudad más grande de Canadá.

Texto: MARTÍN ECHENIQUE @martinechenique   fotos: JAIME HOGGE @jaimehogge
       

 

 

Primera noche y Toronto no tiene pudor en advertir sobre su obsesivo fetiche geográfico: la mayoría de sus calles termina en una W para west (oeste) o en E para east (este) con el afán de señalar, compulsivamente, a qué bando de la ciudad pertenecen en una suerte de bipolaridad repetitiva, rara y algo curiosa. Llego hasta la calle Queen St. W donde tomo el tranvía rumbo al oeste hacia The Beaver, bar recomendado por blogueros locales como un imperdible del lado occidental de la ciudad. Me siento en la barra y pido una cerveza artesanal al azar. Mis vecinos son Noah y Maxime, dos veinteañeros de franela y barbas largas que no tardan en lanzar un amistoso hello ante mi notoria condición de viajero solitario. Ya en confianza, estiro el mapa de la ciudad sobre la barra y les cuento que estoy en Toronto para intentar derribar el mito separatista de sus puntos cardinales, ese que dice que el oeste y el este no se mezclan. Y, claro, me miran como bicho raro. Noah cuenta que la última vez que estuvo en el este fue hace siete años mientras viajaba a Montreal, mientras Maxime revela que nunca ha puesto un pie en ese lugar. Confieso: si bien Toronto no es un Berlín en plena guerra fría, las W, las E, la geografía y el muro imaginario son una identidad que, inevitablemente, no se puede negar.

 

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Leslieville es el barrio emergente en el este de Toronto.

 

El otro oeste: Dundas West & Junction

Sigo la recomendación de los hipsters del bar y comienzo la travesía por el oeste: Dundas West y Junction son las nuevas víctimas de una desatada, pero paulatina gentrificación que trajo galerías independientes, tiendas y bares de moda a barrios que hasta hace dos años pasaban desapercibidos para los torontonianos. Un buen punto de partida es la esquina de las calles Ossington con Dundas St. W, donde restaurantes y tabernas estallan a eso de las seis de la tarde mientras sus comensales empinan copas de vino y jarras de cerveza en un pit stop camino a casa. Aquí, Bellwoods Brewery es un acierto: su acotada pero potente carta incluye 40 tipos de cervezas caseras, cuyas etiquetas son ilustradas por dos diseñadores del barrio mientras cuelgan como pósteres a lo largo de toda la barra. Para el hambre, unas bruschettas de cabra, miel y nduja –una especie de embutido italiano picante, delicioso– y una copa fría de Paper Tiger #4, cepa cervecera que, por 7.50 dólares canadienses, obliga a levantar la copa por la creciente escena de microcervecerías en Toronto. Si pasa por Bellwoods antes del severo invierno canadiense, aproveche su refrescante patio.

 

  • Bellwoods Brewery

 

Digo adiós al paraíso cervecero y continúo por la calle Dundas St W, que se muestra original y suburbana gracias a lugares como The Communist’s Daughter, un acogedor y pequeñísimo bar de música en vivo que brilla por su ausencia en las guías oficiales de la ciudad. Otros esenciales son las tabernas de música latina como Lula Lounge, los infinitos restaurantes y pastelerías de comida portuguesa y las (encantadoras) librerías, como Monkey’s Paw, donde no se encuentran ediciones de Comer, rezar, amar o de 50 Sombras de Grey. Esta librería es una oda a todo lo excéntrico anterior a 1980 con un énfasis en lo visual y estético. La escena artística también está mirando más hacia al oeste. El Museum of Contemporary Canadian Art (MOCCA) cerró sus puertas en junio para mudarse a Junction, barrio que colinda al oeste de Dundas y donde espera abrir en el invierno de 2016-2017. Así, galerías de arte han comenzado a ocupar espacios en calles como Saint Helens Ave, donde las típicas casas de porches grandes y antejardines conviven con antiguas bodegas industriales, las que hoy se han transformado en importantes galerías dentro del circuito artístico de Toronto.

 

  • Bonjour Brioche, en Leslieville. // Daniel Faria, one of the curators of St. Helens Ave.

 

El nuevo Este: Leslieville & Broadview

Las E de las calles toman protagonismo conforme avanzo hacia el oriente por Queen St. E. Aquí me reúno con Dana, una chica de 27 años residente de Leslieville que conocí la noche anterior en Zipperz, un bar cerca del centro en el barrio de Church & Wellesley. Ella tampoco ha cruzado la “frontera” hacia el oeste en dos años. Mientras caminamos, Dana cuenta que hace tres años los territorios del este eran básicamente casas cuyo arriendo era mucho menor que el resto de Toronto; que en solo habían diners de paso, industrias y tiendas de ropa sencilla; y que, por tanto, ganó una reputación de barrio marginado en comparación al ya ascendente oeste de la ciudad. Pero hoy, tanto Leslieville como Broadview viven –al igual que Dundas y Junction– una gentrificación a paso lento. Aquí todavía se respira un evidente aire suburbano al caminar por sus calles de veredas angostas, sin tráfico, donde los thrift shops (tiendas de productos de segunda mano) abundan y no existen Starbucks.

 

  • The Rooster Coffeehouse,

 

No obstante, la cultura del café en este lado de Toronto es fuerte y The Rooster Coffeehouse es un reflejo de ello. Antes de pasar por el centro de Leslieville, me dirijo al Riverdale East Park donde esta encantadora cafetería –inaugurada hace solo cinco años– ofrece panorámicas increíbles del skyline junto a pastelería horneada por un vecino del barrio y uno de los mejores cafés de la ciudad. A lo largo de Queen St. E, Leslieville exhibe su colección de bares, tiendas de ropa vintage, barberías y restaurantes. Un clásico es Lady Marmalade y Bonjour Brioche, ambos favoritos para disfrutar uno de los deportes predilectos de Toronto: el brunch. Tomo el tranvía de regreso al hotel en el centro, a ese territorio neutral de una ciudad supuestamente “dividida”, pero que tras caminarla exhibe su verdad: tanto el este como el oeste están cambiando sus caras para transformarse en barrios creativos y extravagantes. Ambos polos, geográficamente opuestos, se atraen. Lo dice la física, no yo. Solo es cosa de esperar a que se encuentren. in

 

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