Un salud por Bogotá

Fuimos junto a uno de los mejores bartenders del país cafetero en busca de la nueva escena que prende las noches de la capital colombiana. Cuatro premiadas barras, beats electrónicos, mucha ginebra, tequila y ron en una travesía de ocho horas para descubrir esa Bogotá que despierta cuando se pone el sol.

Texto: Martín Echenique @martinechenique    fotos: Victoria Holguín @victoriaholguin
Agradecimientos a Juan Valderrama   www.cuartodeonza.com
       

Victoria Holguin Fotografia

 

Los bogotanos deberían sentirse afortunados. Muy afortunados. Primero, no sufren los estragos de estaciones esquizofrénicas como el resto de los mortales. Segundo, gozan de una temperatura promedio de 19ºC todo el año; y tercero, sus noches de 13 horas son un verdadero patio de juegos para quienes cuyo deporte predilecto es hacer un salud por, prácticamente, lo que sea.

Bajo estas ineludibles condiciones, nos embarcamos en una misión para encontrar los mejores y más nuevos bares de una capital que concentra casi 11 mil en toda su área metropolitana. Así que para descubrirlos nos confiamos a la sabiduría de Juan Valderrama, bartender colombiano de 24 años, ganador del World Class 2012 de Diageo con solo 21 –una especie de premio Óscar de la coctelería– y confeso fanático del Negroni y los Bloody Mary. Probamos la carta de cuatro premiadas barras recomendadas por él en una sola noche, una tras otra, sin olvidar (ni emborracharse) en el intento.

Deli, ¿no?

 

Victoria Holguin Fotografia

Chelsea: barra de altura

Un neón sugerente y magenta con las palabras “High Expectations” (“Altas expectativas”, en español) da la bienvenida –en un intento de promesa implícita– a todo quien se atreva a subir a la que es hoy una de las azoteas más onderas de la capital colombiana: Chelsea.

En el piso 11 del hotel Bioxury este bar ofrece una panorámica inigualable. Con vistas hacia el sur de la ciudad, su barra está anclada a una azotea que se aprovecha al máximo a eso de las 5 y media de la tarde, justo cuando se pone el sol sobre el skyline de Bogotá. La carta de once cócteles se especializa en un trago que se convirtió en tendencia desde 2011: la ginebra (o simplemente gin). Aquí, los tea tonics –ginebra y agua tónica infusionadas con tés orgánicos– son, por lejos, los preferidos. No se vaya sin probar el más popular y también favorito de Valderrama, que lleva el nombre del bar, Chelsea: ginebra Tanqueray Ten, té verde de fresas y agua tónica Fever-tree, todo ello ahumado con canela en un copón bastante generoso. “Chelsea es como estar en el departamento de un amigo millonario que vive en Nueva York”, dice Valderrama, tea tonic en mano, cigarrillo en la otra.

Se nos acaba la copa, bajamos y comenzamos a caminar hasta la siguiente parada: Mai-Tai. La noche, señores, sigue joven.

 

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Mai-Tai: premiada fusión

Mientras atravesamos la famosa Zona Rosa hacia el oeste, Juan cuenta que Mai-Tai se ha transformado en una especie de ritual, en algo así como el nuevo lugar favorito de los bartenders locales cada lunes o miércoles a la hora de almuerzo: “Nos juntamos allá, hablamos de la actualidad de la coctelería, un par de tragos y de regreso a trabajar”. Y si este lugar es el favorito de la crema y nata de la mixología colombiana, pues, quién soy yo para decir que no. Imposible.

Tras esta introducción, agrega que Mai-Tai –inaugurado hace solo 11 meses– es el primer restaurante de Bogotá cuyo dueño es un bartender cien por ciento profesional. Y ojo, que no es cualquier bartender: César Acero, 31 años, bogotano, acaba de unirse al olimpo de los mixólogos colombianos tras ganar el último World Class de Diageo en 2015. Hoy, este lugar es una apuesta íntima de comida japonesa fusión y cócteles capaz de teletransportar a cualquiera a las cálidas tierras de la Polinesia.

Tras los tea tonics de Chelsea, el apetito se hace presente y nos recomiendan probar el trago y sushi de la casa, los que también llevan el mismo nombre que el restaurante. El mai-tai de César mezcla jugo natural de piña y limón, especias, horchata, licor de naranja y un mix de rones oscuros añejados; mientras que el roll viene acompañado de apanado de anguila y kani, queso crema y un topping de aguacate con naranja o mandarina.

En una sola palabra: delicioso.

 

Queen Victoria: la reina

Tercera parada y Bogotá recién calienta motores. Son casi las once de la noche y Queen Victoria, bar ubicado en la terraza del sexto piso del hotel GHL 93 y del cual Juan creó todos los cócteles de su carta, nos recibe con una terraza al aire libre repleta de veinte y treintañeros mientras el DJ, frente a la barra, pincha beats electrónicos y música house en lo que podría ser perfectamente una escena sacada del SoHo londinense.

De estética británica inspirada en la época victoriana y con vistas privilegiadas al norte de la ciudad, Queen Victoria ya es toda una institución en la nueva movida nocturna bogotana. “No había nada parecido. Había que salir de los esquemas”, dice Valderrama tras pedir un Kent Duke, cóctel creado por él que lleva ginebra, angostura, orange bitters, Martini blanco y aceites de naranja en un copón gigante de 450 ml digno de duques (y valientes).

La barra, única en toda Colombia, es perfectamente circular y la atrevida carta de cócteles de autor incluye tragos con tequila, whisky y vodka que llevan sales ahumadas con café, miel de limonaria o crema de casis, entre otros. Llegue temprano, pues a medianoche el lugar ya revienta.

 

Floyd: la nueva apuesta

Tras el maratón de tea tonics, mai-tais y copones victorianos, terminamos la cruzada nocturna en un lugar que nada tiene que envidiarle a los clubs californianos en cuya entrada hay alfombras rojas, guardias de película, o donde Paris Hilton y Lindsay Lohan podrían estar bailando electrónica sobre las mesas y tomando shots de tequila como si se fuera a acabar el mundo.

Con una barra de casi 12 metros y diez estantes que rebosan botellas de ginebra, vodka y ron, Floyd es el más nuevo del grupo. Fue inaugurado hace solo cuatro meses y su carta creada por Andrés Garzón, también ganador del World Class en 2011, trae cócteles “sencillos pero de gran sabor”, dice Valderrama. ¿Los favoritos? Bubbly Gin –ginebra Tanqueray, almíbar de fresas, champán y soda– y el Gin Morrison, que lleva más ginebra, cordial de durazno, almíbar de té sencha y gotas amargas. Nos tentamos, probamos uno de cada uno y Floyd comienza a llenarse ya pasada la medianoche, mientras el DJ pincha precisos beats duros de música house y la gente se mimetiza entre las plantas de atmósfera selvática. Todo en una decoración que roza lo kitsch y juega con lo visual.

Avanza la noche y me entra el miedo de no poder recordar nada al día siguiente tras dármelas de catador de cócteles por casi ocho horas. Sin embargo, y para mi suerte, de pronto Juan se entusiasma con una botella de Gordon’s. En una osadía sin pretensiones, de esas inesperadas, uno de los mejores bartenders de Colombia prepara cuatro gin tonics en menos de un minuto como si estuviera en el living de su casa. Lo que pasa después, eso sí, queda fuera de los alcances de este reportaje. Pero la invitación queda más que extendida: ahora es su turno para descubrir esa Bogotá que se renueva con cada brindis, con cada cóctel, a su salud.

Qué la disfrute. in

 

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Carnaval de Barranquilla

Tierra de Fiesta

“Quien lo vive, es quien lo goza” es el lema tras esta fiesta a celebrarse entre el 6 y el 9 de febrero. Más de un millón de personas participan año a año en lo que es conocido como el carnaval cultural y folclórico más importante de Colombia y de la cultura caribeña del país. De hecho, es el segundo más grande del mundo después del de Río de Janeiro, donde se mezclan ritmos como la cumbia y el mapalé, y la ciudad entera se transforma en un patio de juegos 24/7.
Barranquilla albergará más de 23 grandes eventos, 100 celebraciones menores y a 500 agrupaciones folclóricas en torno a una tradición que se remonta al siglo XIX y que es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco desde 2003. Cuatro días de fiesta donde los bailes típicos, batucadas callejeras, carros alegóricos y una gastronomía que mezcla influencias europeas, africanas e indígenas hacen de esta celebración un viaje único por el corazón multicultural de Colombia.

 

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